Casi con total seguridad, el común de los mortales se ha iniciado en las “artes amatorias” en la cama. Sin dudas, y si ha pasado algo de tiempo desde los comienzos, ya se habrán aprendido algunas cosas en el lecho desde entonces. De manera que este puede ser un buen momento para tomar esa experiencia y esa confianza, y sacarla a la calle. Literalmente. No hay que olvidar que hay muchas cosas que hacer en esta corta vida antes de morir.

    Y una de ellas es salir del catre y tener sexo apasionado en cualquier otro lugar. Así, al menos, lo consideran Marsha Norman y Joseph St. James, autores del libro 101 lugares donde practicar sexo antes de morir, editado por Libros Cúpula. ¿Cuál es el lugar más insólito donde has practicado sexo? Si no puedes responder a esta pregunta, no hay de qué preocuparse, porque Norman y St. James nos proponen unos cuantos. Algunos lugares son peligrosos, otros son de difícil acceso y otros excitantes, si lo que gusta es lo posibilidad de ser pillado.

    “Como mínimo, son excusas estupendas para tentar a tu pareja con un lugar nuevo para ir de vacaciones o para asistir a un acto cultural”, dicen los autores. Si se está todavía en la universidad al leer esto, con seguridad se podrá completar la lista casi sin dificultad. No hay que olvidar que la flexibilidad es una cualidad importante para algunos espacios. Si se está en la madurez y aún no se ha salido del dormitorio, más vale empezar ya –sugieren Norman y St. James– porque la lista es bastante larga y, entre los niños, el trabajo y la hipoteca no se suele tener mucho tiempo libre. Los de más de 70, probablemente, podrán marcar muchos de los lugares como “hecho”. Y es que, según apuntan los autores, los jubilados de hoy en día son más activos sexualmente que nunca.

ALGUNAS CONSIDERACIONES ANTES DE EMPEZAR. El libro 101 lugares donde practicar sexo… pretende ser un libro práctico. En este sentido, cada localización viene con una casilla que se debe marcar cuando se haya probado, exitosamente, el lugar indicado. Además, cada sitio está clasificado del 1 (fácil) al 5 (sólo para expertos). También hay un sugerente listado de los “artículos necesarios” para llevar a buen puerto la aventura sexual, así como los “peligros” que se pueden presentar. Antes de empezar de lleno con algunos emplazamientos, conviene tener muy en cuenta que, como apuntan los autores, “lo importante no es acabar la lista, sino el camino que recorrés para completarla”. Y es que no se trata de caer lesionado en la primera prueba.

ALGUNOS CLÁSICOS. La playa, más que un clásico, es todo un cliché. Si ya se ha practicado sexo en ella, se sabrá que la arena es de todo menos romántica. Ahora bien, el sonido de las olas, el agua tocándote los pies, qué duda cabe, algo de atractivo sí que tiene. Para aquellos que estén convencidos de esta aventura de agua salada y arena, los autores proponen una variedad que acarrea menos picores: la plataforma del salvavidas.

    Ahora, una recomendación: es importante percatarse de que esté vacía, y llevar consigo una toalla para mantenerse –siempre relativamente– libre de arena. El coche es otro de los grandes clásicos, aunque cuando se es estudiante más que un capricho puede ser casi una necesidad. Suele ser incómodo, sobre todo si ya se tiene cierta edad. La clave del coche está en hacerlo sobre el capó. También es muy relevante el lugar que se seleccione –las vistas aquí pueden aportar mucho. Los riesgos: las abolladuras, el motor recalentado y, en particular, la “popularidad” del lugar dónde se estacione.

    Siempre puede haber algún que otro mirón. En el caso del ascensor, el peor enemigo es el tiempo. Pero no sólo. La operación conlleva una cierta preparación y también un poco de suerte. Y es que, además del riesgo claro de que las puertas se abran ante la mirada atónita de los espectadores, está también la circunstancia de que la mayoría de los ascensores actuales llevan cámaras de vigilancia. Por lo tanto, la clave está en planearlo bien. Salir con una vestimenta cómoda –se trata de perder el menor tiempo posible– y llevar algún abrigo largo para ocultarse.

    Siempre se puede detener el ascensor entre dos pisos, pero, por lo general, esto puede activar alguna alarma de emergencia. El clásico romántico es la chimenea. Delante del fuego es fácil enamorarse; nada como el juego de luces y sombras para realzar la belleza. Ahora bien, aquí el único peligro –salvando el de las chispas y el de la inhalación de humo– es que la imagen idílica del acompañante desaparezca tan pronto el fuego se apague y las luces se enciendan.

NO TAN CLÁSICOS. Un no tan clásico –aunque últimamente popularizado por el cine– es el sexo sobre el lavarropas. La magia aquí consiste en transformar un espacio común en un antro lujurioso y, sobre todo, en probar novedosas posturas vibrando a unos siete kilómetros por hora. Los peligros pasan por el grado de equilibrio y precisión que se tenga. No hay que olvidar que se trata de mantenerse sobre la máquina. Las cabinas para sacarse fotos no son de los más populares pero conviene citarlas. La escasa cortina y el taburete son, sin dudas, un impedimento, ya que dejan al descubierto todo lo que haya de cintura para abajo.

    Así que la estrategia pasa por desprenderse de todas las prendas superiores. El premio: unas cuantas fotos que inmortalizarán el momento. Ni hablar de las posibilidades que da un baño público, con complicaciones varias pero muy excitantes. Visto desde cerca, el gimnasio de Pilates puede parecerse más a una sala de tortura que al lugar perfecto para dejarse llevar por la pasión, pero, si se piensa mejor, hasta los nombres de los aparatos pueden sonar sugerentes.

    Tenemos, por ejemplo, el Cadillac, una mesa larga con postes de los que es posible colgarse cabeza abajo y sujetarse en posiciones bastante antinaturales. El Barril es bueno para los estiramientos y te deja con el cuerpo arqueado y hacia atrás y con ambas piernas sujetas en la escalerita. Como dicen Norman y St. James: “Sólo existe una razón que pueda justificar esa posición”. La fiesta de Navidad tiene sus alicientes.

    Entre el champán y el gorro de Papá Noel, más de uno puede parecer adorable. Ahora, la parte complicada está en tener mucho cuidado a la hora de elegir al partenaire. Si no se quiere fallar, el becario que no volverá después de vacaciones es la mejor opción. Sobre todo porque el lunes siguiente no estará en la empresa. Mala idea –si se quiere mantener el trabajo– es seducir al jefe de Recursos Humanos o al gerente. Para ir acabando, y si se tiene la oportunidad de viajar, Nueva York es un lugar que hay que visitar. En particular, Central Park.

    Y es que el tiovivo, el estanque de Harlem Meer, los jardines de las Quinta Avenida, todos tienen muchas posibilidades para consumar un encuentro sexual. Para los autores, el mejor lugar es en medio del lago. Sólo hay que alquilar un bote, remar y disfrutar de la vista de la Quinta Avenida y del horizonte urbano de Central Park West. Lo único a tener en cuenta: que muchas parejas se hacen la foto de boda junto al lago, y que no conviene quedar inmortalizado en alguna posición indecorosa. El catálogo de lugares donde practicar sexo puede llegar a ser infinito y nada mejor que el propio criterio para proponer nuevos y sugerentes sitios. De lo que se trata es de mantener encendida la chispa de la pasión y, por supuesto, de no hacerse daño –ni ser detenido– en el intento.