Luego de más de dos años de cortes, quejas de comerciantes y caos vehicular, los trabajos de la calle San Juan llegaron a su fin y la transitada calle quedó habilitada tanto para peatones como para vehículos.
Si bien los trabajos eran necesarios, los propietarios de los negocios de la zona aseguraron que se sintieron muy perjudicados por el tiempo de demora, incluso, advirtieron que lo vivieron como una “pandemia” de la obra pública.
En un principio, se estimaba que la obra iba a demandar una demora de unos 540 días, aproximadamente. Sin embargo, por diferentes imprevistos los trabajos se postergaron por más de dos años, generando grandes dolores de cabeza, sobre todo, a los comerciantes de la zona que sufrieron importantes pérdidas económicas.

Los trabajos fueron totalmente financiados por fondos provinciales y están incluidos dentro de un ambicioso plan de inversiones que Aysam está realizando para la “mejora continua de los servicios que presta a los mendocinos”, según marcaron de forma oficial.
Entre la incertidumbre y la falta de clientes
Tras la habilitación definitiva de la calle, los comerciantes se mostraron aliviados porque los trabajos terminaron, pero muy dolidos por lo que vivieron.
“Fueron dos años de mucha incertidumbre y mucha pérdida económica. Hoy vemos lo vivido y realmente no fue nada fácil. Los comercios históricos, los que siempre estuvieron pudieron sobrevivir, pero hubo muchos locales que cerraron sus puertas. El daño fue bastante”, expresó Sabrina, encargada de una panadería de la zona.
La mujer contó, además, que tuvieron que modificar los horarios de atención, ya que luego de las 15 no circulaba nadie por la zona y la inseguridad comenzó a crecer y mucho.

Nicolás, dueño de una mercería familiar, aseguró que “no fue una situación fácil de afrontar, lo bueno es que nosotros no teníamos empleados y así pudimos hacer frente al negocio, pero vivimos meses muy duros”.
El joven contó que el negocio tiene más de 20 años y su padre, creador del mismo, vivió esta experiencia como cuando lo abrió.
“Esperábamos que los clientes vinieran y no ocurría, nos mirábamos las caras con los comerciantes de la zona y también vimos como muchos bajaron sus persianas para siempre“, contó.

Otra comerciante que también celebró la habilitación de la calle fue Carolina, empleada de una tienda de indumentaria deportiva.
La joven manifestó que “el golpe que sufrió el comercio fue grande, a tal punto, que tuvieron que habilitar una página web para poder vender mediante la modalidad online”.

Además, aseguró que “tuvieron que reducir una hora el horario de atención, de 9 a 16 pasaron a 9 a 15 y, en la actualidad, mantienen esa misma hora.
“En la siesta la zona se muere, no circula mucha gente, por lo que no conviene casi abrir en horas de la tarde”, justificó.
La “pandemia” de la obra pública
Para Hugo, dueño de un café que funciona desde 1986, los arreglos de la calle San Juan se transformaron en la “pandemia” de la obra pública.
“Fue durísimo abrir las puertas del café y no tener clientes. Fue la segunda pandemia que vivimos y no lo pasamos nada bien. Pese a eso, pudimos resistir y hoy estamos felices, celebrando la llegada de los clientes”, contó el dueño del lugar, mientras saludaba a sus clientes.
Hugo es la segunda generación del café, se hizo cargo en el 2007, y desde entonces es su fuente de ingreso.

“De un día para el otro dejamos de recibir a los padres que dejaban a los chicos en los colegios de la zona y venían a tomar un café, los clientes de los comercios aledaños que pasaban y se tomaban su cafecito o simplemente los transeúntes que circulaban por el lugar y paraban a desayunar. El local se despobló y no fue fácil sobrellevar la situación”, contó.
Hoy el panorama es otro. Hace una semana la calle se habilitó y la gente volvió al lugar. Las mesas volvieron a ocuparse y el olor a café sobresale cuando uno pasa por la vereda.
“De a poco el negocio se va reactivando y hoy, después de dos años de estar frenados por la obra, también es momento de que nosotros nos reactivemos y le demos una lavada de cara al lugar. Por eso estoy pensando en pintar, remodelar y volver a levantar esto que hace dos años se cayó“, confesó Hugo.

Entre la inoperancia y la desidia
Otro de los comerciantes que también se mostró ofuscado por el tiempo que demoró la obra para su culminación fue Esteban, propietario de MH Parabrisas.
El empresario valoró mucho que el Estado realice este tipo de obras de mejoramiento, sin embargo, alegó que “para que estos proyectos prosperen deben planificarse y hacerse teniendo en cuenta una organización, de lo contrario pasa lo que pasó”.
El hombre dio cuenta del perjuicio económico que sufrió, con una baja de clientes que superó el 50%.
“Tuvimos que montar una obra paralela para poder habilitar el negocio por calle Primitivo de la Reta y que de ese modo los clientes pudieran llegar. Todo eso demandó mucho dinero y tiempo invertido, pero no podíamos quedarnos de brazos cruzados y sin trabajar”, comentó.

Asimismo, Esteban aseguró que si bien el año pasado, la comuna comandada por Ulpiano Suarez, decidió exceptuar de la Tasa por Derechos de Comercio a aquellos comerciantes que por la obra se vieran afectados en su actividad, “este año nos están cobrando el doble de lo que pagábamos hace un año atrás, es decir, el año de gracia lo pagamos hoy, una clara invitación a irnos”.
Finalmente, el empresario remarcó que “durante los casi dos años de obra, los puentes de los comercios quedaron destruidos, las veredas no fueron reparadas y los cables del trole no fueron retirados, por lo que seguramente, en un tiempo no muy lejano la calle volverá a cortarse para realizarse esos trabajos que se podrían haber concretado, pero que muchos prefirieron evitar”.
