Las topadoras, los loteos y el avance de los desarrollos inmobiliarios arrasaron en los últimos años con parte del histórico cinturón verde de Mendoza. Frente a ese escenario, distintas iniciativas comenzaron a tomar fuerza en la provincia con un objetivo urgente: rescatar los olivos centenarios de la motosierra y recuperar una actividad que supo marcar la identidad económica mendocina.

Durante décadas, Mendoza fue una de las principales regiones olivícolas del país. Sin embargo, los cambios en el negocio agrícola, el abandono de fincas y el crecimiento urbano pusieron en riesgo miles de ejemplares plantados por inmigrantes europeos hace más de un siglo.

Actualmente, frente a esa crisis, surgieron proyectos que combinan preservación ambiental, rescate patrimonial y una apuesta por reposicionar a Mendoza en la producción de aceite de oliva de alta calidad.

Uno de los casos más emblemáticos se desarrolla en Maipú, donde la familia Cicero creó un santuario que ya alberga más de 5.000 olivos centenarios. De acuerdo con los responsables de la iniciativa, muchos de esos árboles fueron trasladados desde terrenos destinados a barrios privados y reubicados en un espacio especialmente diseñado para garantizar su conservación.

La propuesta busca preservar los ejemplares, poner en valor su historia y convertir el lugar, a futuro, en un espacio abierto al turismo y a la comunidad.

El motor detrás del rescate

En paralelo, el enólogo y maestro aceitero Gabriel Guardia impulsa otra campaña enfocada en rescatar árboles históricos y volver a posicionar a Mendoza dentro del mapa internacional del aceite de oliva virgen extra de alta gama.

Con más de tres décadas de experiencia en el sector, Guardia trabaja desde su proyecto Corazón de Lunlunta y lidera acciones destinadas a evitar la desaparición de olivares antiguos. Su tarea incluye recorrer fincas de distintos departamentos para identificar ejemplares en riesgo y coordinar su traslado, un proceso complejo que requiere maquinaria pesada, logística especializada y una importante inversión económica.

Uno de los avances más relevantes de esta iniciativa fue la creación de la primera Guardería de los Olivos en Guaymallén, impulsada junto al municipio. Allí, los árboles recuperados son replantados en espacios públicos para conservar su valor histórico y genético.

La preocupación detrás de estos proyectos va mucho más allá de lo productivo. Variedades como la arauco —única en Sudamérica— representan parte de la identidad agrícola mendocina y un patrimonio genético de enorme valor.

Quienes impulsan estas acciones sostienen que la recuperación de los olivares también puede transformarse en una oportunidad para reconvertir el sector, apostar por la calidad extrema y recuperar el prestigio internacional que Mendoza perdió en las últimas décadas.