Portugal venció 2-1 a Croacia y avanzó a octavos de final del Mundial 2026, pero el resultado quedó opacado por una de las jugadas más polémicas del torneo. En el minuto 12 del tiempo adicional, Josko Gvardiol marcó lo que parecía ser el 2-2 que forzaría el alargue. La celebración croata duró segundos: el VAR intervino y anuló el tanto. La FIFA emitió un comunicado para defender la decisión.
El argumento central fue la tecnología del balón oficial, el Adidas Trionda, que lleva incorporado un sensor IMU -unidad de medición inercial- capaz de enviar 500 paquetes de datos por segundo a la sala del VAR. Ese chip detectó un roce del delantero croata Igor Matanović al intentar cabecear el balón en la trayectoria previa al gol, un contacto invisible para el ojo humano pero registrado por la tecnología. “Los sensores son capaces de detectar cualquier contacto leve”, señaló la FIFA en su comunicado.
Ese toque fue determinante: al certificarse que Matanović tocó el balón, el punto de referencia para medir el fuera de juego se trasladó a ese fotograma exacto, y Mario Pasalic —quien recibió el pase antes del remate de Gvardiol— quedó en posición prohibida. La jugada sumó otra capa de complejidad porque el defensor portugués Renato Veiga también rozó el balón antes, pero su intervención fue catalogada como involuntaria y, según la Regla 11, ese tipo de contacto no invalida un fuera de juego previo.
La tecnología, que se estrenó en la Eurocopa 2024, tuvo en este partido su aplicación más polémica en una fase eliminatoria mundialista. Croacia se fue del Mundial con un profundo malestar. La FIFA cerró el debate con los datos del chip: el contacto existió, el fuera de juego fue correcto y el gol no subió al marcador.
