Tras repetitivas situaciones de violencia familiar, a sus 17 años, Lucas Tula tomó la decisión de llamar a la Línea 102, destinada a proteger los derechos de niños, niñas y adolescentes. Inmediatamente, al ser menor de edad, ingresó a un hogar de Mendoza.
Durante el año que permaneció en la institución, presenció hechos que lo marcaron de por vida y por los cuáles decidió involucrarse desde adentro, para cambiar la realidad de cientos que jóvenes cuyos derechos se ven vulnerados.

Cuando aún estaba en el hogar, Lucas empezó a ser voluntario en otras residencias de la provincia. Una tarea voluntaria que luego pasó a ser su trabajo.
Ahora, con la intención de seguir “aportando su granito” y bajo el lema, “jóvenes ayudando jóvenes”, próximamente empezará a recorrer diferentes provincias del país, participando de voluntariados.
Además, mientras recorre las jurisdicciones, planea presentar proyectos para que se empiece a capacitar a los adolescentes en temáticas con salida laboral.
La vida en un hogar
El año que Lucas vivió en un hogar representó un antes y un después en su vida. Si bien los primeros meses no fueron sencillos, conocer la realidad de estas instituciones le permitió definir aquello que desea hacer a lo largo de su vida: ayudar a los más vulnerables.
“Al principio no tuve ningún tipo de contacto con el exterior. Viví un montón de cosas que me ayudaron a entender cómo funcionaba el hogar. A partir del tercer mes, empecé a salir y presenté una nota para ser voluntario en otros hogares. Eso me dio pie a lo que yo quería comenzar a hacer“, señaló Lucas en diálogo con El Sol.

Consultado por aquello que lo motivó a comenzar con este voluntariado, el mendocino de 19 años expresó que “tenía ganas de aportar. A mí el Estado me había permitido estar en un lugar para terminar el colegio, me había sacado de toda esa violencia parental. Tenía ganas de devolver eso”.

Pero el camino no fue fácil. En las instituciones se encontró realidades muy duras, que no siempre tenía el mejor final. Falta de recursos, de compañía emocional, derechos vulnerados y dificultades económicas, fueron tan solo algunas de las situaciones que enfrentó.
Porque su aporte no solo fue durante el año que permaneció en el hogar, sino que una vez que egresó del mismo, Lucas continuó asistiendo a las instituciones con el deseo de mejorar la calidad de vida de los chicos. Así logró conseguir cupos laborales, capacitaciones, salidas recreativas, entre otras cosas.
Su próximo proyecto
Tiempo atrás, el joven dejó (momentáneamente) su actividad en los hogares para encarar un nuevo proyecto. Dentro de muy poco, empezará a recorrer diferentes provincias del país, donde participará de voluntariados.
“Empecé a ver sitios para ver cómo lo podía hacer realidad. Ahí encontré una plataforma en donde vas a proyectos sociales, en los que trabaja un grupo de personas. Aportás tu granito“, explicó.
“Yo voy a estar más que nada aportando ideas, en organización, no tanto en la mano de obra porque hay que cumplir un horario y yo voy a seguir trabajando“, agregó.
Entre tanto, Lucas planea presentar un proyecto a las autoridades de las jurisdicciones que recorra. Tendrá que ver con capacitaciones para los jóvenes de hogares, en actividades relacionadas a la tecnología, para que luego puedan tener salida laboral.
El primer destino de Lucas será San Juan, en donde una mujer abrirá un merendero y él viajará a colaborar. Luego partirá a Córdoba y a fin de año planea estar en Buenos Aires, para luego seguir su recorrido solidario.
