Cuando el presidente Javier Milei arribe a Córdoba el próximo sábado 25 de mayo, en el Día de la Patria empardará, con esa visita a la provincia mediterránea dentro del territorio nacional, la misma cantidad de veces que decidió salir del país desde que está al frente de la primera magistratura del país: seis en total, contando la del último fin de semana a Madrid, oportunidad en la que se desatara con sus dichos en el acto de Vox, el conflicto diplomático más grave de los últimos tiempos con España.
Milei ha elegido a Córdoba para presidir los festejos del 25 de mayo; pero el acontecimiento esconde, en verdad, un nuevo fracaso de su política interna y de gestión de gobierno al llegar a la fecha sin poder concretar la firma del promocionado Pacto de Mayo que el 1 de marzo pasado había adelantado protagonizar con la presencia de todos los gobernadores en el mismo día y lugar en donde estará este sábado, detrás de un decálogo de objetivos que el mismo presidente había considerado fundacional para la nueva etapa del país.
El punto es que el proceder del presidente argentino, sus dichos, sus modos, sus formas, su histrionismo extraordinario y pocas veces visto para la política clásica, está claro que se ha convertido en un llamado poderoso de atención fuera de las fronteras argentinas. No así para los habitantes de este país –bien se puede agregar–, que lo conocen bien y quienes están confirmado, lo hayan votado o no, que se trata de un accionar consecuente con lo que el mismo hoy presidente había prometido llevar adelante, hacer y decir durante el proceso electoral.
Ahora bien, ¿qué persigue el presidente argentino respecto de los objetivos más prioritarios a conseguir en lo personal y al frente del gobierno? El interrogante supone una gran incógnita. Porque el presidente, convertido en una súper estrella de la libertad mundial como pregona y como se autodefine, o bien de la extrema derecha internacional como lo han querido ungir; una más que controversial extrema derecha, la que se juega en España y en el resto de Europa una partida trascendente en las próximas elecciones de la Unión, es también y a la vez quien tiene que conducir a la Argentina hacia un estadio de estabilidad y tranquilidad económica.
Entonces, ¿a qué le está dando mayor importancia y preponderancia? O ¿qué lo entusiasma más? Si fuera por los resultados conseguidos en menos de medio año como líder institucional del país y referente de la derecha internacional, parece evidente que la pasa mejor afuera del país que adentro en donde lo esperan, en cada esquina, un ramillete florido de traumas, dramas y problemas por resolver.
El fallido Pacto de Mayo es, a las claras, uno de las auto metas que el propio Milei se impuso sin un resultado favorable. Puede que lleve su firma o su postergación a otras fechas iguales de significativas como la del 25 de mayo, tales como el 20 de junio o bien el 9 de julio. Lo mismo da, se puede agregar. El tema es que tampoco trabajó con constricción para lograr el objetivo, como tampoco lo ha hecho con la Ley Bases y las medidas fiscales que se discuten en el Senado.
Así como el presidente puso el cuerpo y el alma, más su comentado histrionismo y excentricidad, en los encuentros con el magnate Elon Musk, en los que protagonizó en Israel o en los del último fin de semana en España, por citar sólo tres, no ocurrió lo mismo con las metas políticas estratégicas y de gestión que tiene dentro del país y que a esta altura conforman una deuda que crece. En tanto su principal y no menos importante éxito conseguido, el de acorralar la inflación y quizás el hecho de haber evitado un proceso de híper por nadie deseado, podría tener mucho más brillo del que tiene si se hubiera comprometido más en la búsqueda de un acuerdo con la oposición dialoguista, o con la decena de gobernadores que casi a los gritos le han pedido atender algunas demandas con lo que, posiblemente, incluso hubiese conseguido a esta altura las leyes fundacionales en las que se asienta, o asentaría, su plan de gobierno.
También es cierto que a Milei un halo de buena suerte lo acompaña, que su imagen no se deteriora y que continúa manteniendo de su lado un significativo nivel de confianza de parte de millones de argentinos sufrientes que le dijeron no a todo un modelo perverso de deterioro y miseria que dominó al país por casi dos décadas. ¿Por cuánto tiempo más?, es otra pregunta pertinente. Por ahora tiene el terreno bien abonado o el campo orégano para seguir soñando con sus metas las que, posiblemente, sean las mismas metas y el mismo sueño de la inmensa mayoría del país; otra vez, lo hayan votado o no. Pero de lo que no hay duda es de lo que esa inmensa mayoría quiere y busca a expensas de un sufrimiento único.
