Existe un punto en la Quinta Sección donde la velocidad de la ciudad parece detenerse. En la calle Paso de los Andes 146 Whitman Parador Las Flores ha logrado trasladar la atmósfera silvestre de Potrerillos al cemento, fusionando un bar de diseño con el entorno de un vivero.

El nuevo proyecto gastronómico es una propuesta inspirada en los tradicionales beer gardens europeos, que integra la vegetación con la mística de la montaña y la gastronomía de autor.

La recuperación de un clásico

La apertura de este espacio no es solo una novedad comercial; representa el regreso a la Ciudad de la cerveza Jerome (cuya fábrica se encuentra en Potrerillos), tras ocho años de ausencia.

Bajo la visión de su creador, Eduardo Maccari, el parador busca recuperar el concepto original de los jardines cerveceros del Viejo Continente, donde la interacción social sucede de manera orgánica, rodeada de verde.

A diferencia de los patios cerveceros convencionales, este “refugio urbano” apuesta por una integración con el paisaje botánico. Aquí, las plantas aromáticas no son un simple decorado: migran directamente a la coctelería de autor, mientras que los clientes pueden disfrutar de su bebida entre especies que, si lo desean, pueden adquirir para llevar a sus hogares.

Gastronomía con identidad de montaña

La propuesta culinaria abraza la identidad del fuego y la materia prima local. La carta se centra en una parrilla de sándwiches donde conviven clásicos con opciones disruptivas, como hamburguesas de cordero y conejo, además de una cuidada selección de platos vegetarianos.

El menú combina con una pizarra de cervezas artesanales de diversos estilos que prometen ampliarse mes a mes, una bodega de vinos seleccionados y coctelería clásica. La meta es ofrecer luego un formato de tapeo ligero pero de alta calidad, diseñado para quienes buscan una experiencia gastronómica relajada pero exigente.

Cultura y diseño en formato boutique

Con capacidad inicial para 30 personas, el espacio prioriza la exclusividad y la tranquilidad. La iluminación cálida y las mesas entre la arboleda crean un microclima que invita a la sobremesa larga.

El proyecto ya ha comenzado a dinamizar la zona con una agenda cultural que incluye sets de DJs, música en vivo y eventos colaborativos con bodegas y productores regionales.

De esta manera, el parador se posiciona no solo como un bar, sino como un punto de encuentro donde convergen la tradición cervecera, el diseño paisajístico y el pulso cultural de la Mendoza contemporánea.