“Yo tenía razón”. Con los números locales de muertes y contagios confirmados en el tope de la estadística global, el Presidente creyó que había llegado su momento de cantar victoria. En la Casa Rosada sienten que el colapso sanitario les dio la razón frente a los “negacionistas” y que la estrategia del “sálvese quien pueda” voló por el aire. Finalmente, todos los gobernadores acordaron una nueva cuarentena que, lejos de ser una victoria, encierra en el silencio del confinamiento la batalla que está por venir.

Las peleas nuevas tapan las fricciones recientes y los fracasos colectivos que se acumulan. A finales de marzo, el Gobierno nacional anunció el cierre de las fronteras y los vuelos con los países en los que circulaban las variantes más letales del SARS-CoV-2, las llamadas mutaciones de Manaos, británica y sudafricana. La semana posterior, más de dos millones de argentinos recorrieron el país durante el receso pascual. Y ya se sabe: la custodia del frente externo ya había llegado tarde y la feria hizo el resto. La agresividad de la segunda ola está íntimamente relacionada con lo que pudo hacerse bien y no se hizo.

Sí. Alberto Fernández tenía razón. A mediados de abril, cuando lanzó el segundo DNU de esta temporada, había que frenar lo que la gestión sanitaria hasta ese momento no había podido contener. Pero hasta este jueves en la mañana, el Presidente había descartado cualquier posibilidad de llegar hasta el punto actual. “No vamos a volver a fase 1, Argentina no lo resiste”, definió lo que para él era un problema “sociológico”.

La política hundió a la sociología. Después del segundo Zoom semanal con los gobernadores se arriesgó a desafiar esa resistencia. La decisión expuso sus propias contradicciones y la de la mayoría de los jefes provinciales que venía pulseando por una estrategia diferente. Ahora, desde la Casa Rosada tratan de minimizar el impacto del confinamiento. “Son sólo tres días hábiles”, remarcan para justificar los anuncios módicos de compensaciones económicas para los sectores atrasados. 

Los comerciantes minoristas hacen otro cálculo. Pasaron de tener por delante dos domingos y el feriado del 25 de Mayo a cerrar 9 días. Ni que hablar del sector turístico que está viendo cómo reintegra las reservas que se habían hecho para este fin de semana largo. Y en efecto, el cierre que se resolvió es apenas una porción de lo que recomendó el equipo de científicos a los que recurre el gobierno. La estrategia sanitaria no se planifica, es el saldo de las tensiones políticas, económicas y sociales. 

“Yo tenía razón”. El Presidente le habló a Horacio Rodríguez Larreta por la discusión sobre las restricciones que terminó en la Corte y con el récord de contagios. Pero no sólo se refería al jefe de Gobierno porteño. También al santafesino Omar Perotti, al cordobés Juan Schiaretti y al mendocino Rodolfo Suárez. Los cuatro venían esquivando los alcances de los últimos Decretos de Necesidad y Urgencia, aunque las discusiones con ellos van mucho más allá de la cuestión sanitaria.

La imposibilidad de lograr acuerdos anida en muchos conflictos. Por ejemplo, Perotti, que fue parte de la expresión más albertista de la unidad electoral de 2019, tiene al menos tres frentes ruidosos abiertos con la Casa Rosada. Vamos de a uno. Esta semana rechazó el dictamen del proyecto de ley del régimen de biocombustibles y que impulsa Máximo Kirchner. Acusa al Gobierno de ceder ante el “lobby petrolero”, perjudicar a la agroindustria y desatender la “agenda verde” que declama en los foros internacionales.

El gobernador de Santa Fe resiste otra iniciativa cristinista: la intención de estatizar la Hidrovía Paraguay-Paraná, una de las principales salidas de las exportaciones argentinas, en lugar de licitar la concesión y dejar en manos de las provincias el control del contrato. Y la tercera batalla pasa por el cierre de las exportaciones de carne que en medio de la crisis sanitaria impuso el Gobierno nacional. “Los cambios en las reglas de juego, con soluciones que no funcionan, sólo perjudican el futuro de la actividad que tanto nos brinda a los santafesinos”, le reprochó el gobernador.

“¿Quién es el que cede ante los lobbies?”, se queja un funcionario que tiene despacho en la planta baja de la Casa Rosada y recuerda el “traspié” que le hizo dar el gobernador de Santa Fe al Presidente con la fallida estatización de la cerealera Vicentin, hace un año: “Todavía estamos esperando la ‘solución superadora’ que prometió”. En Buenos Aires están convencidos de que detrás de estos gestos de Perotti hay un cálculo electoral para distanciarse del Gobierno nacional para que las esquirlas de la política económica y sanitaria no lo afecten.

