“Todos hablan de (Javier) Milei, está produciendo conversación mediática y espectáculo”, opinó el consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba cuando le consultaron sobre el fenómeno que se ha generado alrededor del diputado nacional libertario de cara a las elecciones del 2023. El político y economista, que desde que asumió su banca en la Cámara Baja rifa mensualmente su dieta entre cientos de miles de seguidores de todo el país en subastas que se transmiten online vía YouTube, ha llamado, incluso, la atención del influyente Washington Post. El diario norteamericano el lunes le dedicó un artículo con un encabezado que señala que “podría ser el próximo presidente de los argentinos”, junto a la visión de consultores, como Lucas Romero, quien sostiene que una de las virtudes de la nueva estrella de la política nacional es haber articulado la ira de los argentinos “mejor que nadie”.
Milei llega el viernes a Mendoza y el sábado tiene previsto replicar la ya famosa clase pública de economía con la que recorre el país. Bajo el título Dolarización, la cita a la que se invita será en el Parque O’Higgins a las 19. Su llegada a Mendoza, desde que fue anunciada varias semanas atrás, ha movilizado la estructura y vida política de la provincia dominada por los radicales con sus socios de Cambia Mendoza y los perokirchneristas del Frente de Todos. El viejo Partido Demócrata que se escindió del oficialismo y los libertarios serán el soporte de un Milei que ha logrado meterse como una cuña firme, sólida y, sobre todo, seria, entre los dos frentes que monopolizan la actualidad política nacional desde siempre.
Milei está consiguiendo encantar y generar esperanza en una buena parte de la ciudadanía que, evidentemente, ha probado todas las recetas que la política tradicional le ha venido ofreciendo como posible solución a los males que se padecen. Es esa parte de la ciudadanía, repartida entre sectores medios y sorprendentemente bajos también –de acuerdo con lo que describen los trabajos de consulto- ría– que han ido y venido, es la que no se dejó nunca convencer con dogmas ni con sermones ideológicos que lograron fana tizar a otra buena porción de la sociedad. De un lado y de otro, hay que decirlo.
Luego de cada entrevista que Milei ofrece en los medios convencionales o en las redes sociales –un territorio que tiene ganado con sus propuestas, ideas y sugerencias políticamente incorrectas–, se produce de inmediato un aluvión de opiniones y visiones a favor y en contra que hacía rato no generaba algún político argentino, con la excepción de Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri. El fenómeno Milei demuestra ansias y necesidad de cambio urgente y definitivo, un giro de 180 grados para ir por otras alternativas inexploradas en Argentina, al menos desde la recuperación de la democracia a esta parte. Lo alientan en su mayoría jóvenes que se enfrentan en las mismas redes –verdaderos foros de discusión apasionada y apasionante– al discurso probado del establishment político.
“Le preguntan a Milei ¿cómo va a hacer para gobernar con todos en contra? Si ya les obligó a modificar sus discursos y cambian sus promesas de campaña para salvar votos: eso es porque el pueblo apoya las ideas y propuestas de Javier. Gobierna para el pueblo”, se lee en uno de los tantos posteos, como reacción a unas entrevistas televisivas que le hicieron a Milei en la semana.
Milei es un producto, claramente, del fracaso de la política tradicional y de los políticos tradicionales. Milei le apunta a esa debilidad del sistema: los llama “la casta vividora y carancha” que ha subsistido a costa del pueblo al que Milei está seduciendo con su discurso.
Ya logró la reacción de Elisa Lilita Carrió, quien en la semana lo denunció como parte de un acuerdo pernicioso, con Cristina Fernández, para llegar juntos al balotaje en el 2023. También se ha cruzado con el economista radical y diputado nacional Martín Tetaz, aunque el legislador ha reconocido que a Milei no hay que subestimarlo. Y, desde ciertos sectores de Juntos por el Cambio, han intentado y, seguramente lo seguirán haciendo, si Milei continúa creciendo, sumarlo a la coalición opositora y alcanzar un acuerdo con él para el caso de que los hoy principales opositores retornen al poder el año próximo. “Hay que ver si llegan”, ha respondido, directo y provocador, ante ese posible escenario.
Quizás, la propuesta más revolucionaria de Milei haya sido aquella que lanzó en la campaña que le permitió alcanzar una banca en Diputados, la de eliminar el Banco Central, cambiar la moneda y liberar todos los resortes de la economía, básicamente. Pero ahora ha sumado la reestructuración o directamente eliminación del Ministerio de Educación de la Nación. Para Milei, ese ministerio, como otras estructuras del Estado nacional, no tienen sentido porque, para el caso de la educación, el servicio se encuentra descentralizado en manos de las provincias.
En medio de tanta desesperanza de los argentinos, la que se viene repitiendo año tras año y gestión tras gestión, Milei ha logrado llamar la atención con su discurso desestructurado, incorrecto, provocador que para algunos, que no son pocos, atenta contra la democracia. Pero, en verdad, lo que ha puesto en jaque el economista, triunfe o no en su aventura y objetivo, es a todo el sistema político argentino y, por sobre todo, a las ideas que les han dado sustento a los gobiernos, tanto de izquierda o de centro izquierda, como se autodenomina el kirchnerismo, con la derecha o centro derecha que representó Macri cuando gobernó. Populismo ver sus antipopulismo. Pero Milei parece meterse por el medio, y en eso radica la sorpresa y su irrupción inesperada poco tiempo atrás para la política tradicional.
Milei llega a una Mendoza que lo empieza a conocer recién. Según la última encuesta de opinión de Martha Reale Dalla Torre, el diputado libertario tiene 24,8% de credibilidad en general, detrás de Rodolfo Suarez (57%); Alfredo Cornejo (56,4%); Rodríguez Larreta (42,6%); Omar De Marchi (38,3%) y Alberto Fernández (25,3%). Pero supera a Anabel Fernández Sagasti, que tiene un nivel de credibilidad de 22,4%; Cristina Fernández de Kirchner (22,3%) y Mauricio Macri, el peor en este ranking mendocino, con 17,7%. La credibilidad de Milei mejora en el segmento de los jóvenes de 18 a 30 años, donde alcanza 28,4% de credibilidad.
