Esta semana, la Justicia Federal mendocina autorizó al represor Smaha Borzuk, acusado de delitos de lesa humanidad y apuntado de ser el responsable de la muerte de Paco Urondo, a salir de la provincia para vacacionar en Mar del Plata. El caso salió a la luz cuando este diario lo publicó el martes.
El miércoles, la cámara de casación porteña dejó en libertad a los represores Jorge El Tigre Acosta y Alfredo Astiz. Ha sido una semana vergonzosa para el país, independientemente de los argumentos técnicos que pueda desplegar la Justicia en general para justificar tales medidas. Se trata de otra cosa que no es la imagen del país en el mundo.
Es mucho más profundo. Es un hecho de conciencia de una nación que todavía no cierra heridas, porque no termina de encontrar la medida justa para sancionar como corresponde a quienes le hicieron tanto daño.
