El gobernador Alfredo Cornejo recibió a Javier Milei en la IV Brigada Aérea.

La política y el político tradicional todavía se preguntan, sin encontrar respuestas, por qué razón Javier Milei se obsesiona con medidas y decisiones tan impopulares como la de vetar una mínima e insuficiente recomposición de los haberes jubilatorios de 15 mil pesos poniendo en riesgo su buena imagen, su capital electoral pensando en el 2025 y la credibilidad y confianza del gobierno.

El político y la política tradicional tienen inserto el chip de un país que ha fracasado sistemáticamente en tranquilizar la economía, derrotar la inflación y en eso de ponerle un rumbo exitoso a una sociedad harta y cansada de más de lo mismo siempre, ya sea de derecha o de izquierda o arriba del lomo de un plan ortodoxo o heterodoxo, si al fin de cuentas el resultado siempre ha sido el mismo. De igual manera Milei, hay que decirlo, no garantiza el definitivo éxito de la Argentina, quién lo duda.

Puede ser que a Milei le vaya mal y fracase en el uso que está haciendo –y que bien ganada tiene– de su chance, de su oportunidad, para darle vía libre a su plan. Llegó como un bicho extraño y con el paso de los meses bien se entiende por qué ganó y más con esas características de outsider, loco y desquiciado.

Dice el economista Emmanuel Álvarez Agis –uno de los analistas más interesantes del momento para describir la situación del país–, que Milei fue elegido, entre otras cosas, porque del menú existente puesto en manos de la ciudadanía era el único que no había ni incrementado, ni multiplicado el nivel de inflación en el país frente a todas las otras propuestas con las que competía. Claro, no se había probado. Y que incluso ganó la elección porque, además, era el único que hablaba de inflación en el país.

En una charla que Álvarez Agis ofreció al sitio especializado de entrevistas Panorama Económico, de pocos días atrás, el economista aventura que, así como a Milei le puede ir tanto mal como bien, pone el foco en una advertencia destinada especialmente a los acostumbrados agoreros de su plan y a quienes desde la política tradicional y desde el establishment empresario conservador, el vinculado más que nada con la industria, le avizoran sólo un mal desempeño. Recuerda que Carlos Menem cuando asumió a fines de los 80, lo hizo con una inflación de 3 mil por ciento anual y un desempleo del 4,5 por ciento. Pero que ya en 1994, Menem había logrado bajar la inflación al 3 por ciento anual, aunque el desempleo se había casi triplicado al 14 por ciento. “Pero Menem –recordó el economista–, arrasó en las elecciones de medio término (1991 y 1993)”, metiéndose ya en el terreno electoral que se nos viene a los argentinos en el 2025. Su análisis se concentra en la estrategia de Milei para bajar la inflación –hoy su único objetivo y logro parcial– a fuerza de una profunda recesión que repercute en el desempleo y en el cierre de empresas. Y lo que muchos ven –aunque no toda la política, en especial la tradicional como está dicho, acostumbrada a los toma y daca a mansalva, al juego del garrote y el premio por medio de la billetera– que una sociedad cansada puede seguir aguantando y soportando sufrimientos pese a que la política tradicional cree que esa sociedad vota contra sus propios intereses. Cuidado con esa mirada cargada de soberbia y suficiencia, apunta el economista, porque a mediados de los 90 había mucha gente que se quedó sin trabajo, pero el 85 por ciento de la porción del país que logró conservarlo, había alcanzado la tranquilidad de ir al supermercado una vez al mes sin que los precios cambiaran y no dos veces por día como lo venía haciendo en la híper; que había experimentado después de mucho tiempo comprar en cuotas y planificar como pocas veces en su vida. A Milei le puede pasar lo mismo que a Menem, o no, se verá. A diferencia del riojano, el libertario cuenta con esa animadversión a negociar con la política, pero por el momento conserva el guiño social. Claro, por ahora, siempre por ahora, en una Argentina en la que nadie puede predecir si mañana será un día despejado o nublado.

El grupo de gobernadores radicales y del PRO, los conocidos dialoguistas o exponentes de la oposición blue, se mueve en ese dilema de enfrentar a Milei y buscar su diferenciación o apoyarlo y unirse a su plan general como entienden que les puede estar pidiendo la gente a la que gobiernan en sus territorios. Si fueran por la última alternativa corren el riesgo de quedar subsumidos al libertario, perdiendo identidad e independencia. Es lo que Mauricio Macri parece ver como un serio riesgo. Y si lo enfrentan deliberadamente podrían quedar en el lote de la política que buena parte de la ciudadanía ve como el pasado: el pasado que fracasó una y otra vez.

