Las consecuencias del bullying pueden ser bastante graves, incluso, dejar secuelas a lo largo de la vida en las víctimas. Por ello, es importante que todas las personas tengan conocimiento de qué es el bullying, cómo lo podemos detectar y prevenir.
Dependiendo de la capacidad que tenga la víctima para sobrellevar y superar los maltratos derivados del acoso, las consecuencias del bullying siempre están presente, con mayor o menor notoriedad.
El bullying puede presentarse en diversos escenarios, en instituciones escolares, deportivas, entre otras. En el presente artículo se hará hincapié en el ámbito donde ocurre frecuentemente que es el escolar.
Entre las consecuencias más comunes del bullying se pueden mencionar las siguientes diferenciando las escolares de las psicológicas.
Consecuencias en la vida escolar
- Desmotivación, desinterés y falta de atención en las clases.
- Bajo rendimiento académico, responsabilidad y eficacia
- Deserción escolar presentando rechazo hacia la escuela.
- Conductas extremas: en estado avanzado del bullying, puede tender a la agresión hacia sí mismo/a o el victimario y, en el extremo, puede llegar a auto infligirse daño e incluso al suicidio.
- Culpabilización, esto es relativo a la reacción que tiene la familia, profesores y directivos cuando es dado a conocer el bullying, culpando a la víctima con expresiones tales como: “El problema ha sido tuyo”, “Seguramente no has manejado bien las cosas”, “Algo habrás hecho para que te traten así”, “El problema es que los provocas” y otras similares.
Consecuencias psicológicas
- Baja autoestima
- Aislamiento social, timidez, introversión. Poco comunicativo.
- Problemas psicosomáticos (por ejemplo, dolores de cabeza, problemas digestivos al momento de ir al colegio)
- Actitudes pasivas.
- Sentimientos de insatisfacción, miedo, inseguridad, soledad, desconfianza en sí mismo/a.
- Depresión, ansiedad, ideación suicida.
- Aparición de trastornos fóbicos.
- Problemas en los vínculos sociales y familiares.
Como podemos observar son muchas las consecuencias que se derivan de una situación de bullying. En la persona que sufre el acoso, el impacto va a depender de sus recursos personales, de su capacidad de afrontamiento, de su apelación comunicacional para exponerlo, de la edad del sujeto, de las características del acoso que sufre, como así también de su intensidad y frecuencia. Por otro lado, influirá, en gran medida, de la existencia de alguna red de apoyo social en la que pueda sentirse contenido, como la familia, la escuela y que tan rápido se tomen medidas al respecto.
Se suele pensar que las consecuencias recaen solo sobre la víctima de bullying, pero en el acosar u acosadores también se encuentran consecuencias, ya que pueden encontrarse en la antesala de un trastorno antisocial, cierta incapacidad de mantener vínculos saludables, bajo control de los impulsos, necesidad de control, sentimientos de autosuficiencia, inseguridad, baja autoestima y en casos complejos derivar en conductas delictivas, entre otros. Aunque resulte paradójico el agresor no deja de ser un ser sufriente, ya que necesitan de la aprobación y hasta la admiración de algunos de sus compañeros (llamados los aplaudidores), lo cual hace reforzar sus actitudes intimidatorias al lograr, al menos momentáneamente, el éxito de las mismas.
En la mayoría de los casos, la intervención psicológica es de suma importancia, tanto para la víctima como para el agresor, fortaleciendo para este último el enfoque de sus relaciones interpersonales desde otra perspectiva, más empática y basada en el respeto. Dicha intervención, debe ir siempre acompañada de una actuación eficiente de la institución escolar y del compromiso de todos, para dar fin al sufrimiento, validando de esta manera las emociones y vivencias de la víctima, así como también las del agresor. La ayuda psicológica sin un abordaje serio y comprometido desde la escuela puede no tener los resultados esperados, por lo mismo se recomienda que sea abordado de manera conjunta.
Las consecuencias para la masa silenciosa, los chicos y chicas que mantienen una actitud condescendiente con el acoso y pasiva ante el sufrimiento ajeno, no son tan evidentes. Sin embargo, pueden provocar en los sujetos pasivos la sensación o convencimiento de que no se puede o que es mejor no hacer nada frente a la injusticia o el sufrimiento ajeno, obteniendo como resultado al afianzamiento de una personalidad temerosa, poco empática, donde valores como el esfuerzo, la tolerancia o el afán de superación no se resaltan. No podemos olvidarnos que el silencio y el mirar para un costado ante estas situaciones nos convierte en cómplices.
Para finalizar, hago hincapié en la importancia de la promoción y prevención del bullying para que cada vez menos tengamos que visualizar las consecuencias que trae aparejado dicho acoso y seamos actores comprometidos para dar respuestas a esta temática.
Agustina López Ruggeri
Lic. en Psicología
Mat 4396
Miembro de ABUME (Asociación Bullying Mendoza)
