En la vieja casona de calle Alem, lo esperaban militantes y vecinos de la ciudad. Allí se encontraba el presidente de la UCR, Sergio Pinto, junto a otros dirigentes.

Minutos antes, la tradicional arteria de ingreso a la capital contenía su bullicio diario. Pero cuando las tres carrozas que portaban sus coronas dieron vuelta la esquina, el ánimo cambió. La música del gimnasio se detuvo, el tránsito ya estaba cortado y algunos se acercaron a tocar el vidrio donde se reflejaba su nombre.

Hubo aplausos, lágrimas y, desde las paradas de colectivos, gritaban: “Gracias, Viti, por la ciudad”.

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