Foto: El Sol.

Entre el 1 de septiembre de 2005 y este 8 de noviembre de 2023 transcurrieron exactamente 6.642 días. Ese fue el tiempo que pasó desde la publicación en el Boletín Oficial de la Nación del decreto de la designación de Walter Ricardo Bento como titular del Juzgado Federal N°1 de Mendoza hasta el fallo del Consejo de la Magistratura que determinó su remoción.

Fueron 18 años, 2 meses y 7 días desde aquella norma legal firmada por el entonces presidente Néstor Kirchner a esta decisión mayoritaria del Jury de Enjuiciamiento, que con seis votos a favor y uno en contra puso fin a la carrera judicial de Bento, destituido este miércoles por “mal desempeño” de sus funciones.

El ahora ex magistrado federal repitió una y otra vez que llegó al cargo tras rendir un examen en el que superó a Dante Vega. Desde ese momento, siempre de acuerdo con su relato de Bento, el actual fiscal general lo odia.

Lo que Bento no dijo nunca, menos públicamente, es que su designación fue impulsada por el histórico operador justicialista Juan Carlos “Chueco” Mazzón, por entonces mano derecha de José Luis Manzano. Se podría decir que su carrera transitó en paralelo con el kirchnerismo, aunque lo cierto es que durante su accionar como juez federal con competencia electoral de Mendoza mantuvo una buena relación con gobiernos radicales y peronistas.

Cultor de un perfil absolutamente bajo y siempre distante con la prensa, su nombre tomó relevancia pública por primera vez en 2011 cuando, en plena guerra entre el kirchnerismo y Clarín, ordenó un allanamiento en Cablevisión a pedido del grupo Vila-Manzano.

La Corte Suprema luego anuló las actuaciones y cuestionó el accionar del magistrado por extender su competencia mas allá de Mendoza. Incluso fue denunciado un año más tarde ante el Consejo de la Magistratura, aunque el pedido de juicio político fue desestimado. Esta vez no tuvo la misma suerte.

Pasión por los búhos

El destituido juez es ferviente creyente, hincha de Boca y con una particular pasión por coleccionar estatuas de búhos, que inundan su despacho en el edificio de los Tribunales Federales de Mendoza. Ese hábito lo comparte con María Romilda Servini, la poderosa magistrada que se transformó en una especie de mentora y protectora de Bento.

Durante fines de los 80, antes de ingresar a la Justicia Federal de Mendoza, fue empleado en una casa de cambios en la Ciudad de Buenos Aires. Allí comenzó a forjar una fortuna, según relató su esposa Marta Boiza, a quien había conocido en unas vacaciones en Chile.

El matrimonio se instaló en Mendoza en 1992 y la primera en conseguir trabajo en el edificio de calles España y Pedro Molina de Ciudad fue Boiza, quien era secretaria del entonces juez Alfredo Manuel Rodríguez (a cargo del Juzgado Federal N° 3). Ella fue el nexo para que su esposo se convirtiera en el titular de una Secretaría Penal que estaba vacante.

El juzgado maldito

Paradójicamente, su antecesor como titular del Juzgado Federal N° 1, Luis Leiva, también fue destituido por mal desempeño, en mayo de 2002. Tres años después, ese codiciado cargo de magistrado con competencia electoral fue ocupado por Bento, quien siempre se hacía llamar “doctor”, marcando distancias y un dejo de superioridad con sus interlocutores.

Una anécdota refleja esa actitud. Las pocas veces que Bento accedía a brindar notas era en época de elecciones y, en ese contexto, un periodista y un fotógrafo de un medio mendocino se acercaron a su despacho para realizar una entrevista.

“Buen día. Walter…”, lo saludó uno de los trabajadores, casualmente tocayo del juez federal destituido, mientras le extendía su mano para saludarlo. “Walter no. Doctor Bento”, respondió con tono firme y cortante, interpretando que su interlocutor se había animado a tutearlo. Ante la incómoda situación, el coprotagonista de la particular historia tuvo que explicarle que no fue su intención llamarlo por su nombre de pila, sino simplemente presentarse.

El principio del fin

Políticos y empresarios poderosos; represores y acusados de delitos de lesa humanidad; narcotráficantes y contrabandistas. Durante muchos años, Bento estuvo a cargo de las causas más resonantes ya sea como titular del Juzgado Federal N° 1, subrogando a otros juzgados vacantes o como magistrado con competencia electoral. Por ese motivo se transformó sin dudas en el hombre más fuerte de los Tribunales de calle España.

El principio de la caída de su imperio podría fecharse el 6 de marzo de 2020, cuando la Policía de Mendoza detuvo al narcotraficante prófugo Walter Bardinella Donoso, posteriormente condenado.

El teléfono del delincuente fue la llave que abrió una caja de pandora. Así las cosas, el 24 de septiembre de 2020, la Dirección de Lucha Contra el Narcotráfico elevó un informe preventivo a la Justicia Federal a partir de la pericia realizada a ese aparato que reveló por primera vez la presencia de un “gran jefe” como presunto cabecilla de una compleja red dedicada al cobro de coimas a presos federales. Los indicios y la investigación del juez Eduardo Puidgéngolas y el fiscal Vega determinaron que ese líder sería nada menos que Bento.

Las pruebas contra el removido juez federal se fueron acumulando y la investigación se dividió en dos caminos paralelos. Por un lado, el Consejo de la Magistratura entró en escena en junio de 2021, cuando el “caso Bento” comenzó a ser analizado por la comisión de Disciplina y Acusación.

Recién a mediados de mayo de 2023 se aprobó el dictamen para dar inicio al proceso de juicio político, que finalizó este miércoles con la destitución, basada en cinco aspectos fundamentales: realizar maniobras para entorpecer u obstaculizar la investigación penal en su contra al negarse a entregar su celular y documentos de viajes; no declarar en una operación de compra-venta de un inmueble que se trataba de persona políticamente expuesta; obtener “inescrupulosamente” un crédito hipotecario para adquirir supuestamente una vivienda uso único y familiar, cuando ya poseía varias propiedades; omitir incluir información en sus declaraciones juradas presentadas ante el Poder Judicial de la Nación; y contravenir la normativa vigente al inscribirse en un concurso para ser juez de la Cámara Federal de Casación Penal, cuando no podía hacerlo por estar siendo juzgado.

Por otro lado, el 25 de septiembre pasado comenzó el debate oral, a cargo del Tribunal Oral Federal N° 2 de Mendoza, que juzga a Bento y a otros 30 procesados (entre ellos, Boiza y dos hijos del matrimonio), algunos de ellos presos. El ex magistrado estaba protegido por sus fueros, pero ese escudo desapareció con su remoción. Por eso fue detenido algunas horas después de conocerse el fallo del Jury de Enjuiciamiento del Consejo de la Magistratura.

En el juicio que se desarrolla en Tribunales Federales, más allá de las presuntas extorsiones a contrabandistas y narcotraficantes, se ventilaron otras supuestas irregularidades de Bento. Por ejemplo, se puso la lupa en la fascinación familiar por los viajes al exterior, principalmente a Miami y Las Vegas en Estados Unidos, abonados con diferentes medios de pago imposibles de rastrear por los investigadores.