Con su convulsión interna en aumento, Cambia Mendoza se está enfrentando a dos riesgosos escenarios con perjuicios, algunos inmediatos y otros que podrían llegar con algo retardo: quizás el más relevante de todos sea el del quiebre de la coalición –si se llega a tal extremo– perdiendo la capacidad que ha tenido hasta ahora para contener a distancia y con éxito al populismo. El otro peligro que lo espera es a ese que sí podría dejarle secuelas permanentes, o por buen tiempo, y es que deje de ser la única propuesta organizada que le dio alguna garantía seria a la sociedad de darle un combate serio y frontal a la inflación, a esa epidemia de los bajos salarios que se extiende sobre la provincia, a la inseguridad, a la falta de empleo y atado con todo esto junto, a la propuesta que les hizo a sus seguidores de saber a ciencia cierta qué caminos tomar para aumentar la construcción de viviendas sociales, mejorar la salud integralmente como servicio público y dotarlo de un nivel de calidad más o menos aceptable del que tiene al sistema educativo.
Cambia Mendoza, aún en medio de la crisis política que se ha apoderado de ella, pareciera contar todavía con el crédito suficiente como para permitirse jugar con fuego. En general su mesa de conducción, los radicales en principio con Alfredo Cornejo, Rodolfo Suarez más los intendentes; el mismo Omar de Marchi con la porción del PRO mayoritario que representa y ese movimiento de empresarios que se mantiene dentro de los límites del espacio –pese a que en el 2019, tras competir internamente, le hicieron pagar un derecho de piso excesivamente alto–, coinciden en eso de que mientras el kirchnerismo siga conduciendo los destinos del peronismo la casa se mantiene en orden.
Pero si hay algo que les ha permitido contar con esa visión, la que se extiende por este tiempo, ha sido el enorme valor de la unidad. Pero hoy esa unidad no está sólida y su endeblez es la que pone en riesgo esa capacidad de contención que se le ha reconocido para todo aquello que repele el electorado mendocino y que por tal razón se viene imponiendo en un proceso de elecciones consecutivas que se ha extendido a lo largo de toda una década.
El segundo peligro es que pierda la credibilidad con la que cuenta para hacerle frente a los problemas estructurales. Tres encuestas departamentales del último tiempo, una en Guaymallén, otra en Las Heras y otra en Luján de Cuyo, le están advirtiendo a la alianza gobernante, con las demandas sociales, las expectativas y la situación económica que han reflejado como resultado, de todo lo que pudo haberse desviado del objetivo principal por el que prometió trabajar cuando alcanzó la conducción provincial en el 2015. Está claro que la discusión interna que ha destapado De Marchi por el poder y la resistencia a perder esos espacios de poder por parte de Cornejo, Suarez y compañía se basa en la expectativa altísima que todavía mantiene la alianza para volver a ganar. Pero ¿está en condiciones, hoy, a ocho años de su nacimiento, de responder con solvencia las demandas de los mendocinos? ¿Sabe cómo hacerlo? ¿mantiene el timing, y conoce los escondrijos que guarda ese fuerte vínculo que tejió con sus votantes?
Tanto los trabajos de opinión de Guaymallén como de Las Heras fueron realizados por la misma empresa. Se trata del grupo Proyección Consultores el que detectó demandas similares en ambos departamentos. Están encabezadas por el empleo, la seguridad, la vivienda, las obras públicas, la producción y la industria y la educación en Las Heras, mientras que para Guaymallén ha relevado que las urgencias más prioritarias están pasando por el empleo, la seguridad, la vivienda, la salud, la educación y la obra pública. Y en Luján, el trabajo de Reyes Filadoro sobre 600 consultas, ha arrojado que, en cuanto a la situación económica y las posibilidades de ahorro, que el 70 por ciento de los vecinos confiesa no llegar a fin de mes, aunque se las arregla, más otra porción dentro de ese mismo grupo que dice tener “necesidades urgentes” sin poder satisfacerlas. Y en cuanto a las expectativas sobre el año que recién ha comenzado, la visión es que para el 74 por ciento se mantendrá igual de mal o peor, mientras que sólo para un 18 por ciento se comportará mejor.
El riesgo al que se expone el oficialismo, en síntesis, es que ese excesivo internismo y la continuidad de la novela –al decir del propio gobernador Suarez–, no sólo dé a entender que existe indiferencia por los problemas, los que se mantienen igual de graves desde el momento en que fue elegido como opción, sino algo peor: que con el paso del tiempo ya no sea fiable y que la ciudadanía perciba que este grupo de dirigentes preclaros e idóneos, ya no tiene la menor idea de cómo mejorar lo que está mal.
La famosa novela interna plagada de conflictos entre los radicales de Cornejo y Suarez con el PRO de De Marchi, de igual modo tiene un plazo de cierre y fin. Está previsto para el 15 de febrero con una prórroga para el 22 de febrero como máximo. Entre esas fechas, tanto Cornejo como De Marchi decidirán qué caminos seguir. Con lo que a ambos le quedan estos quince días o un poco más para definir uno, Cornejo, si vuelve por la gobernación y otro, De Marchi, si finalmente arma su propia oferta dentro de los límites de la coalición o bien por afuera.
Como en la semana que se inicia Suarez firmará el decreto llamando a elecciones en la provincia, inmediatamente activará los plazos para la conformación de los frentes y las candidaturas. Cornejo y Suarez apuran a De Marchi a una definición con la excusa de que el frente tiene que estar conformado con claridad para presentarse a las elecciones desdobladas en los seis departamentos que gobierna el peronismo y San Carlos, en manos de esa alianza que le han dado vida massistas y radicales.
Mientras, los empresarios de Más República, en los que militan Rodolfo Vargas Arizu y Mauricio Badaloni, han renovado, aún en medio del caos de la coalición, su pertenencia a ese ámbito, aunque con “independencia y autonomía”, están aclarando. Se han abrazado a un decálogo de condiciones y objetivos que deberían formar parte del próximo gobierno. “No importa si lo conduce Cornejo, De Marchi o cualquier otro”, agregan. “Pero si lo aceptan, pretendemos ser los custodios de esas medidas macro que tienen que ver con rebajas impositivas, incentivos a la producción y el emprendedurismo y al desarrollo”, sostienen. Le apuntan al sector turísticos, el mismo que quisieron controlar cuando se sumaron al gobierno incipiente de Suarez y no fueron escuchados y al ámbito minero. La aspiración es que la política tradicional les permita conducir los dos ámbitos, para lo que ofrecen capacidad de administración y conocimiento en ambos rubros. Lo ocurrido en turismo en la temporada con esa caída del 36 por ciento y la inacción histórica del área minera, parecen darles la razón.
