Carlos Melconian es uno de los protagonistas de la política nacional. En Mendoza, hubo empresarios que se quedaron fuera del salón del Hyatt Hotel para escucharlo. El portavoz económico de Patricia Bullrich tiene una misión específica: tirar abajo el concepto de dolarización de Javier Milei. Pero por más entrevistas y conceptos que dio en la última semana, un usuario de redes sociales deconstruyó el discurso del economista que sabe cómo darle títulos a los diarios. Y lo hizo meme.
No hay político que hoy no sea convertido en meme y cuya figura, por más parsimonia, puede ser recortada y servir como sticker para rematar una conversación por WhatsApp con multiplicidad de usos. El problema es ser cringe, ese concepto que revela la “vergüenza ajena” ante ciertos mensajes.
De hecho, el potencial de un candidato pasa por ser memeable: que alguien lo edite y ofrezca un nuevo significado. Podría decirse hasta cierto punto que la popularidad de un dirigente en las redes sociales se mide en la dimensión del meme.
“Las figuras políticas pueden explotar este nuevo paradigma o ‘perecer’ en el intento. La difusión de todas su acciones, comentarios e incluso vida personal puede transformarse en motivo de burla o de linchamiento mediático“, explicó Paula Quiroga, comunicadora social cuya tesis fue precisamente sobre este fenómeno de la comunicación viral.
Como fenómeno de una internet más participativa pero también reactiva a los discursos políticos, una de las claves es precisamente “la viralidad” que “deja claro que hay un componente de descargo en el uso del meme y entendemos que el usuario comparte porque se siente representado por lo que está observando, le provoca risa porque entiende el sentimiento detrás del chiste y se siente mejor al burlarse de aquello que le genera rechazo y molestia“, precisó Quiroga.
El otro punto es la sátira, la falta de respeto hacia una figura que, ante los electores, ya no tiene la misma autoridad que antes. Adriana Amado, analista de medios, observa que el meme “está hecho para hacer ruido, es disruptivo” y en un momento donde los periodistas quedan atrapados en el menú de temas de los políticos en campaña, “corre la agenda que está pausada”.
En otras palabras, está en el orden del humor político, aunque ahora ya no hay una bajada de línea del capocómico de la TV, sino que es parte de una producción anónima que produce un contenido sin importar su calidad estética y que nunca se sabe dónde llegará ni qué impacto tendrá.
Guerra de guerrillas
Mientras en los partidos mendocinos aseguran que no hay usinas creadoras de memes concentradas en una producción de desgaste del candidato rival, en las agencias de comunicación y publicidad reconocen que los candidatos les piden crear este tipo de piezas para sus campañas.
“En general, lo hacen los militantes más jóvenes“, aseguraron desde el radicalismo. “Hoy tiene más fuerza un meme que una comunicación producida. Y las agencias se ponen la camiseta“, admitió un publicista mendocino que pidió reserva, pero agregó que lo que hay es mucha “generación espontánea”.
Adriana Amado pone un paréntesis en esta necesidad de sumarse a la ola que urge a los políticos. “El meme que crea el equipo de campaña es muy correctito y no suele ser potente. Los que funcionan, son los auténticos. Es un espacio que funciona cuando la gente puede decir algo en una campaña donde no se le pregunta nada“, objetó la analista.
Pese a todo, Omar De Marchi tiene su propio sitio oficial de memes, De Marchi Mundo, que funciona como banco de imágenes, donde se puede subir y descargar una creación propia. Por su parte, los referentes del bullrichismo local también rematan sus chats con la candidata a presidenta, mientras que en la UCR parece estar más regulado: indicaron que en los canales han pedido que no se envíe este tipo de piezas, que quedan más que nada para los grupos de cercanía.

Pero en un contexto avanzado de la campaña, lo que se ha instalado es una especie de guerra de guerrillas que se libra en las redes sociales, bajo perfiles anónimos que incluso tienen más seguidores que los candidatos oficiales y que son fábricas de imágenes.
“Claramente en la política hay una guerra en lo digital. Lo que antes se daba en el territorio, que se sigue dando, por qué no se daría en lo digital“, advirtió Diego Berná, publicista de La Proa, la agencia que craneó la campaña de Luis Petri en las PASO de Mendoza, y agregó: “La diferencia es que en lo digital son anónimos, son cuentas falsas“.
Por esto, hasta el meme con el peor sentido estético y diseñado de la manera más rudimentaria, puede ser un arma de doble filo. “La parte más oscura o la degeneración del meme son las fake news, porque está argumentada y tiene una intencionalidad, que por lo general es mala“, recalcó Berná.
Pero también ha habido un cambio. Amado detalla que, en otra época, Cristina Fernández de Kirchner le respondía por cadena nacional a los memes. Hoy, Javier Milei se empodera gracias a los mismos, aunque sean en contra.
“Estamos en otra versión de la política espectáculo”, apuntó la docente e investigadora, para dar cuenta de que se transitó del candidato “memorable” al “memeable”. Y en este universo, “Milei es el mas memeable, es lo que lo hace atractivo, porque se enoja con los periodistas y no con los memes. Se monta en esa fuerza colectiva”.
Stickers
No hay dirigente que pueda decir que esté a salvo de ser memeable. Aunque no sean conscientes de quedar posterizados. “Si fuese político, la verdad que le tendría pánico. Están expuestos permanentemente. Creo que no se dan cuenta, en el fondo lo saben, pero no le dan atención al contenido, a cómo lo van a decir. Y quedan expuestos a la picardía del meme o a la astucia del opositor“, definió Berná.
Por supuesto que los mismos dirigentes comparten y en algunos casos se picudean entre pares. En el grupo de WhatsApp de los intendentes de Cambia Mendoza, más allá de las invitaciones formales en los respectivos municipios y algunas discusiones sobre la coyuntura, cada tanto se cuela algún meme. Sobre todo, cuando hay algún clásico entre River y Boca. “Es motivo de gastada”, señalaron.
En la esfera de WhatsApp, las caras conocidas de la política mendocina aparecen de manera simpática y en otras no tanto.
El hit de los stickers políticos que siempre se comparte en todo chat es este de Alfredo Cornejo que es compartido por radicales, peronistas y hasta libertarios.

Está Mario Vadillo, candidato a gobernador por el Partido Verde.

Por el lado del peronismo, el intendente de Tunuyán y candidato a diputado nacional Martín Aveiro también tiene su sticker.

Está, por supuesto, el ex gobernador Celso Jaque, que quiere volver a ser intendente de Malargüe:

Anabel Fernández Sagasti también ha sido “víctima”, pero sirve para graficar más de una situación totalmente ajena a la política -y al peronismo-.

¿Se acuerdan de Nicolás del Caño, que en algún momento representó a Mendoza en el Congreso? También tiene sticker.

El ex gobernador Paco Pérez ayuda para ocasiones en las que no tenemos idea de algo:

Un Omar De Marchi positivo:

Pero no todos son políticos, también hay jueces de la Suprema Corte, como José Valerio y Omar Palermo, que circulan en los chats de los abogados.