El mismo razonamiento aplican con Larreta, Schiaretti y Suárez. En la videoconferencia del jueves, después de escuchar la adhesión del mendocino a la propuesta de un confinamiento más duro, “articulado” entre provincia y Nación, Fernández dijo: “Veremos si la Mendoza de la que él habla es la de articulación o de Cornejo”. En la Casa Rosada se entusiasmaron con la aceptación inicial de las nuevas restricciones pero creyeron ver la mano del presidente de la UCR cuando el gobierno provincial anticipó que después de estos 9 días declararía una restricción “a la mendocina”.

“Se anticipan a una pelea que nadie declaró”, se atajan en el Gobierno nacional. Ocurre que aún nadie sabe cuál será el estatus epidemiológico de Mendoza el lunes 31 de Mayo, cuando puedan reiniciarse las clases presenciales en las zonas de “alto riesgo”, o deban permanecer a distancia, en el estado de “alarma”. Con Córdoba y CABA, los tres distritos ya adelantaron que decidirán al margen de la estrategia que anunció el Presidente. El conflicto no está saldado. Apenas, los actores se agazaparon.

Alberto tiene razón. Por cadena nacional, dijo esta semana que debe terminarse la confusión que provoca el “barullo” de los mensajes contradictorios que ofrece el poder. Como el barullo que provoca el fútbol, la última actividad en ser cancelada. A medias. Se decía que el problema de la educación no eran las aulas sino la “periescuela”, con sus mamis agolpadas en la puerta de los colegios, el intercambio de barbijos y la clandestinidad con guardapolvos. El fútbol, y en particular el caso de River, demostró que tanto la cancha como el “perifútbol” son un peligro sanitario. Contagios dentro de las burbujas, con protocolos que no aíslan a los contactos estrechos y con un efecto contagio que se esparce por todo el país. Si una mami desafía un protocolo, pone en peligro a su entorno. Las previas, las juntadas para ver los partidos codificados y los eventuales festejos, se multiplican por todas las provincias. Y como si no fuera suficiente, el Presidente consultó a la Conmebol para ver si hay chances de concentrar toda la Copa América en la Argentina en medio del récord mundial de muertes por Covid-19. “Con cuarentena y sin fútbol este país no resiste”, explican en la Casa Rosada. Con la segunda ola hasta el cuello, tampoco. Pero el circo puede ayudar a ocultar ciertos males. Ya se ha intentado antes, incluso de este lado del mundo.

“Toda esta discusión se termina con las vacunas”, promete el mismo funcionario de la Rosada. Hace cuentas: antes de fin de mes llegarán casi 6 millones de dosis que ayudarán a cubrir a toda la población de mayor riesgo y a completar el esquema de quienes recibieron la primera dosis de AstraZeneca. Un avance importante en medio de una guerra mundial por la inmunización. La matemática de la inmunidad indica que cuando esa meta urgente se cumpla, quedarán aún más de 16 millones de menores de 60 años por vacunarse.

Desde Juntos por el Cambio responsabilizan a la administración Fernández por este escenario epidemiológico y por prometer una cantidad de vacunas que nunca llegó. Y siempre reaparece en el medio de esa acusación la discusión por las dosis de Pfizer que no se compraron. Con la ayuda del gobernador bonaerense Axel Kicillof, el Ejecutivo Nacional se prepara firmar un acuerdo con ese laboratorio, el primerio al que apostó la gestión de Ginés González García.

Esta semana, la Legislatura bonaerense aprobó una ley que autoriza a Kicillof a firmar contratos con cláusulas confidenciales para la adquisición de vacunas. A diferencia de la ley nacional, la norma provincial no menciona la “negligencia” que, según González García, hizo naufragar las negociaciones con el laboratorio. “Axel está decidido a comprar vacunas para entregarlas a Nación, y que se distribuyan equitativamente entre todas las provincias”, reveló uno de los senadores provinciales que hilvanó la sanción de la con Juntos por el Cambio. Kicillof se prepara para anunciar que, tal como hizo con la Sputnik V, garantizará la importación de la vacuna de Pfizer. Vacucampaña recargada.

Estos nueve días de cuarentena estricta serán tan solo una puesta en escena transitoria de un acuerdo transversal y nacional. Un amortiguador en medio del camino poceado. No más que eso. Los principales líderes políticos del país se juegan su estrategia electoral en medio de la crisis sanitaria. Y ya tienen decidida su movida para el día diez. No es caprichoso: a partir de ese lunes quedarán exactamente dos meses para cerrar las listas de candidatos para las elecciones de este año, con el nuevo calendario. Nada. Un abrir y cerrar de ojos. El cálculo no pasa sólo por evitar más muertes, sino por conseguir que el costo de esas vidas las pague el otro.