Y por esa cuerda hace equilibrio, o parece hacerlo, Alfredo Cornejo. Se ve claramente al analizar cada presentación, postura y actuación en el congreso de los legisladores afines Lisandro Nieri y Pamela Verasay en Diputados y Rodolfo Suarez y Mariana Juri en el Senado. Cada voto, a favor o en contra, parece ser quirúrgico; algunos en la vereda de enfrente de Milei, otros en su sintonía. Un juego que va y que viene. Ejemplos sobran: Nieri y Verasay votando a favor de los 100 mil millones de pesos en fondos reservados para la SIDE y Suarez y Juri ausentándose de la sesión en la que la oposición le terminó bajando al presidente ese DNU. Otro: con un Nieri acercando vías alternativas hacia un veto parcial para evitar la censura completa como terminó sucediendo a la movilidad jubilatoria, como una forma o intento de evitar el enfrentamiento directo y deliberado con una presidencia que hoy sigue representando a la sociedad cansada. Se trata de un juego muy finito, delicado, no exento de peligros. Por ahí pasa la estrategia de supervivencia para una parte de la política que entiende que Milei tomó el camino correcto y que lo representa, pero que puesta en su lugar evitaría cometer los errores que esa parte de la política y de oposición blue cree en los que incurre Milei.

El despliegue de las estrategias tiene que ver, claro, con la cercanía de la temporada electoral de medio término del 2025. Cornejo ya la tiene en el radar de las principales atenciones, y preocupaciones. Aunque reacciona rápido cuando le señalan que el oficialismo que lidera puede llegar a perder la mayoría en alguna de las cámaras, especialmente el Senado, o en ambas siempre de acuerdo con la marcha de las cosas y la posible dispersión del voto que pueda darse. “Vamos a ver, vamos a ver”, dice desafiante. Enfrentarse a Milei podría traerle como consecuencia perder parte de lo que tiene, pero que comparte con lo que el presidente tiene en Mendoza. El electorado por el lucharían es el mismo. Acordar con el presidente, podría entender, sería lo más sensato. ¿Pero acordar qué cosa? Que Milei o los libertarios se queden con el tramo nacional y el ámbito provincial para quien gobierna, Cambia Mendoza. No es tan sencillo. Deberían convenir varias cuestiones, como por ejemplo que el ministro de Defensa Luis Petri decida jugar dentro de Cambia Mendoza y no por afuera.

Como las elecciones serán seguramente desdobladas, Cornejo imagina coincidencias para no incomodarse entre ambos, Milei y él. Todo incluiría acuerdos o posibles pactos electorales en los dos tramos, en el provincial con alguna injerencia libertaria y en el plano nacional con algún representante del oficialismo mendocino en una lista que se podría reservar para el partido del presidente.

Pero los libertarios mendocinos, en asocio con Omar De Marchi, están dando otras señales, distintas a las que podrían llegar desde la Rosada, si es que se envían a favor de una negociación pactada con Cornejo en la cual las dos partes se sientan tranquilas. De Marchi no dejaría pasar otra oportunidad de volver a prenderse en la discusión por la gobernación pasando por la legislativa del año que viene. De Marchi está viendo un fin de juego de Cornejo complejo, sin un dirigente que en su nombre se escape por sobre los demás. Y los que aparecen, como Ulpiano Suarez y Luis Petri, no han surgido desde sus históricas alquimias. Con lo que hay que preparase para un juego en la provincia de los libertarios, compitiendo por la Legislatura en Diputados y en Senadores, pese a lo que pueda “ordenar” Milei o Karina Milei: “Nadie nos dirá a nosotros lo que tenemos que hacer en Mendoza, somos libertarios”, aclaran.

El humor social le hace las cosas fáciles al oficialismo, si se entiende por fácil representar la línea por la que hoy quiere transitar la mayoría de la sociedad aún con las penurias cada vez más dolorosas a cuesta. También a la facción K, competitiva con un núcleo duro que tiene a Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof en la provincia más grande y compleja del país como referentes. Su diferenciación con quien gobierna es natural: Cristina le habla a ese núcleo y pone en aprietos al peronismo no K, el considerable razonable. Ese peronismo como el de los intendentes en Mendoza, o como la oposición dialoguista o blue a nivel nación que en Mendoza es oficialismo y que es quien tiene más complicado el camino si se nacionaliza el clima electoral y siempre imaginando que Milei llegaría con algo de combustible a su favor para el 2025.

Los datos de la última encuesta de Martha Reale, el monitor de setiembre conocido este fin de semana, ratifican el estado de ánimo: 7 de 10 cuestionan a Milei por el veto a la movilidad jubilatoria; casi 4 de 10, aunque con un nivel escaso de conocimiento, también cuestionan el posible nombramiento del juez Ariel Lijo en la Corte. Pese a todo, pese a la pobreza, al miedo por perder el empleo, a que la plata no alcanza, el 45 por ciento de los argentinos sigue apoyando a Milei, mientras que un 36,8 se muestra partidario de apoyar otra cosa alternativa.