El presidente Javier Milei.

Es probable que a medida que avance la campaña electoral Alfredo Cornejo tenga que hacer ajustes a la estrategia ya pergeñada para ganar, y activar un plan ajeno a la figura e imagen de Javier Milei –quién lo diría hasta no hace mucho– por otro más directo y claro que rescate todo aquello, en términos de imagen y símbolos, que permitió la llegada del libertario al poder en las elecciones del 2023. Ya hizo un adelanto de todo esto el jueves pasado, en el acto de presentación de los candidatos de la alianza que selló con el gobierno nacional, cuando interpretó lo que viene como “una elección de conceptos, más que de candidatos”.

Mientras el gobierno nacional se siga complicando al momento de dar explicaciones, ya fuese por la ausencia de resultados económicos reales –con la consabida excepción de la baja de la inflación– que mejoren paulatinamente la vida de los ciudadanos; o por la suma de escándalos vinculados con la corrupción, como el oscuro caso de la promoción de la cripto Libra o el que ha explotado recientemente con el supuesto pago de coimas en el área de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis), al mendocino se le irán presentando obstáculos complejos de superar en plena temporada de exámenes electorales.

Lo más curioso y llamativo de todo es que Milei ha hecho todo solo, lo bueno y lo malo, sin la intervención de terceros que pudieran llegar a comprometerlo. Luego de un ajuste monstruoso, doloroso y necesario, ha logrado sostener la esperanza en buena parte del electorado hacia su gobierno. Pero también alimentó, hizo crecer y desarrollar, el rechazo y la suma de reacciones en contra que tendrá enfrente y que se convertirían en votos negativos el 26 de octubre, un fenómeno comparado con darse tiros en los pies. Su gestión ha vuelto a traer con fuerza todo lo abominable de las administraciones anteriores, en particular aquellas que comandó el kirchnerato.

Es cierto aquello que las elecciones las ganan y las pierden los oficialismos. Cornejo vio venir el huracán Milei no sólo desde el momento en que 7 de 10 mendocinos decidieron darle al libertario un voto de confianza más que poderoso en la batalla contra el populismo en el 2023. También lo percibió a lo largo del año y medio de gestión que ambos han compartido hasta aquí, en la nación y en la provincia. La búsqueda de la alianza ha sido, como tanto se ha dicho y analizado, la carta que se puso en juego para no perder. Todo lo que representó Milei en el 2023 y lo que han venido confirmando las encuestas desde que asumió hasta las de los últimos meses, ha tenido que ver con el deseo mayoritario de los argentinos de terminar con las crisis cíclicas, repetitivas y cada vez más gravosas, y encaminar el país hacia las reformas que hagan falta para convertirlo en uno normal o cercano a eso.

Mientras Milei fue avanzando con éxitos dejando sin armas a la oposición sólo reducida a la elaboración y proliferación de mensajes apocalípticos, profetizando catástrofes y calamidades como consecuencia de la administración de Milei, el propio gobierno se fue sumiendo en un andar torpe y tozudo al rechazar el diálogo con los sectores dispuestos a brindarle ayuda. El ensoberbecimiento dio paso a las duras derrotas en el parlamento y al falso encumbramiento de una oposición cuasi irracional dispuesta a hacer lo posible para que quien la despojó del poder pague con sangre tal desatino y su andar sea un calvario.

A la falta de imaginación para tender o mantener los puentes con los aliados, la administración no ha podido responder satisfactoriamente a los primeros y graves escándalos que la nublan con hechos vinculados a la corrupción; una corrupción sistémica y estructural que marca con fuego al país.

Se han unido aquí, como características de un gobierno elegido para salir del fondo del precipicio, dos aspectos que la sociedad condenó del último populismo: la soberbia del que se asume todopoderoso acreedor del ominoso “vamos por todo” similar al de Cristina Fernández de Kirchner y la podredumbre y perversión en el manejo de las cuestiones de Estado. ¿Qué puede salir bien de eso?

La figura de Milei, como la de su entorno, comienzan a emparentarse con todo aquello que la sociedad ha castigado al frente del gobierno. En un primer momento la administración del libertario pudo haberse apoyado en los primeros y resonantes logros en el combate contra la inflación. Cuando debió complementar la acción con el uso de la motosierra y el bisturí, prefirió seguir rompiendo todo sin atender sugerencias razonables, atendibles y tan necesarias como el mismo ajuste implementado.

El costo puede ser alto y mucho más de lo esperado si los casos de supuesta corrupción no explicados ni mucho menos aclarados comiencen a jugar fuerte, como ocurrió durante el kirchnerismo, en la conciencia de la población y en su ánimo, por sobre todo.

Por ahora sólo aquel concepto del que ha comenzado a hablar o a referirse Cornejo, aquello que dio paso a un cambio de época notable por parte de la mayoría, es lo que se mantiene inalterable: un deseo inmensamente mayoritario y superador de no volver para atrás. Sorprendentemente quien lo encarnó y lo supo representar, a tal punto de movilizar la fibra más íntima de un ciudadano cómodo y acostumbrado a la vez a sobrevivir con un Estado omnipresente, regulador, dirigista y perverso, puede que sea el mismo que lo eche a perder.