A sus 36 años, Maxi Pereira divide sus días entre largas jornadas manejando Uber y un sueño que lo acompaña desde la infancia: convertirse en cantante. Mientras recorre las calles de Mendoza, aprovecha cada viaje para mostrar sus canciones a los pasajeros y recibir opiniones que lo ayuden a crecer como artista.
Una conversación cualquiera puede terminar de una manera inesperada cuando alguien se sube al Uber de Maxi: “¿Te gusta la música?”, suele preguntar después de unos minutos de viaje.
Si la respuesta es positiva, saca el celular y comparte alguna de las canciones en las que viene trabajando. Entonces, espera. Escucha la opinión de alguien que no conoce y que probablemente nunca vuelva a ver.
Para este vecino de Godoy Cruz, cada pasajero representa una oportunidad para acercarse a un objetivo que persigue desde chico: vivir de la música.
“Quiero que me diga la verdad gente que no me conoce. Si les gusta o no les gusta. La mayoría me ha motivado a seguir porque me dicen que tengo buena voz y que siga avanzando”, contó a El Sol.
Aunque hoy pasa hasta ocho horas por día manejando, su historia con la música comenzó mucho antes.
Cuando estaba en la escuela ya sentía una fuerte atracción por los instrumentos y las canciones. Más adelante, junto a amigos del barrio, formó un grupo de cumbia y dio sus primeros pasos como cantante.
“Siempre fui muy tímido. Me costaba mucho estar frente a la gente, pero cuando empecé a cantar me di cuenta de que era lo que quería hacer”, recordó.
Con el tiempo la banda se disolvió y la vida siguió por otros caminos. El sueño quedó en pausa, pero nunca desapareció.
Hace poco decidió volver a intentarlo. Bajo el nombre artístico de MaX-i el Broder comenzó a grabar nuevas canciones y a trabajar en un estilo propio que mezcla dos géneros que lo marcaron desde siempre: la cumbia y el reggaetón.
“Me gustaría hacer algo diferente. Mezclar los dos estilos para que la gente escuche, baile y se identifique”, explicó.
Para Maxi, Uber no es solamente una fuente de ingresos. También es una herramienta para darse a conocer.
“Antes trabajaba en otros lugares y nadie podía escucharme. Acá hablo con mucha gente y se abren puertas. Hay muchas oportunidades”, aseguró.
Incluso sueña con convertir esa experiencia en contenido para redes sociales. Quiere mostrar cómo son sus jornadas, las historias que surgen durante los viajes y el detrás de escena de su camino como artista.
Según explicó, abrirse paso en la música desde Mendoza no es sencillo y muchos artistas terminan buscando oportunidades en Buenos Aires. Sin embargo, él apuesta a construir su propio camino.
“Quiero hacerme viral mostrando quién soy realmente. Que la gente vea que vengo de abajo y que todo se puede lograr de a poco”, expresó.
Creyente y aferrado a la fe, cada mañana comienza de la misma manera: una oración, una canción y el inicio de una nueva jornada al volante.
Mientras suma kilómetros por las calles mendocinas, sigue persiguiendo el mismo objetivo que tenía cuando era adolescente. Y aunque todavía no sabe cuándo llegará la oportunidad que espera, está convencido de que cada pasajero puede acercarlo un poco más a ese sueño.
