Cualquiera que siga las noticias sobre los recientes tiroteos en Estados Unidos puede ser disculpado por pensar que no es otra cosa que un hecho más en una larga lista habitual. Porque, las masacres en Aurora, estado de Colorado, y Oak Creek, Wisconsin, son sólo las últimas que ingresan en el registro. Desde el 2003 hubo 15 hechos de este tipo en Estados Unidos con, al menos, cinco muertos. En total, estos ataques dejaron 142 muertos y alrededor de 200 heridos.

Los estadounidenses están apenados e indignados, pero los cínicos dirán que la inevitable discusión nacional no cambiará nada en la manera en que se compran y venden armas en el país y la forma en la que personas con trastornos mentales pueden hallar el modo de eludir las leyes que deben garantizar que ellos no las obtengan. Pese al cinismo, hay una preocupación creciente en todo el país acerca de la violencia con armas, particularmente ahora, cuando se cumple un mes del peor de los tres tiroteos recientes y la campaña electoral con vista a los comicios de noviembre entra en su fase final.

El principal eje de la discusión es el Centro Brady para la Prevención de la Violencia con Armas de Fuego. Este grupo, que trabaja para reformar la industria de las armas y para educar al público acerca de la violencia que generan, señaló que el primer debate presidencial se realizará el 3 de octubre cerca del lugar donde ocurrieron las matanzas más graves en la historia del país: la del mes pasado en un cine de Aurora y la del instituto Columbine, en 1999. El centro instó al moderador del debate a preguntar a los candidatos por sus planes para evitar las muertes y los heridos por armas de fuego.

“Desde las recientes tragedias (…) comenzó un debate nacional real, que reúne a los estadounidenses de todo el país y de todo el espectro político para buscar soluciones reales”, indicó el grupo en agosto. El diálogo nacional inevitablemente incluirá historias sobre cómo cambiaron las vidas de los sobrevivientes. Cincuenta y ocho personas resultaron heridas en la masacre en un cine de Aurora durante el estreno de la nueva película Batman, The Dark Knight Rises. Farrah Soudani, por ejemplo, enfrenta ahora una vida completamente diferente.

Esta joven de 22 años, que trabajaba como camarera antes del incidente, fue sometida a cinco operaciones, indicó el diario The Washington Post. Los cirujanos le extirparon un riñón y el bazo, y retiraron piel de su muslo y lo trasplantaron a su pantorrilla, añadió el periódico. Uno de sus pulmones y el páncreas también resultaron dañados en el tiroteo. Otra sobreviviente, Ashley Moser, estaba embarazada cuando fue al cine. Sufrió un aborto y ahora está paralizada desde la cintura para abajo. Su hija de seis años murió en el ataque.

Si bien se crearon fondos para ayudar a las víctimas de las masacres de Colorado y Wisconsin, estos esfuerzos no responderán la pregunta de por qué los atacantes se hicieron violentos y cómo obtuvieron sus armas. El presunto autor de los asesinatos del cine en Aurora, James Holmes, sufría de problemas mentales y había consultado con una psiquiatra, quien manifestó preocupación. Holmes dijo a los investigadores tras el tiroteo que creía ser el Guasón, el villano de una de las películas de Batman.

Holmes obtuvo legalmente cuatro armas, que compró en un comercio, y miles de piezas de munición, que adquirió por internet, dijo el jefe de la Policía de Aurora, Dan Oates. Pese a su posible trastorno mental, elaboró un plan que los investigadores calificaron de “despiadado y meticuloso”. Wade Michael Page, quien mató a seis personas en un templo sij en Wisconsin antes de suicidarse, fue asociado con una organización racista llamada Volksfront y descrito por sus ex vecinos como “asocial”.

Page, cuya madre murió cuando tenía 13 años, fue soldado y perdió este año una casa en Carolina del Norte por ejecución hipotecaria, según el diario Milwaukee Journal Sentinel. El psicólogo Stephen Diamond dijo que si bien es difícil hacer un perfil de este tipo de asesinos, cree que todos tienen algo en común: venganza. “Para mí, la cuestión verdadera es ir a la raíz del problema y eso significa determinar el motivo de la venganza”, dijo Diamond a DPA.

Las masacres como la ocurrida en Colorado tienden a ser un acto inconsciente o semiconsciente de un resentimiento crónicamente reprimido, encono o ira contra los padres, la sociedad, el mundo, Dios y, a veces, contra sí mismos, indicó Diamond en un artículo publicado por la revista especializada Psychology Today. Diamond explicó que, en el campo de la salud mental, la venganza es considerada una emoción peligrosa y no hay mucho por hacer para que las personas aprendan a aceptarla y redireccionarla. En cambio, indicó, hay una gran cantidad de intentos por suprimirla y medicarla.

Lo que personas como Holmes y Page necesitan, según Diamond, es ser tratados de forma tal que puedan manejar su ira y venganza de forma constructiva. Si bien es posible hacer más difícil que las personas adquieran armas para exteriorizar su venganza violenta, “no se hace nada en cuanto a la propia venganza”.