El Arzobispado de Mendoza emitió un comunicado para alertar sobre la presencia de dos sacerdotes que no pertenecen a la Arquidiócesis local y que no están autorizados para ejercer el ministerio pastoral.

En concreto, no tienen ningún tipo de licencias en sus diócesis de origen ni tampoco en Mendoza, por lo que no pueden presidir misa en ninguna capilla ni en sus casas; ni recibir confesiones, ni administrar los restantes sacramentos o asistir a matrimonios.

“Por diferentes motivos han llegado a Mendoza”, señalaron en el Arzobispado, pero evitaron dar precisiones. El comunicado habla, además, de “graves irregularidades”.

Los curas en cuestión son Gustavo Caro, del Clero de La Pampa, y Andrés Quiroga, del Clero de Venado Tuerto, Santa Fe.

Después del escándalo desatado por el caso Próvolo, la autoridad eclesiástica decidió exigir controles más rigurosos cuando un sacerdote llega a la provincia.

Entre las exigencias, aparece un apto psicofísico y una carpeta de antecedentes para confirmar que su llegada no tiene nada que ver con dejar atrás un pasado oscuro, tal como ocurrió con el fallecido Nicola Corradi, condenado en 2019 en Mendoza a 42 años de prisión por abusos sexuales perpetrados en el instituto para niños sordos que funcionaba en Luján de Cuyo.

Corradi había sido denunciado por abusos en Verona (Italia); llegó a Argentina y sumó acusaciones en La Plata, hasta que recayó en Mendoza intentando borrar su pasado.

“En nombre de Cristo, fuera de la casa de Dios”

Andrés Quiroga se hizo famoso en mayo del año pasado cuando, mientras celebraba una misa en la localidad de Amenábar, fue interrumpido por efectivos policiales que le pidieron que suspendiera el servicio. Eran tiempos de restricciones duras debido al alerta epidemiológico en que estaba el país y este tipo de actos religiosos estaban prohibidos.

 

Quiroga levantó un crucifijo y echó a los efectivos como si se tratara de un exorcismo.

Sin embargo, ya había protagonizado otras polémicas. Por ejemplo, en 2011, en una clase de catequesis, indagó a una adolescente de 17 años sobre sus conductas sociales. Esto fue advertido por otros alumnos que cuestionaron al sacerdote y reprobaron su actitud. En respuesta, Quiroga le manifestó a uno de los chicos que su padre tenía una amante.

Diferencias dogmáticas

En el caso de Gustavo Caro, su impedimento para estar al frente de una congregación está ligada con cuestiones internas de la conducción eclesiástica. 

Desde que Jorge Bergoglio se convirtió en el papa Francisco, Caro ha mostrado diferencias dogmáticas con la interpretación del rol que debe ocupar la Iglesia a nivel social.

Eso lo alejó de la diócesis de La Pampa y de la comunidad de Parera, el pueblo de esa provincia del cual es oriundo.