Cuando en prácticamente todo el país las sesiones ordinarias ya llevan semanas abiertas, en Mendoza la política se toma su tiempo. Hay que esperar hasta el Día del Trabajador para ver a los legisladores y al gobernador juntos en el recinto con motivo del puntapié inicial del año parlamentario. No es una casualidad ni un simple capricho del calendario: hay razones profundas, históricas y culturales, que explican por qué la provincia mantiene esta particularidad.

En el calendario legislativo nacional, la foto es otra. El primer día de marzo marca el comienzo formal para el Congreso, y también para la mayoría de las provincias: este año, por ejemplo, fueron catorce los distritos que acompañaron la apertura nacional, entre ellos Buenos Aires, Córdoba y Tucumán. Un mes antes, en febrero, Entre Ríos y Córdoba habían comenzado a mover sus piezas. Mientras que en abril fue el turno de Jujuy, San Luis y San Juan. Mendoza, en tanto, comparte el cierre de la ronda con Catamarca, Misiones y Santa Fe.

¿Por qué aquí es distinto? Las respuestas están ancladas en dos tradiciones que atraviesan tanto la política como la vida rural mendocina.

Una de las explicaciones nos remonta a mediados del siglo XIX, cuando Juan Bautista Alberdi -el gran arquitecto de la Constitución Nacional de 1853- sugirió que el 1° de Mayo se estableciera como fecha simbólica para abrir las sesiones. No era un día cualquiera: ese mismo día, en 1851, Justo José de Urquiza se había alzado contra Juan Manuel de Rosas, en uno de los hitos más resonantes para el federalismo argentino.

Para Alberdi, quien aborrecía todo lo que el caudillo bonaerense representaba, honrar el levantamiento de Urquiza era un gesto de reafirmación política y cultural. Las provincias, entonces, replicaron esa fecha en sus propias constituciones.

La reforma constitucional de 1994 movió el calendario nacional al 1° de marzo, pero algunas provincias decidieron sostener su viejo calendario, fieles a esa impronta histórica que todavía late en sus instituciones. Mendoza, no fue la excepción.

Viñedos, cosechas y la lógica del campo

Pero la historia no siempre se escribe sólo en libros de leyes. Hay otra explicación que tiene raíces más terrenales, tan profundas como las de una vid mendocina.

En una provincia donde la economía y la vida social giraron, giran y girarán alrededor de la agricultura, los primeros diputados y senadores eran, en su mayoría, hombres de campo. Para ellos, el año no empezaba en enero ni en marzo: la vida política podía esperar, porque primero había que levantar la cosecha. Solo después, con los granos guardados y las viñas descansando, era tiempo de meterse a la arena política, que por si fuera poco, en ese entonces era “ad honorem”.

Ese ciclo agrario definió costumbres y prioridades. Y esa herencia, mezcla de pragmatismo rural y tradición política, explica los motivos por los que Mendoza mantiene el 1° de Mayo como el día que marca el inicio de su año legislativo.