Este enero interminable, sofocante y tormentoso, el que ha dejado una estela de numerosos perjuicios y quebrantos en pequeños productores afectados por las recurrentes mangas de piedras y granizo, más una proyección incierta sobre la estimación de cosecha que se tendrá hacia marzo y abril, tampoco ha permitido que la política se diera una pausa afectada por una agitación inusual.

Hacia fin de mes, en horas nada más, los intendentes del peronismo oficializarán el desdoblamiento electoral desprendiéndose de la fecha prevista para los comicios generales provinciales. Este acontecimiento, de alto impacto político y sólo concebido como una estratagema de supervivencia por estos caciques, más la entrada en vigencia del nuevo sistema electoral, trastocan todo lo conocido para un año electoral que no será ni común, ni silvestre.

Por empezar, la boleta única papel remplazando a la histórica y tradicional lista sábana, obligará a todos a tomar mayores recaudos de los habituales, en especial a los oficialismos y avivará las esperanzas de los que vienen corriendo de atrás; de aquellos que se medirán como retadores de quienes detentan el poder.

Tanto es así que no habrá que mostrar demasiada sorpresa cuando desde sectores y grupos políticos con aspiraciones en las comunas, particularmente, se comiencen a orquestar campañas de difusión y de información sobre las características del nuevo sistema porque, si bien se entiende que no va a llegar a igualar en la misma medida las chances que tiene el más grande, poderoso y conocido (por partido o coalición), frente al más pequeño, con menos poder y menor grado de conocimiento, sí es un hecho que acercará las posibilidades de todos contra todos apareciendo en la misma boleta, con sus fotos y los casilleros correspondientes para marcar la cruz.

No se trata de un hecho menor, ni tampoco de muletillas que se reiteran como bondades entre un sistema, perimido y otro, novedoso, moderno y ágil. Porque si hay algo que la boleta única trae implícito como altamente beneficioso, es el hecho de que elimina la distribución de los sobres con los votos por los barrios, la práctica clientelar, el denominado voto en cadena, la ausencia de las mismas y hasta el robo de ellas, además de garantizar una oferta electoral plena, el derecho a elegir y ser elegido y, por ende, una mayor autonomía al elector.

Entonces, toda una compleja maquinaria estratégica se ha puesto en juego y en movimiento, aunque no se la perciba todavía. El oficialismo es, por lejos y por cuestiones obvias, quien más está dando que hablar. Y si bien se señala que aún resta tiempo para la definición de los candidatos, la irrupción de Omar de Marchi como el más serio competidor del radicalismo en la conducción provincial, está consolidando la idea de un Alfredo Cornejo ya en carrera hacia lo que ningún ex gobernador ha conseguido: un segundo período en la gobernación. Esto último, lo que sería todo un récord a conseguir, sumando condiciones para la vuelta como un cambio de agenda total en el que todos coincidan, y a ese factor para nadie desconocido de una relación de fuerzas a nivel nacional que no lo beneficia en esta coyuntura y oportunidad, van conformando el escenario de un Cornejo candidato, lo que además opera como un ordenador excluyente.

Y antes de que los intendentes del peronismo convoquen a sus elecciones desdobladas, lo que obligará al oficialista Cambia Mendoza a tomar decisiones que pensaba para más adelante, la dinámica de este enero está dejando algunas casi certezas. Luego de una semana en la que Mendoza agitó la discusión interna de Juntos por el Cambio y en particular del PRO a nivel nacional, ya se intuyen algunas confirmaciones.

Es un hecho que De Marchi no dará lucha en una PASO, como se lo ha exigido Patricia Bullrich, la presidenta del PRO. Si finalmente se juega la chance de alcanzar la gobernación, lo hará por afuera de Cambia Mendoza. Eso o nada, ya está diciendo De Marchi. Para ello va buscando el compromiso de todos aquellos sectores y dirigentes interesados en su aventura, tanto de adentro de la coalición de gobierno, como de afuera, para que no renuncien, ni saquen los pies del plato y sigan hasta el final.

A quienes le exigen que se presente en la PASO, De Marchi les responde con el artículo 5 del reglamento interno de Juntos por el Cambio, el de las reglas electorales. Allí se acordó que en el caso de que alguno de los partidos no respete lo convenido en la resolución (el de someterse a una PASO, por ejemplo), “no podrá hacer uso del nombre de Juntos por el Cambio (u otras denominaciones equivalentes) en la inscripción de la alianza electoral provincial”. Eso le asegura a De Marchi –es su defensa ante las críticas y amenazas que recibe– que podrá presentarse por afuera si así lo decide y que por ello no le intervendrán el partido y hasta que podrá hacer uso de la sigla partidaria del PRO.

De Marchi tiene en mente otras casi certezas, además. Por ejemplo: demorar hasta abril la definición sobre lo que hará, y juega con estirar el anuncio hasta que Cornejo resuelva si se presenta o no por otra vuelta a la gobernación. “Lo espero a él”, les dice a los más cercanos.

Con un peronismo en descomposición, la interna en el oficialismo es la que está marcando o delineando los primeros fogonazos del futuro cercano que se le presentará a la provincia, hacia el final del gobierno de Rodolfo Suarez. El desdoblamiento electoral representará, para muchos en el propio PJ, el cierre de otro ciclo pernicioso y frustrante para la primera oposición provincial. “Debimos haber sido capaces de armar otra cosa, integral, un plan que incluyera a toda la provincia y no sólo a seis departamentos. No lo logramos, no supimos hacerlo”, admitió el viernes, amargamente, Adolfo Bermejo; un histórico dirigente al que muchos imaginaban peleando, una vez más, por la gobernación, además del único aspirante que hoy tiene el movimiento, Martín Hinojosa. Pero hasta ahora, todo parece indicar que quienes impulsaban ese gesto hacia el sacrificio sin más del maipucino, no han conseguido lo que buscaban.

Y a todo esto, los movimientos en Cambia Mendoza no se resumen sólo a lo que están ofreciendo De Marchi y un Cornejo expectante, en silencio sobre su futuro y más concentrado, otra vez, en su viejo rol de estratega provincial. Cada intendente está definiendo sus propios pasos y el de los suyos, especialmente entre aquellos que abrigan alguna esperanza para convertirse en el sucesor de Suarez. Tadeo García Zalazar no ha logrado el despegue que se esperaba de él y ata lo que viene a la suerte de Cornejo. El caso del intendente de Godoy Cruz, para Cornejo, se presenta muy similar a lo que ocurrió con Martín Kerchner, aspirante que tuvo que bajar de una segura candidatura por la gobernación en el 2019 para jugar a favor del actual gobernador porque no mejoraba en las encuestas. Ulpiano Suarez, desde Capital, es el que mejor mide sacando del juego a Cornejo. Pero el sobrino del jefe de Estado no contaría con todo el apoyo del senador para buscarla primera magistratura. Entonces emerge la figura del alcalde del norte, Daniel Orozco, desde Las Heras. Lo último que ha trascendido da cuenta de un encuentro reservado entre el doctor y el senador nacional como jefe político. Allí, en esa reunión, se habría comenzado a definir parte del dilema: “Si yo no soy, sos vos”, le habría deslizado Cornejo a un Orozco que, dicen, salió con una certeza de tal cumbre: que Cornejo será el candidato y que su proyecto personal tendrá que esperar cuatro años más.