El gobierno escolar de la administración de Rodolfo Suarez acaba de conseguir una victoria con cierto gusto a reivindicación gracias a la media sanción que el Senado le ha dado al plan estratégico de alfabetización que propuso el Ejecutivo algunas semanas atrás. Reivindicación por aquel fracaso en que fue convertido el intento por darle a la provincia una nueva Ley de Educación, necesaria por donde se lo mire, pero que fue lanzada para su discusión en la arena política de mala forma y con evidente grado de ingenuidad para interpretar, conducir y llevar adelante una negociación en un ámbito, el educativo, que tiene como protagonistas a actores naturalmente marulleros y mañosos.

Cualquiera que lea estas líneas y haya tenido que guiar o acompañar a un hijo, nieto, sobrino en sus primeros años de la educación formal hacia fines de los 80 y durante todos los 90, puede tener bien presente la complejidad a la que los chicos se enfrentaban y ni hablar de los docentes, padres y tutores, con la denominada psicogénesis, aquel sistema (disculpe el lector mis limitadas capacidades para describirlo) por el cual se enseñaba a leer y escribir con figuras y los sonidos que acompañaban su mención oral. Los chicos eran sometidos a un proceso (“juego”, le llamaban sus defensores) que se basaba en la simple adivinación frente a lo que veían y escuchaban. Un caballo, una casa, un árbol, una marca famosa de un producto determinado (como el de una gaseosa, por ejemplo), un texto acompañado de un dibujo eran tomados por el maestro para que el chico creara y diera rienda suelta a su imaginación y liberara esos supuestos saberes que poseía naturalmente para expresar, de forma oral y escrita, lo que se le ofrecía.

Volver a la alfabetización básica, a ese acontecimiento simple, magnífico y fantástico a la vez, el de aprender a leer y escribir como instrumentos esenciales de la formación, lo que es el objeto de la alfabetización en verdad, no tendría que ser tomado alegremente ni como un hecho menor. Los especialistas parecen haber advertido –ya era hora– las graves consecuencias que ha acarreado el déficit educativo en las últimas generaciones.

El plan de alfabetización que va camino a convertirse en ley en Mendoza (falta que lo trate Diputados), busca institucionalizar lo que ya se está haciendo o intentando con el cambio de visión aplicado al sistema para enseñar a escribir y leer. Los problemas para interpretar textos leídos –y, claro, para escribir– han aumentado de tal forma con ese impacto que todos conocen sobre el nivel educativo de los chicos que se forman en el país y la calidad educativa.

Las consecuencias de una estrategia equívoca (hoy se sabe) a la luz de los resultados, sumado a componentes ideológicos que la han sostenido, explican el deterioro que padece el empleo en Argentina, el alto nivel de precariedad, informalidad y de los bajos salarios que se pagan por ellos. Pocos días atrás, aquel informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) realizado por la economista María Laura Caullo, y mencionado en estos espacios, dio cuenta cabal del problema: un tercio de la fuerza laboral del país padece serios problemas de formación por no haber terminado el ciclo secundario de la enseñanza convencional y tradicional. El bajo nivel de instrucción está íntimamente ligado a los bajos salarios, desde ya.

Hoy, en Argentina, se sabe y se admite, los chicos llegan a la secundaria en gran medida sin saber leer ni escribir como la exigencia del mundo laboral, por caso, de los nuevos empleos, demanda. Fue la especialista Guillermina Tiramonti, en su libro “El gran simulacro”, la que, al develar una anécdota de Carlos Tevez, logró persuadir desde allí la necesidad y tremenda importancia de saber leer y escribir correctamente. Tiramonti recordó que Carlitos, en su momento, confesó que había dejado la escuela de Fuerte Apache sin saber leer y que, con el paso del tiempo, una vez convertido en un genial futbolista y sin apremios económicos, contrató una docente para que le enseñara.

Tiramonti usó el ejemplo para criticar, como lo ha venido haciendo desde mucho tiempo, el asistencialismo educativo que el populismo ahora, y el mal llamado progresismo de años atrás, impulsaron y alentaron.

Para Jaime Correas, ex director general de Escuelas y actual colaborador de José Thomas en el área educativa del gobierno de Suarez, el plan estratégico de alfabetización tiene por objeto romper aquello que se creía años atrás: que el cerebro de un chico solo tiene que ser estimulado con incentivos que determina la psicogénesis para que aprenda a leer y escribir, porque, supuestamente, ya sabe leer y escribir, cuando en verdad, dice: “El chico es un cántaro vacío, con un potencial enorme, por supuesto, dispuesto a recibir por un método correcto y acertado las herramientas” que lo llevarán hacia el aprendizaje. Aprender de forma correcta, tanto a leer como a escribir, permite decidir e interpretar por medios propios, a decidir y a elegir, quién lo duda.

Ana Borzone, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y doctora en Letras y Filosofía de la Universidad de Buenos Aires, fue una de las tantas que han advertido sobre la necesidad de volver a las fuentes en materia educativa. Para ella, la lectoescritura tiene una raíz ideológica (coincide con Tiramonti). “La psicogénesis de la escritura, ese método global que supone que el niño aprende solo, por tanteo y que el maestro es apenas un guía. Son teorías tan ampliamente aplicadas como fracasadas”, según le dijo a Infobae en febrero.

Justo ayer, un grupo de especialistas y expertos en materia educativa, nucleados en lo que llaman la Coalición por la Educación y entre los que participan Tiramonti y Correas, pidieron al Ministerio de Educación de la Nación la apertura al público, la filmación y grabación de las sesiones del Consejo Federal de Educación, que preside el ministro Jaime Perczyk. Lo que allí se discute, dice el documento de la coalición, debe ser abierto al público “sin restricciones” como las sesiones de las cámaras legislativas del Congreso.

“Somos personas interesadas en la marcha de la educación en nuestro país, muchos de nosotros, representantes y dirigentes de entidades especializadas en esa temática, lo que da más legitimidad y validez a nuestra justa petición”, se lee en el escrito que también fue girado a todos los ministerios de Educación de los gobiernos provinciales.