Así como el presidente Javier Milei ha vaticinado la extinción del Estado tal como se lo ha conocido hasta su llegada al poder y como mínimo mientras gobierne, cuando dijo que quedará reducido a la mínima expresión porque durante varias décadas fue convertido en una guardería que dejó la mitad del país por debajo de los niveles de la pobreza, permitió la proliferación del analfabetismo, la inseguridad y una justicia por sobre todas las cosas lenta; así como ha prometido terminar con todo eso, también hay que señalar llamativas inconsistencias con tal objetivo que han saltado a la luz con el proyecto de presupuesto para el año que viene.
El presupuesto de Milei para el 2025, su plan de gobierno puro y ciento por ciento liberal y libertario, aumenta la presión impositiva del 22,37 por ciento actual al 22,92 por ciento. Con lo que, admitido y reconocido por la misma administración, los impuestos no bajarán el año próximo y aquellos que lo hagan, como Bienes Personales, por caso, han sido vistos como señales y gestos a los sectores más acomodados de la sociedad argentina en la esperanza de que se decidan de una buena vez a invertir sus dineros y bienes no registrados en fines más productivos aportando al desarrollo económico general.
Milei ha ratificado su postura inquebrantable de alcanzar la meta del déficit cero y el equilibrio fiscal. Por eso ha reiterado, como se ve en su proyecto de presupuesto, que los jubilados y pensionados seguirán percibiendo sus haberes bajo lo fórmula que él ideó en marzo y que está vigente por decreto. Es aquella que dejó afuera del cálculo el 8,5 por ciento de enero. En la misma línea se mueve respecto del gasto en el sistema educativo universitario con su intención de vetar la ley de financiamiento que viene de sancionar el Congreso. Al lograr el bloqueo de la movilidad jubilatoria opositora vía la ratificación del veto, Milei se negó a un impacto del 0,43 por ciento del PBI y para el caso del financiamiento universitario se niega a aceptar el costo del 0,16 por ciento del PBI. Todo detrás del déficit cero y del equilibrio fiscal. No se gasta más de lo ingresa.
El Estado se va extinguiendo, o dicho de otra manera, transformándose en una herramienta útil según el gobierno que tendrá que garantizar la estabilidad económica de la macro economía; ocuparse de las relaciones internacionales y de asegurar el imperio de la ley. Las reformas estructurales serán tan importantes, reitera Milei, que alcanzaremos los máximos niveles de libertad del planeta, comparados con Alemania, por ejemplo. Para conseguir esa meta, hay que bajar el gasto al 25 por ciento del PBI.
Pero hay poco de los sueños en el presupuesto 2025; ese momento bisagra del que habla el presidente, en el que ha llegado para despertar a los leones, más que a criar corderos, luce difuso en su plan de gobierno para el año que viene.
La presión impositiva subirá. Dice el gobierno que eso responde a varias razones, como las “motivaciones en el contexto macro económico y de las medidas de política y administración tributaria” de este 2024 todavía vigente.
Esas motivaciones se ven, por caso en la recaudación prevista de los impuestos para el año que viene, algunas por mayor actividad y todas por la combinación de aumento de actividad y de alícuotas. Por IVA, ha calculado el gobierno, recaudará un 28,6 por ciento más que este 2024. El impuesto significa 0,31 puntos del PBI y el 30,6 por ciento del total de la recaudación. Tendrá más recursos por la vía de este gravamen porque, se afirma, aumentará el consumo y habrá más bancarizados.
Por Ganancias el incremento será del 53,3 por ciento. Su participación en el PBI es del 0,63 por ciento del PBI. La restitución del impuesto explica su aumento respecto del 2024.
Bienes Personales, un impuesto a las grandes fortunas, se modifica en favor del grupo de estos contribuyentes específicos, liberando un mensaje a contramano para muchos. La recaudación de este impuesto caerá un 22,7 por ciento porque, entre otras razones, se aumentó el mínimo imponible y el de la vivienda (casa habitación) y se redujeron las alícuotas de los bienes en el exterior al mismo nivel que dentro del país y se dispuso un trato diferencial para los cumplidores.
El impuesto a los combustibles y dióxido de carbono crecerá un 155,2 por ciento porque se lo ha venido sistemáticamente actualizando. Con ese impuesto se financiaba la infraestructura vial y el subsidio al transporte. El pasado en el verbo no es casual. El gobierno ha eliminado la obra pública y también el subsidio.
También se incrementarán en el 2025 los ingresos por derechos de exportación (100,4 por ciento) y los aportes y contribuciones a la seguridad social (47,5 por ciento), éste último según el gobierno por los aumentos de salarios y la recuperación de los puestos de trabajo.
Ahora bien, como se ha dicho, Milei ha decidido fijar las prioridades a la hora de definir los gastos, como lo hacen todos los gobiernos. Los famosos gastos tributarios, los que en su conjunto tienen un impacto del 3,54 por ciento del PBI, continuarán vigentes sin modificaciones. Los gastos tributarios son transferencias de recursos públicos a determinados sectores que se ven favorecidos a cambio de generar trabajo y aportar al desarrollo. Son promociones económicas y tributarias. Son sectores, grupos, corporaciones, personas, que no pagan IVA y/o ganancias. Se busca con estos beneficios, favorecer el desarrollo de zonas, actividades, contribuyentes y consumos.
El gobierno de Milei, como tampoco lo hiciera el de Alberto Fernández en asocio con Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa, ni el de Mauricio Macri ni mucho menos el kirchnerismo en aquellos doce años en el poder, han tocado estos gastos tributarios. Con lo que continúan los beneficios para las empresas promocionadas en Tierra del Fuego (ensambladoras de celulares y electrodomésticos) con un impacto del 0,18 por ciento del PBI; el beneficio a jueces, magistrados y funcionarios del Poder Judicial por el no pago de ganancias, con un impacto del 0,10 por ciento del PBI o las exenciones a la venta de libros, diarios y revistas y otras tantas más. Una demostración más de que en la noche, todos los gatos son pardos.
