Tiene diez meses para intentar ganarle los comicios generales a Mariano Rajoy. No es mucho tiempo, sobre todo cuando todas las encuestas pronostican una arrolladora victoria del líder del Partido Popular (PP). Pero Alfredo Pérez Rubalcaba ha logrado ya insuflar optimismo en un Partido Socialista (PSOE), que se sumió en una crisis interna tras el castigo de los ciudadanos en las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo en España.
“Ahora sólo pienso en ganar”, ha dicho. El vicepresidente primero y ministro del Interior aún no es candidato oficial del PSOE a las elecciones generales de marzo del 2012, a las que José Luis Rodríguez Zapatero renunció a presentarse, tras dos mandatos en La Moncloa. Oficialmente es sólo candidato en las primarias de la formación. Candidato único, salvo sorpresas, e impulsado por la cúpula de poder territorial y federal del PSOE, eso sí.
Tanto los dirigentes socialistas como los medios de comunicación y los analistas lo tratan ya como el sucesor de Zapatero. Y así se comporta él también. Tanto que, aunque no ha querido develar detalles, habla ya de un “programa” y un “proyecto” para España, que serán “de continuidad y cambio”. “Continuidad”, porque Rubalcaba es al fin y al cabo parte del gobierno de Zapatero, en el que entró en el 2006.
Y no es un miembro cualquiera: es el hombre fuerte desde que en octubre del 2010 el jefe del Ejecutivo sumó a su cargo de ministro del Interior los de vicepresidente primero y portavoz. Y “cambio”, porque es por lo que el PSOE apuesta en estos momentos para recuperar de cara al 2012 a los votantes que lo abandonaron en las elecciones municipales y autonómicas, como castigo a la gestión gubernamental de la crisis económica.
Entretanto, el PP ataca ya al más que probable contendiente de Rajoy. “Cambiar de cara no sirve, hay que cambiar de política”, en palabras de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, una de las líderes territoriales más importantes del partido conservador. Rubalcaba “es lo contrario del cambio que necesita España”, dijo el vicesecretario de Política Autonómica y Local del PP, Javier Arenas.
RESUCITADOR. Once años después de que un casi desconocido diputado por León se hiciera con las riendas del PSOE, con un discurso de optimismo y renovación, el partido necesita un nuevo líder que sustituya a Zapatero, alguien que tome el pico y la pala e inicie la reconstrucción de una formación que, el 22 de mayo, perdió 1,5 millones de votos, y con ellos, casi todo su poder territorial.
“El PSOE es un partido de gobierno y de mayorías. No vamos a las elecciones para obtener derrotas dignas, sino para obtener victorias democráticas, con las que desarrollar nuestros proyectos políticos. Os pido que tengáis tantas ganas de ganar como yo”, dijo Rubalcaba a los socialistas, después de que el comité federal del PSOE le diese su respaldo como candidato a las primarias. Un respaldo criticado desde fuera como un “dedazo”: es decir, como una imposición de la dirección del partido, que, sin consultar a los militantes, ha decidido que Rubalcaba sea la mejor opción.
Tras la debacle electoral del 22 de mayo, la peor en la historia del PSOE, las posibles batallas de unas primarias podrían hacer mucho daño a la formación. Y así lo entendió la ministra de Defensa, Carmen Chacón, cuando anunció que renunciaba a presentar su candidatura y competir con Rubalcaba para evitar que se pusiera “en riesgo la unidad del partido”, la “autoridad” de Zapatero e, “incluso, la estabilidad del Gobierno”. Rubalcaba “tiene y es capaz de generar toda la confianza y la credibilidad que el partido necesita en este momento”, aseguró Zapatero en el comité federal.
El presidente del Gobierno seguirá ocupando la secretaría general del PSOE hasta los comicios generales de marzo del 2012. Y eso llevará a una bicefalia por partida doble: Zapatero seguirá siendo jefe del Ejecutivo y líder del PSOE, mientras que el vicepresidente será el candidato a ocupar su lugar en La Moncloa en los comicios de marzo.
QUIÉN ES. A los 59 años, Rubalcaba se ha convertido en la esperanza socialista en un momento en el que el partido es consciente del rechazo de una parte importante de los ciudadanos, que sufren los efectos de una crisis económica que ha dejado casi cinco millones de desempleados en España. La trayectoria política de este doctor en Ciencias Químicas es dilatada, como ha destacado él mismo.
Entró en el 2006 en el Ejecutivo de Zapatero, pero también formó parte de los gobiernos de Felipe González: entre 1992 y 1993 fue ministro de Educación y Ciencia y, en ese último año, fue nombrado ministro de la Presidencia y de Relaciones con las Cortes, erigiéndose en una pieza clave en la última etapa del felipismo. Y fue quien actuó como portavoz mientras al Gobierno le golpeaban casos de corrupción y el de los ilegales Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), que actuaron como escuadrones de la muerte contra ETA.
Esa etapa es precisamente uno de los dardos que utiliza el PP para atacarlo. En el gobierno de Zapatero siempre ha sido el miembro más valorado por los ciudadanos. Y es que han sido muchos y muy importantes los éxitos conseguidos frente a ETA con él como ministro del Interior. Quizá por eso, con todas las encuestas en contra –previas, eso sí, a su candidatura– no se resigna a ser un digno perdedor en el 2012.
Rubalcaba “va a tener ante sí una tarea de un gran esfuerzo”, dijo Zapatero. “Pero debo recordar que alguien que es un esprínter, que es capaz de correr 100 metros en poco más de 10 segundos, es capaz de ganar en diez meses unas elecciones”, manifestó, recordando los tiempos de atleta del hoy vicepresidente primero. Este mes de junio, Rubalcaba recorre las federaciones socialistas del país para explicar a los militantes por qué quiere concurrir a las elecciones generales dentro de diez meses, cuál es su apuesta.
Su papel de vicepresidente primero y portavoz le otorga la oportunidad de poder ser juzgado por todos los españoles, ya que su intención es no renunciar a sus cargos gubernamentales cuando sea proclamado candidato a La Moncloa. Si todo sigue el cauce que se espera, eso ocurrirá el 18 de junio. Durante la campaña para las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo fue aclamado ya en algunos mitines por militantes y simpatizantes al grito de “¡presidente! ¡presidente!”. “A mí los militantes del PSOE me quieren”, ha dicho él. En marzo del 2012 serán las urnas las que decidan si ese grito se convierte en más que en un deseo de los socialistas.
