Pocos meses habían transcurridos de la llegada al poder en la provincia del binomio conformado por Alfredo Cornejo y Laura Montero cuando, en marzo del 2016, la flamante administración festejaba un triunfo legislativo: por mayoría y con el acompañamiento del peronismo, el Gobierno lograba la creación del Ente Mendoza Turismo, que se conocería como el Emetur. El nuevo organismo estaba llamado a provocar la definitiva explosión turística de Mendoza y declaraba a la actividad como una industria de interés provincial a la que reconocería como “prioritaria” dentro de las políticas del Estado por su función socioeconómica, estratégica y esencial para el desarrollo provincial.

Por aquel tiempo, Cornejo, quien ahora está por la vuelta, aspirando a alcanzar lo que ningún ex gobernador ha logrado: esto de estar al frente de la Provincia por un segundo período, tenía en claro, de acuerdo con lo que confesaba en algunas reuniones, que para conseguir dar un salto tanto en cantidad como en calidad en el desarrollo económico provincial lo tendría que buscar explotando las bellezas naturales de Mendoza. Siete años atrás, también se hablaba de la modificación de la matriz productiva y, a la minería, quizás, se la veía con un mayor recelo que en la actualidad, porque todavía estaba presente y bien alto en la consideración de los mendocinos aquella movida política del peronismo, en el 2011, cuando triunfó en las elecciones Francisco “Paco” Pérez, para hacer caer la aprobación de la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) del proyecto de cobre San Jorge, de Uspallata.

Cornejo y su equipo estaban convencidos de que, si había alguna posibilidad de modificar algo de la matriz económica, para ampliarla, explorando otras fronteras de crecimiento y de mayor y nueva generación de riqueza, sería por el lado del turismo; una actividad y un sector en el que todos quienes habían estado al frente desde lo público se habían lucido sin esfuerzo, y si en caso alguno no había llegado a brillar por marcada ineficiencia, cuando menos, nunca estaba llamado a dar malas noticias.

Claro, hasta ahora, se dirá y con razón, cuando el gobierno de Rodolfo Suarez y el propio Emetur han debido reconocer que, sorprendentemente, Mendoza ha tenido 35 por ciento menos de visitas vinculadas con el esparcimiento y el turismo propiamente dicho desde un año a esta parte. Una rareza total, producto de la ausencia de promoción y, claro está, de gestión, además de otras razones ajenas a la política local sobre el asunto.

Volviendo a los orígenes del actual proyecto de gobierno al frente de Mendoza, Cornejo ordenaría impulsar un plan estratégico de crecimiento y desarrollo hacia las villas cordilleranas y de alta montaña. Incluso, por la vía del Consejo Federal de Inversiones, se gestionarían recursos para poner en valor Potrerillos, Puente del Inca, el Parque Provincial Aconcagua, Las Cuevas y la Quebrada de Matienzo, Penitentes, Punta de Vacas y Polvaredas. A todo aquello se lo denominaría, pomposamente, Plan de Desarrollo Turístico de Alta Montaña.

El paso del tiempo ha dejado en claro todo lo que se llegó a hacer: nada, al menos, visiblemente. Como todas las cosas que requieren demasiado tiempo para su realización en la provincia, desde la construcción de una doble vía, un par de puentes, un acueducto, por citar ciertos y determinados emprendimientos, con el hermoseo y la puesta en valor de las villas cordilleranas y aquel plan estratégico de turismo, ha ocurrido lo mismo. Poco se sabe.

Los empresarios que decidieron pasar a la política sin dejar sus actividades, aquellos que decidieron involucrarse con un movimiento específico y jugar dentro de los límites del oficialismo, siempre tuvieron entre ojos la actividad turística. “Así como sabemos lo que es completar un 931 (por el formulario de la AFIP que se debe completar por cada empleado a cargo en la actividad privada), también sabemos gestionar el turismo. Podemos aportar mucho”, decían en el 2019 y lo dicen ahora. Estos empresarios, hoy aspiran a que se les cumpla lo que tanto Suarez como Cornejo les habrían garantizado: espacios en áreas de gobierno determinadas en donde podrían poner en práctica sus conocimientos. Una de ellas es el turismo.

Para el 2019, los referentes de estos grupos y cámaras de empresarios, como Mauricio Badaloni, Rodolfo Vargas Arizu, Fernando Barbera y otros, tenían expectativas de que Suarez los pusiera a cargo de Turismo. Un escenario que claramente no se dio. Con el fracaso reciente de la gestión han vuelto a la carga. Y esperan dos cosas: la primera, que se ponga en práctica un apéndice del Emetur, que, desde que fue creado, nunca se convocó. Se trata del Consejo Consultivo de la Actividad Privada, que debía estar compuesto por 8 a 12 representantes de las instituciones turísticas provinciales del sector privado. Lo segundo es que, ahora, con la vuelta de Cornejo y sus posibilidades de alcanzar otra vez la conducción provincial, efectivamente, se sumen al nuevo gobierno, en particular, a Turismo, para frenar el último fracaso.

Hay que prestarle atención a ese órgano que los empresarios piden que se conforme, para el que tendrían el visto bueno de Suarez, de acuerdo con lo que han dejado trascender. El Consejo cuando menos, de acuerdo con lo que dice la ley que lo creó, debía reunirse tres veces por año para revisar las políticas y en “particular en las definiciones de las acciones de promoción turística”. Y el 25 por ciento de ese Consejo, como mínimo, debía estar representado con empresarios provenientes del Sur de la provincia.

Cuando menos –y aunque su opinión no es vinculante, el Consejo de los privados, nunca llamado para ser conformado desde la creación del Emetur a la fecha debía dar una visión de hacia dónde dirigir los recursos que financian las actividades de promoción turística de la provincia. Es que, junto con el ente turístico, se creó también un fondo de promoción con el 0,5 por ciento de la recaudación de Ingresos Brutos. Se calcula que ese fondo recauda entre 80 y 90 millones de pesos mensuales, unos 1.000 millones de pesos al año, suficiente motivo para que una mayor cantidad de ojos se posen sobre el uso y el destino de tales recursos.