Son días complicados para el gobierno de Javier Milei y también para sus socios dialoguistas. Los gobernadores que apoyan el rumbo presionan al presidente para que tome una decisión sobre Manuel Adorni y evitar así inmolarse en una batalla ajena. ¿Por qué nosotros?, se preguntan. En Mendoza también; se sospecha que la Casa Rosada los está empujando para que asuman el rol del despido del funcionario, quedando a la vez del mismo lado de la oposición dura a la que siempre se ha visto como destituyente cada vez que ha tenido su oportunidad. Pero cómo actuar —es el análisis que se realiza alrededor de Alfredo Cornejo— para que ninguna de esas posiciones, llegado el caso, se note demasiado, provoque olas o ponga en riesgo el acuerdo político que podría ordenar el escenario electoral de 2027.
La política siempre tiene preparadas estas paradojas. Adorni atraviesa su peor momento, probablemente el más delicado por errores propios. Pero los gobernadores, alrededor de los problemas del jefe de Gabinete, miran sus propias preocupaciones derivadas del escándalo: la estabilidad de los acuerdos políticos que podrían definir el poder dentro de dos años y, antes de eso, las obras en las provincias, las transferencias que la Nación dejó de enviar y hasta sus intereses particulares en torno al proceso electoral, las fechas y la reforma propuesta por el propio Milei.
Mientras la presión crece, los cuestionamientos opositores ya no se limitan a las críticas habituales de la puja política, sino que instalan una pregunta más polémica para la Casa Rosada: hasta cuándo su permanencia en el Gobierno deja de ser una defensa de principios para convertirse en un costo para la credibilidad de la gestión. Y, en todo caso, por qué ellos, los gobernadores, deberían tomar una decisión que le corresponde al presidente.
El ministro del Interior, Diego Santilli, multiplicó los contactos con gobernadores y legisladores considerados dialoguistas. Lo que ha trascendido es que el objetivo inmediato sería reunir apoyos suficientes para desactivar cualquier intento de interpelación o remoción del jefe de Gabinete. Pero la negociación es bastante más amplia. También aparecen sobre la mesa los votos necesarios para avanzar con la reforma electoral impulsada por el oficialismo, particularmente la eliminación de las PASO y modificaciones en el financiamiento de los partidos políticos.
Como suele ocurrir, los gobernadores llegan a esas conversaciones con prioridades propias. La mayoría reclama obras, recursos o soluciones específicas para sus provincias. Mendoza, sin embargo, parece haber elegido un camino diferente.
La administración de Cornejo comparte, en líneas generales, la necesidad de una reforma electoral. Aunque en la provincia nadie imagina por ahora la eliminación de las PASO locales, existe predisposición para discutir cambios en el financiamiento de los partidos y en que sean los propios partidos quienes se hagan cargo del costo de la Boleta Única Papel. También existe coincidencia con el rumbo económico nacional y con la necesidad de preservar la estabilidad alcanzada después de años de desorden macroeconómico. Pero no hay clima para asumir costos políticos innecesarios.
La estrategia mendocina parece ser otra. Ni encabezar una ofensiva contra Adorni ni transformarse en su escudo protector. Los legisladores radicales vinculados a Cornejo han optado por una prudencia calculada y, si fuera posible, por pasar desapercibidos: no promover una interpelación, pero tampoco exponerse en una defensa cerrada. En otras palabras, acompañar la evolución de los acontecimientos sin convertirse en protagonistas de una disputa que consideran ajena.
Detrás de esa prudencia hay una explicación política más o menos extendida. A medida que avanzan los meses, Cornejo concentra buena parte de su energía en consolidar un entendimiento de largo plazo con La Libertad Avanza. El objetivo es llegar a 2027 con reglas claras y garantías mutuas. La aspiración del gobernador es conocida: preservar el liderazgo provincial de Cambia Mendoza y evitar interferencias libertarias en la disputa por la sucesión local, a cambio de facilitar acuerdos en el plano nacional y en la integración de las listas legislativas.
Se trata de un entendimiento que todavía no está escrito en ningún papel y que depende, como ocurre siempre en política, de la fidelidad y seriedad de quienes lo firman. Precisamente por eso nadie quiere agregar ruido innecesario.
La discusión sobre Adorni terminó además mezclándose con otras tensiones legislativas. La sesión prevista para esta semana en el Senado comenzó a mostrar fisuras en proyectos que, en principio, parecían reunir consenso. La ley de inviolabilidad de la propiedad privada abrió interrogantes entre sectores dialoguistas respecto de la adquisición de tierras por empresas con participación estatal extranjera y sobre los mecanismos de control que deberían establecerse. También reaparecieron diferencias vinculadas al manejo del fuego y a las consecuencias jurídicas derivadas de incendios en terrenos que luego terminan incorporándose a desarrollos inmobiliarios, a barrios, countries y emprendimientos similares.
Son discusiones distintas, pero todas confluyen en un mismo clima político: la creciente incomodidad de una oposición dialoguista que empieza a preguntarse hasta dónde debe seguir resolviendo problemas que corresponden exclusivamente al Poder Ejecutivo.
Allí aparece la verdadera cuestión de fondo. Muchos dirigentes cercanos al oficialismo sospechan que Milei intenta trasladarles una decisión que debería tomar él mismo. Como si el Presidente buscara que fueran otros quienes cargaran con el costo político de resolver el caso Adorni. La pregunta que recorre los contertulios y mitines ya no es si el funcionario debe continuar o no en el cargo. La pregunta es por qué la decisión sigue sin tomarse.
Y ese es hoy el principal problema para la Casa Rosada: que el debate ya no gira alrededor de Adorni, sino de Milei. Y que cada día que pasa sin una definición vuelve más difícil sostener la idea de que el Gobierno controla los tiempos de la política en lugar de correr detrás de ellos.
