Se debe tratar de un fenómeno casi inédito. Celso Jaque lleva tres meses al frente del Gobierno provincial y, sin dudas, ha sido el peor de los comienzos de una gestión, al menos desde que se recuperó la democracia en 1983. Nunca antes una administración había recibido semejante vendaval de palos, tanto por derecha como por izquierda. Hay pocos sectores políticos, casi ninguno, que se han quedado afuera de los reclamos al Ejecutivo y de las críticas a lo que se hace.

    Los intendentes, en medio de una campaña virulenta, pugnan por obtener recursos del Estado central para, dicen, financiar los mayores gastos por los aumentos de sueldos que deberán enfrentar de aquí en más. La oposición en la Legislatura traba iniciativas centrales del Gobierno, como la adquisición de las acciones de OSM. La misma oposición critica el informe sobre la emergencia en seguridad y sostiene que no hacía falta tal urgencia, porque no se ha comprado nada de lo que se debía comprar bajo la estricta urgencia.

    Una suerte de sindicato de policías, como Ammupol, le pega duro al mismo Gobierno por lo que va a gastar en equipamiento, autos, armas y otros elementos esenciales para su tarea, al decir, paradójicamente que, en vez de gastarse esa plata en esas cosas, se las dé a los policías, “porque es de los policías”. Para cerrar el panorama, se hacen encuestas y sondeos del humor social y pocas veces ha caído tanto la imagen de un gobierno,muy nuevo, como es el de Jaque, en tan poco tiempo. ¿El fenómeno, se puede explicar desde lo político?, ¿qué puede estar pasando? Las razones son tantas, como las interpretaciones.

    Pero hagamos un esfuerzo en un puñado de posibles causas. 1) Las promesas de Jaque en seguridad. La apuesta fue muy alta en su momento y la demanda hoy es más alta que las expectativas que generó en el ciudadano. Jaque posiblemente haya hecho mucho más en tres meses que su antecesor, pero la gente no le deja pasar que los famosos 40 millones de pesos que hoy en verdad no servirían para nada, no lleguen. 2) El huso horario.

    Aquella casi olvidada polémica por no defender un horario propio y optar por alinearse con el capricho de Cristina, le hizo perder al gobierno unos cuantos puntos, innecesariamente. 3) La gestión. Se tiene la sensación de que no termina de arrancar y se queda sin batería, para colmo. En educación y en salud públicas, no se ha terminado de explicar el rumbo y no se conoce a fondo el plan estratégico. Hay serios inconvenientes en ambas y no alcanza con decir que se pretende que tanto una como otra lleguen como corresponde a todos los ciudadanos, sin decir cómo. 4) La crisis del agro.

    Esto despertó en Mendoza el rosario de quejas del sector que hacía tiempo había desaparecido de las primeras planas. Y cuando el Gobierno se internó con los dirigentes, no supo convencerlos de que sabe muy bien lo que está pasando, abriendo sospechas en el sector de que, efectivamente, todavía no tiene un plan –tal como en la Nación– específico. 5) La plata destinada a la emergencia en seguridad. Otro error del Ejecutivo.

    Sin evaluar el impacto que iba a tener, primero se dijo que los intendentes podían usar ese recurso para sueldos, luego que no se había dicho eso y, por último, se terminó sosteniendo que para sueldos sí, siempre y cuando fueran objeto específico de programas de seguridad. Un desatino. Inútil. Puede haber, ciertamente, otras causas y razones que respalden y justifiquen el malhumor social y el de los sectores políticos. Muchas más, sin lugar a dudas.

    Pero emerge una importante, clave, puramente política: la lucha por espacios de poder en el Gobierno, al que varios sectores, propios y extraños al gobernador, se ven con derecho a acceder. ¿Poder para qué? Para manejar, para conducir, para dirigir y para hacer negocios. El poder abre las puertas para todo lo que se quiera, en verdad. Veamos. La política con sus representantes, en especial aquellos de los sectores que cayeron derrotados en las últimas elecciones, están convencidos de que Jaque se “encontró” con la Gobernación mendocina.

    Y algo de razón tienen. Contrariamente, ellos, que no fueron interpretados por los electores, creen que sí tenían un plan de gobierno y muchas ganas, por sobre todo, de administrar el poder. Estos sectores ven a Jaque muy débil políticamente e improvisado en varios frentes y reclaman, por medio de críticas duras y sorprendentes –por el origen de muchas–, una porción del espacio de poder que detenta el malargüino. En resumen, no son pocos los que perciben al gobernador como permeable, maleable y piensan que sólo hay que estar cerca de él para orientarlo, conducirlo.

    ¿Conducirlo hacia dónde? La respuesta puede ser tema para otro artículo. No ha habido un sólo intendente que no haya cuestionado al Gobierno central por los aumentos salariales que tienen que financiar –sin fondos suficientes– en sus territorios. Los peronistas, aunque harán esfuerzos por mostrarse unidos detrás de Jaque, se han dividido para estar atrás de él e influir en algunas políticas y rumbos.

    Adolfo Bermejo, de los azules, y uno de los que apuntaló al gobernador en los comienzos, habría cuestionado el entorno de Jaque, pretendiendo ocupar ese lugar para el sector que, desde la Rosada, controla el superoperador Juan Carlos Mazzón. Interpretan que el gobernador se les va y no sólo lo quieren cerca, sino, por sobre todo, pretenden el control de su poder. Omar Félix, desde San Rafael, quiere ingresar al peronismo gobernante y seduce a Miranda de Las Heras y a Abraham de Guaymallén –que no son azules– para armar un frente, traccionar juntos y reclamar un par de ministerios, cuanto menos.

    Los dos sectores, en concreto, piden participación y caja, por sobre todo. Al debate sobre OSM hay que prestarle atención. Porque allí algo se cuece también. Hay cuatro proyectos sobre la compra de acciones. Uno va por la intervención de la empresa y lo impulsan la UCR, el ARI y Todos. El Gobierno pretende comprar las acciones Clase C. El PD apunta a dejar caer la concesión y el cobismo busca obligar a la Provincia a que, antes de comprar las acciones Clase C, compre las Clase A, que están en manos de Inversora Aconcagua SA. Allí están todos los capitales privados que tienen intereses en la empresa de agua.

    Hoy, esas acciones no tienen ni precio ni valor. Pero si aparece el Estado como comprador, podrían subir hasta el infinito. Si con las C el Estado controla la empresa, ¿para qué comprar las A? Las respuestas no satisfacen. Y las dudas aumentan cuando se habla fuerte del interés de uno de esos privados, mendocino, con intención de comprarle a sus pares esas acciones, que hoy no valen nada, pero en un tiempo sí valdrán. Más, si se aprueba la ley con esa puerta abierta.