Aunque suene y sea contrafáctico, si Daniel Orozco no se hubiese ido de Cambia Mendoza para abrazar a La Unión Mendocina de Omar de Marchi, nada de todo ese magma de irregularidades, desmanejos y tremenda turbidez con el que se han administrado los recursos públicos de Las Heras, y que está expulsando a la atmósfera ese volcán en erupción en que se ha transformado el municipio, se hubiese conocido. Estaban allí, ocultas o casi, y existe hoy una gran oportunidad para que quien gobierna y quien no, si tienen voluntad, ofrezcan una explicación clara y convincente, por la gente a la que dicen representar, no por otra cosa, claro.
Resulta obvio y hasta de Perogrullo afirmarlo, pero es así. La Justicia investiga desde el viernes pasado la posible existencia de un sistema perverso que tomaba recursos de los vecinos de un departamento con extensos bolsones de pobreza –siempre hay que tener en cuenta eso y no dejarlo nunca de lado–, para: o bien usarlos en beneficio propio, en el de un reducido grupo de funcionarios que exprimieron el jugo a la proliferación de cooperativas financiadas con recursos del Estado; o bien para alimentar un clásico circulo vicioso de clientelismo, propio de modos feudales, mesiánicos, prepotentes y extorsivos. O las dos cosas juntas a la vez. Nada nuevo sobre ciertos comportamientos en el manejo de la cosa pública en extendidos estamentos del Estado cuando los controles no existen, son laxos y cuando la impunidad, y esa sensación de poder omnímodo, absoluto, se apodera de las personas, muchas, cuando se encuentran en lo que consideran una cumbre inexpugnable. La Justicia tiene, y vamos si es así, un enorme desafío por delante para esclarecer todo lo que ha denunciado como irregular.
Este diario, desde el minuto uno en que comenzaron a trascender las denuncias, vía cámaras ocultas, grabaciones obtenidas vía engaños, trampas, y campañas sucias, de un lado y de otro, no dudó en calificar vía su dirección editorial como una confrontación entre conocidos todo lo que estaba sucediendo. Buena parte de lo que envuelve a la administración lasherina parece estar imbuido de una profunda opacidad. Lo curioso es que los denunciantes del Ejecutivo, controlado por un oficialismo escindido del provincial, y de algunos de sus principales espadas hayan decidido avanzar para tirarse una buena camionada de brea sobre sus propias cabezas a la vez. Ha sido tan profundo el despecho por el quiebre y la división política, que en medio del resentimiento, no hayan reparado en que las esquirlas de las bombas y granadas que lanzarían, también podrían llegar a lastimarlos y afectarlos.
La convulsión en el departamento proviene desde varios meses atrás, quizás desde la época en la que comenzaron los primeros movimientos y posicionamientos para definir la sucesión de un intendente que ya había agotado su posibilidad de reelección. El que no se le haya aceptado a Orozco, por parte del oficialismo partidario, la imposición de su pareja, Janina Ortiz, como la aspirante a sucederlo en el máximo cargo, encendió una mecha larga que con el paso del tiempo nunca se apagó, por el contrario, se avivó y alimentó hasta que terminó en la hecatombe política que hoy envuelve a la comuna.
La decisión de Orozco de romper y sumarse a las filas de De Marchi, dividió las aguas y desató la furia loca, irracional, sin que se midieran las consecuencias. Por suerte en alguna medida: porque hoy se sabe –en particular los vecinos que no han vivido del Estado municipal y que por el contrario lo financian con el pago de las tasas municipales–, que ha existido algo más que raro en el manejo de los recursos. Cuestiones que hoy la Justicia está obligada a investigar a fondo y esclarecer con independencia y garantías de imparcialidad.
Una de las primeras supuestas acciones irregulares aparecieron mediáticamente casi al mes de conocida la partida de Orozco y el anuncio de que se convertiría en el compañero de fórmula de De Marchi cuando quien fuera uno de sus funcionarios dilectos, Francisco Lo Presti, y ya sin su cargo en la intendencia y alejado de Orozco, denunciara que el Ejecutivo comunal había comenzado a multiplicar los cargos políticos de manera exponencial.
Entre otros detalles atractivos, el hoy candidato a intendente con el objetivo de desbancar a la gente de Orozco, ex compañeros con los que compartió un proyecto, supuestos ideales y medidas a favor del pueblo lasherino, revelaría que la multiplicación sin control del gasto público para financiar la política y otros aparentes y de naturaleza espuria había comenzado a evidenciarse desde el 2019 en adelante y mucho más acentuado entre el 2022 y lo que se lleva avanzado del 2023, especialmente cuando Orozco se propuso cerrar la paritaria municipal de un modo dispendioso e irresponsable, según sus críticos. Lo Presti, como otros tantos en su lugar, nunca pudieron explicar de manera convincente por qué ahora esa práctica se había convertido en condenable e irregular y no durante los tiempos en los que él compartía funciones con Orozco.
La explosión pública de un comportamiento en apariencia corrupto en Las Heras se da en medio la situación de crisis extrema que domina y no le da respiro a la sociedad. También en un proceso electoral que puede hacer variar, con lo que resulte al final allá por setiembre, el rumbo de lo que viene instituido. Es una posibilidad que no debiese descartarse, con un mandato ciudadano para terminar con las practicas viciosas. El punto es que las alternativas, para ello, se dan en una paleta que ha puesto a competir a dos facciones de lo que hasta no hace mucho era un solo y exitoso equipo. El lasherino, está claro que se encuentra en una encrucijada, porque fuera de las dos opciones, o dos caras de una misma moneda, lo que existe parece bastante lastimoso.
El 31 de marzo de 1813, el general Manuel Belgrano –a quien el país lo recuerda en este fin de semana largo por un nuevo aniversario de su muerte–, respondió a la Asamblea del Año XIII, tras haber decidido premiarlo con 40 mil pesos oro por sus victorias en Salta y Tucumán. Esa carta, con el tiempo, se transformó en un documento único e imprescindible si de hablar de patriotismo y honestidad se trata. Así lo recuerda Felipe Piña, en su libro “Manuel Belgrano, el hombre del Bicentenario”, al transcribir parte del texto de esa respuesta y que bien vale recordar en estos tiempos: “Cuando reflexiono que nada hay más despreciable para el hombre de bien, para el verdadero patriota que merece la confianza de sus conciudadanos en el manejo de los negocios públicos, que el dinero o las riquezas; que estas son un escollo de la virtud (…) y que adjudicadas en premio, no solo son capaces de excitar la avaricia de los demás (…) he creído propio de mi honor y de los deseos que me inflaman por la prosperidad de mi Patria, destinar los expresados 40 mil pesos para la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras en que se enseñe a leer y escribir, la aritmética, al doctrina cristiana y los primeros rudimentos de los derechos y obligaciones del hombre en sociedad hacia ésta y el gobierno que la rige, en cuatro ciudades, a saber: Tarija, ésta (Jujuy), Tucumán y Santiago del Estero”.
