Una nueva ola de bodegones, cantinas y clubes maridan platos abundantes y vinos de autor con arte, música y objetos de nostalgia. Así, en los últimos tiempos, salir a cenar se ha convertido en una experiencia inmersa en la cultura: desde veladas de tango y jazz hasta bibliotecas compartidas, noches de juegos y rincones que rinden homenaje a la memoria.

En pleno corazón de la Ciudad, varias propuestas vienen marcando este camino:

Uno de ellos es El Bar de Don José. Instalado en una emblemática casona que albergó al legendario bar “Los 2 Amigos”, este espacio en La Alameda recupera el espíritu de bodegón desde una clara perspectiva de gestión cultural. Su propuesta apuesta fuertemente por géneros como el flamenco, el folclore, el tango, y ciclos de jazz y blues, además de sumar talleres de danza, música y una biblioteca virtual, sumado a una propuesta gastronómica sencilla y sabrosa. Dirección: Av. San Martín 2307, Ciudad.

Por su parte, Biri Biri se define como una “cantina cultural” que entrelaza el relato del exilio con la comida callejera latinoamericana reinterpretada artesanalmente. Para romper la individualidad, propone mesas comunitarias durante los shows (sin cobro de entrada), noches de trivia y juegos, convirtiéndose en un punto de encuentro accesible para estudiantes, artistas y turistas. Dirección: Rivadavia 680, Ciudad.

Finalmente, un proyecto que aún no abre sus puertas es Astor Club, liderado por el sommelier y empresario Aldo Graziani. El local ocupará un multiespacio de más de 1.200 m² conectado al Hotel Diplomatic, con una propuesta que promete maridar alta cocina y coctelería con una cava destacada y una compañía estable de 14 músicos y bailarines de tango que actuarán en un escenario propio en el subsuelo. Dirección: Sarmiento 756, Ciudad.

Una nueva propuesta desembarcó en el Este mendocino

En esta misma sintonía de rescatar la calidez del encuentro y la cultura popular, el Este mendocino sumó su propia apuesta con Vinito, un espacio ubicado en Remedios de Escalada 420 del departamento General San Martín. La propuesta se define como “bodegón de pueblo” y busca devolverle al comensal el sabor de lo familiar.

Ideado por una pareja apasionada por la gastronomía, el vino y el arte, el proyecto surgió bajo la premisa de ofrecer un refugio reconfortante donde sentirse “como en casa” y degustar sabores familiares, mientras se disfruta de propuestas artísticas o se lee un libro de literatura clásica.

La ambientación está repleta de guiños nostálgicos: tocadiscos, radios antiguas, juguetes de lata, banderines de clubes de barrio, teléfonos a disco y fotos que relatan historias de vida de la zona, mientras que la carta se destaca por la generosidad de sus porciones en las pastas artesanales y las milanesas, así como el vino servido en jarras y pingüinos.

El local ofrece una experiencia distinta cada noche, con una grilla artística que abarca desde tango, folclore, rock y jazz, hasta noches de humor, magia y stand up. Además, el espacio organiza festivales patrióticos y veladas temáticas.

De cara a lo que viene, sus creadores ya proyectan ofrecer almuerzos dominicales, el desarrollo de un espacio de productos regionales y la reapertura de su patio para disfrutar de veladas al aire libre durante la próxima temporada de primavera-verano.

Así, la gastronomía mendocina confirma que el verdadero valor de salir a comer está en la experiencia compartida. Cuando la buena mesa se marida con arte y nostalgia, la sobremesa se vuelve inolvidable.