En los últimos años, Mendoza ha mejorado el proceso de adopción, facilitando con nuevas herramientas digitales que los procesos judiciales sean más ágiles. Sin embargo, hay una realidad que se da a nivel nacional. Las familias que están en lista de espera tienen como prioridad los bebés, menores de 0 a 2 años, o los pequeños de hasta 5 años.
Los niños mayores a esas edades, incluso los adolescentes o los chicos con discapacidad, quedan postergados hasta la llegada de una familia que acepta el desafío de ser padres de chicos de ese rango etario.
Pero una de las familias que aceptó el reto fue la que conformaron Carolina y Ezequiel que, tras no poder ser padres por la vía biológica, hace un año se convirtieron en padres de Eeilen, la menor de un grupo de hermanos, que llegó a un hogar del Estado ubicado en Tunuyán con sólo 6 años y permaneció allí hasta los 11, cuando finalmente fue adoptada.

El desafío de adoptar a una preadolescente
La historia de Carolina y Ezequiel tiene un final feliz, pero el proceso para lograrlo no fue sencillo. Ambos residen en Tupungato y siempre soñaron con ser padres. Tras varios intentos sin poder lograrlo por la vía biológica aceptaron el desafío de la adopción.
“El camino de la adopción no estaba en mi mente, jamás se me ocurrió hasta que en la bodega Rutini, donde trabajo hace años, el personal de Recursos Humano me lo presentó como alternativa luego de ver la tristeza que quedó en mi tras perder los embarazos“, contó Carolina.
Así fue como junto con su esposo decidieron transitar el camino de la adopción. Luego de un año de sanar su alma y prepararse para lo que vendrá, se inscribieron en el Registro Único de Adopción, pusieron como condición un niño o niña menor a 5 años y esperaron.
“Al poco tiempo nos llega un mail y nos manifiestan que estaba la posibilidad de adoptar a una nena de 11 años y aceptamos el desafío sin dudarlo. Nos habían dicho que la mayoría de las familias se inclinaban por bebés recién nacidos o niños chicos y pensamos que darle la oportunidad a esta pequeña era algo muy lindo“, expresó.
Carolina contó, además, que son un matrimonio muy creyente, que asiste a una iglesia cristiana evangélica y que la llegada de la niña no era más que la voluntad de Dios, su propósito.

Acompañados por el equipo del RÚA, tanto por psicólogos y asistentes sociales, Carolina y Ezequiel fueron aprendiendo y descubriendo lo que implicaba una adopción de una pre adolescente y allí entendieron que esos niños tienen derecho a tener una familia y apostaron a ser una familia de tres.
“Tras la revinculación, la niña llegó a nuestro hogar y al tiempo decidió cambiar su nombre y apellido de origen. La convivencia fue un desafío, ya que de pensar en cambiar pañales pasamos a criar a una nena casi adolescente, con ideas propias y una historia de vida dura, ya que durante su infancia vivió sumida a una familia en la que reinaba la violencia doméstica“, contó Carolina.
Frente a esas situaciones de violencia que la chica vivenció, sus padres adoptivos han trabajado mucho para brindarle la confianza de que nada malo le pasará.
“En nuestro matrimonio nunca hubo un acto o gesto de violencia, siempre primó el respeto, el diálogo el abrazo y en ese ámbito estamos criando a Eeilen. Estamos formados en base al amor, la paciencia y ese es el camino por el que nuestra hija va“, refirió Carolina.
A la hora de contar sobre su vínculo actual con su familia biológico, Carolina contó: “El 28 de enero del 2024 llegó a nuestro hogar y nunca más quiso volver al hogar en el que se encontraba ni relacionarse con sus hermanos. Pese a que nosotros entendíamos que era necesario ese vínculo su decisión fue cerrar esa etapa y la respetamos“.
Asimismo, aseguró que para la menor su familia son ellos dos. “De hecho, a las dos semanas de haber llegado a la casa nos llamó mamá y papá y ese momento fue inolvidable. Una sensación que no se puede expresar con palabras, algo que uno anhela que pase, pero que no depende de uno“, manifestó emocionada.

Hoy la vida de Eeilen es la de una niña normal, ya incorporada en la familia. Asiste a una escuela de Tupungato con muy buenas calificaciones y ha logrado avanzar gracias al amor que estos dos padres junto a su entorno le brindaron.
Para el matrimonio, la posibilidad de adoptar no termina en Eeilen, sino que ya sueñan con poder agrandar la familia y, a pedido de su hija, la idea es que llegue al hogar un varón menor que ella. “Ella siempre será nuestra princesa“, cerró Carolina.
