Tras el impacto por el caso de la docente que increpó violentamente a un alumno por cuestionar al kirchnerismo, el calificado docente y psicopedagogo Alejandro Castro Santander, director general del Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica de Cuyo, desmenuzó un análisis del caso. 

Para el especialista los estudios psicofísicos que se tienen que hacer a los docentes son los cimientos de una educación responsable: “Así como lo hacemos flojito con la policía, lo hacemos flojo con los docentes. Y estamos hablando de responsabilidades importantes. Cualquiera no puede estar al frente de un curso”.

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Sobre qué cosas habría que tener en cuenta para que estos hechos no sucedan, Castro Santander puntualizó: “Muchos docentes y alumnos que comentan la noticia dicen que esto pasa a cada rato. Si es así, hay que empezar a poner un poco más de límites. Que no vayan en contra de la libertad de expresión o la libertad de cátedra, pero sea una especie de libertad con responsabilidad”.

Y agregó: “Hay cosas que no podes decir en cualquier lugar y también se debe cuidar el cómo lo decís. El contexto y la forma“. 

“En este caso de la docente K, habría que analizar mejor si se habla de adoctrinamiento, porque para que lo sea, se debe tener la constancia de que esta docente viene haciendo esto desde hace mucho tiempo con sus alumnos. Si sigue siempre un mismo discurso y una misma estrategia de no dejar participar”, analizó el docente. 

“Podría haber sido un debate, pero no lo fue. La docente dijo lo que piensa enojada, porque un estudiante piensa de otra manera, y no lo deja participar. Expone ella, y de mala manera su pensamiento. Ella lo que está haciendo es decir ‘yo soy la que sabe y vos estás equivocado’; y por la manera despectiva en que trató al estudiante, muchos consideramos en que hubo violencia“, sentenció.

“Desde el punto de vista pedagógico, estuvo pésimo. Hizo todo lo que no se debe hacer. Desde el punto de vista de la opinión, ejerció su libertad de cátedra, pero de manera equivocada por las formas”.

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Libertad de cátedra vs abuso de poder

A este caso, hay que enmarcarlo en la libertad de opinión, libertad de cátedra: hasta ahí podríamos aceptarlo en parte, porque ya está instalado a nivel de escuelas sobre todo universitario. Se acepta que un docente exprese sus ideas y las defienda, las fundamente, pero permita también con mucho respeto, la participación de otros.

En el caso de esta docente, no se le critica su pensamiento, su ideología, sino la forma: “La docente tenía la oportunidad de aprovechar el tema para abrir un debate, en donde ella podía expresar sus ideas, y también permitir que todos los chicos opinen. Pero no lo permitió. Solo se ve una persona enojada. Entonces aparece lo que llamamos abuso de poder“.

Libertad de cátedra: en escuela estatal sí, en escuela privada no

En general, en una escuela estatal, no hay problemas con ejercer la libertad de cátedra y expresar ideas por parte de los docentes siempre y cuando sean fundamentados. En el caso de la docente K, el problema fue no haberle permitido a los estudiantes participar y debatir con respeto.

En el caso de las escuelas privadas, ahí sí ya tenés problemas porque escuelas y universidades tienen sus idearios educativos, y en esos idearios se expresa qué cosas se pueden y que cosas no se pueden. Son los valores que se van a tratar, como una propuesta educativa”, explicó el licenciado en Gestión Educativa.

“Por ejemplo, en una escuela privada religiosa, con respecto a un valor tan controvertido como la vida, un docente no puede ponerse a hablar a favor del aborto con los chicos. Esto sería una causal de despido. Ningún juez va a decir que ese docente no puede ser echado de su cargo. Porque va en contra de los límites que te pone la misma constitución en que no se puede decir lo que se te ocurra”, graficó Castro Santander. 

Hasta que no se filmó, nadie tomó cartas en el asunto

Algunos podrían decir que es una docente apasionada en estos temas. Otros “decimos que es una descontrolada. Y sus alumnos dicen que siempre procede de esta manera. Entonces entra a jugar la gestión directiva”, dijo el especialista.

“Hasta que no se grabó esto, no se conoció. Pero lo que dicen los estudiantes y hasta sus ex alumnos es que siempre acostumbra a hacer eso. Creo que hay que sumariar al directivo que gestiona“, opinó el docente.

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“Llevo 40 años trabajando en las instituciones educativas, y puedo decir que en los últimos 15 años se ve mucho esto, en relación a lo que antes se podía decir. Antes era raro que se vieran estas cosas. Quizás sí se daban lindos debates en la universidad, pero siempre fundamentados, no como en este caso”, agregó. 

Los chicos advierten las ideologías rápidamente 

El caso de la docente K acusada socialmente de querer adoctrinar pegó mucho en la opinión pública, porque lo que se vio fue una persona que habló sola y que cuando el alumno le hizo un comentario, lo descalificó de mala manera.

“Siempre que hablamos de abuso de poder, hablamos de violencia. La docente no permite la crítica; la que siempre fomentamos entre los estudiantes. ¿Qué alumno puede atreverse a disentir con ella?”, expresó Castro Santander.

“Los chicos, al segundo día de estar con un docente, te dicen ‘me parece que es K, me parece que es macrista’, los chicos lo ven rápido, y no está mal que se den cuenta, tampoco que el docente exprese sus convicciones. Lo que está mal es el discurso único, ser despectivo. Le faltó decir ‘vos sos tarado’”, opinó el escritor mendocino.

“Hay muchos docentes que son muy imprudentes con sus estudiantes, lo vemos en todos los niveles. Incluso disienten con los padres sobre la crianza de hijo, y no lo dicen ni lo trabajan de la mejor manera”, agregó.

La grieta entre amigos y familia, llegó a la escuela

Se han polarizado demasiado los puntos de vistas personales, sobre todo políticos. Antes se podía hablar de estos temas no tan acaloradamente, pero hoy es complicado, sobre todo en los últimos años. “Hay dos posiciones y muy desencontradas, lo veo a nivel personal, a nivel académico y a nivel familiar”, afirmó Castro Santander.

“Los vínculos humanos y cómo nos tratamos, se ha ido distorsionando. Las formas en que dirimimos diferencias dice que el respeto se fue perdiendo. Hay habilidades sociales que se perdieron como no ser capaz de ponerse en el lugar del otro“, argumentó el facultativo.

“Cuando una persona me expresa algo, tratar de entender porqué lo piensa, y no enfrentarme inmediatamente. Esto ha aumentado, se agudiza con el correr de los días”, finalizó el profesional.