Foto: El Sol.

Paula Andrea Puebla Brunato es bibliotecaria y llegó a la escuela N°4.073 Adolfo Bioy Casares, ubicada en el Barrio Infanta, en marzo de este año. Una institución que ella misma describió como “fantasma”, sin alumnos en el patio, sino encerrados en un aula con sus pantallas. Una realidad que en los últimos meses dio un giro gracias al trabajo de esta mujer apasionada por los libros.

Con compromiso y creatividad, Paula propuso armar un espacio para que los chicos abandonaran el mundo cibernético para lograr conectarse con ellos mismos y también generar vínculos. Así fue como, poco a poco, con mucho esfuerzo y a partir de donaciones, Paula alcanzó lo anhelado: una biblioteca escolar.

La biblioteca también tiene un sector lúdico. Foto: El Sol.

Un espacio que inaugurará oficialmente el martes 1 de julio, pero que los estudiantes ya pueden visitar. Allí se encontrarán con libros de todo tipo y un rincón lúdico, en el que los chicos pueden jugar y hasta practicar con instrumentos musicales.

Paula, la bibliotecaria que avanzó en la creación de un nuevo espacio. Foto: El Sol.

Además, esto no fue planeado únicamente para los alumnos de la institución; los docentes desean que a futuro se convierta en un espacio para la comunidad y que sirva de inspiración para que otros centros educativos de la provincia sigan los mismos pasos.

El punto de inflexión

Yo entré a una escuela que era lo más parecido a una escuela fantasma. A los chicos no los veías por los patios, no los veías por ninguna parte. Entrabas a los cursos y los chicos estaban calladitos, sentados con su teléfono“, relató Paula a El Sol.

Tras observar esta situación, y además notar que los docentes eran los únicos que se acercaban a la biblioteca, la mujer se propuso hacer algo al respecto. “Esto no puede ser así. Hay que hacer algo urgente“, se repitió en aquel entonces.

Los chicos tienen que dejar sus celulares y zapatillas antes de ingresar. Foto: El Sol.

El primer paso fue salir a buscar a los chicos al recreo para conocer sus gustos e intereses. También aprovechó para preguntarles si estaban interesados en que llevara a la escuela algunas revistas. Le respondieron que sí.

Paula preparó bolsitas con medias para entregarles a los chicos y que puedan utilizarlas dentro de la biblioteca. Foto: El Sol.

Llevé las revistas y las puse desordenadas sobre una mesa. Quería ver si les interesaba. El chico interesado las iba a acomodar. Entonces, venían los chicos y las acomodaban. Después llevé revistas de mandalas y estaban como locos. Ahí empezó la transformación“, contó la bibliotecaria.

Biblioteca donada

Además de Mendoza, Paula vivió en diferentes lugares como Buenos Aires e Italia. Allí conoció mucha gente a la que, explica, ayudó con diferentes favores cuando lo necesitaron.

Me hice amigos y empecé a ayudar a esa gente que necesitaba, con distintos favores. Cuánto te debo, me decían. Yo les respondía que en algún momento me lo iban a pagar, pero que ese no era el momento. Yo les iba a avisar“, explicó.

Aquel momento del que ella hablaba, llegó este año. Cuando la mujer empezó a planear cómo quería que fuera la biblioteca, se comunicó con sus amigos para pedir ayuda. Las donaciones llegaron (y sigue llegando) desde diferentes partes del mundo. A partir de todos los presentes, fue que lograron armar este espacio ubicado en la escuela Adolfo Bioy Casares.

Paula junto a Bernarda, quien también está en la biblioteca. Foto: El Sol.

La respuesta de los alumnos

Si bien la apertura oficial es el próximo martes, los chicos de la escuela ubicada en Las Heras ya disfrutan de la biblioteca. La profesora de Historia, Gisella Galdame, armó un video que refleja cómo se sienten los chicos con la nueva incorporación.

“Tengo un espacio cómodo en donde puedo compartir con mis amigos”; “Me gusta el espacio de ajedrez”; “Lo que más me gusta es leer, tener libros y buscar lo que me interesa”; “Es un espacio cómodo, en donde puedo estar tranquila”; “A mí me gusta la decoración, la tranquilidad”; “Ahora podemos interactuar con los libros”; fueron los testimonios de los estudiantes que ya no que se quedan encerrados en las aulas con sus celulares, sino que eligen mirarse a los ojos y además de aprender, compartir un buen momento en la biblioteca junto a sus compañeros y amigos.