La comunidad huarpe de la Laguna del Rosario, Lavalle, recibió recientemente la titularización de un poco más de 72 mil hectáreas. Este reclamo histórico es sólo para uno de los 11 grupos de descendientes reconocidos oficialmente. El Sol estuvo en el lugar y dialogó con el presidente de la comunidad en cuestión, Eudes Nievas. A unos 100 kilómetros del centro de Lavalle, el paisaje se torna cada vez más árido y seco. El sol hace sentir sus rayos sobre la piel de las personas. De muy pocas palabras, de rostro duro por las necesidades que sufren en la zona, pero con un corazón muy fuerte que le ayudó resistir todos estos años, Nievas nos recibió en el Centro Comunitario Huarpe, donde siempre se reúnen para discutir los asuntos del pueblo.
El hombre, a sus 60 años, se dedica enteramente a la crianza de chivos, además de ser el vocero de los habitantes. Nievas afirma que a lo largo de la historia ha tolerado muchas mentiras, porque hay varios sectores que ven mal el relacionarse con el Gobierno. El problema principal son las reiteradas traiciones que el pueblo huarpe ha tolerado durante varios siglos, desde la llegada de los colonos hasta la fecha. Algunos habitantes se organizaron en grupos y consiguieron subsidios por medio del Ejecutivo Nacional para mejorar las viviendas y la calidad de vida. También obtuvieron cobertizos para cuidar los animales en invierno. El presidente de la comunidad lagunera aseguró que, por otro lado, hay malentendidos y que por a eso le han cerrado muchas puertas. Sin embargo, tiene muy en claro cuáles son sus raíces.
“Mi identidad no la vendo por espejos de colores. Hemos salido criticados en diversos medios de comunicación, pero quien pierde su propia identidad pierde su destino”, comentó. Para que se firmaran las escrituras de 72.000 hectáreas del distrito Lagunas hubo que hacer un fraccionamiento de la totalidad de las tierras reclamadas para no entrar en conflicto con las comunidades vecinas. La escritura está a nombre de la comunidad de la Laguna del Rosario y cada familia recibirá una copia del título. En total son 172 jefes de familias, que incluyen a gente mayor y niños. Una vez que los varones formaron una pareja, ya son considerados jefes de hogar, pero las mujeres también son consideradas en esta categoría si son separadas y tienen que mantener a sus hijos. En cuanto al uso de la tierra, no cambia nada. La diferencia es la importancia y el poder legal que tiene la escritura, ya que no permite la invasión de gente ajena a la comunidad.
“Si, antes, alguien quería talar unos árboles o hacer algo en nuestro terreno, nosotros no teníamos las herramientas para ir a la Justicia y reclamar. Por eso, nuestros territorios ahora lucen así, porque por años se llevaron los recursos naturales. Hoy estamos respaldados en las normas legales”, explicó Nievas. Las comunidades han hecho muchos esfuerzos como recurrir al artículo 75 de la Constitución Nacional, en el que se habla de los derechos de los pueblos originarios y otras legislaciones nacionales y provinciales. Además, han hecho referencia a convenios internacionales (ONU). “Estas son leyes que hablan de la autonomía de los pueblos originarios. Venían señores que se hacían llamar representantes legales de un pueblo, cuando en realidad no lo eran.
Ni siquiera eran originarios”, contó el presidente. El pueblo tiene una permanencia de más de 100 años en ese lugar y, lamentablemente, se ha perdido mucho de su cultura como su lengua y sus costumbres. Al ser un pueblo pacífico y sumiso, personas malintencionadas lo sometieron a lo largo de la historia. Pero la postura apunta a seguir poniéndose firme en sus propósitos. “Es un pueblo que no merece ser cuestionado. Recién en el último año se han reconocido algunos de nuestros derechos. No bajé los brazos y la gente tampoco. Pero seguimos marginados y olvidados”, indicó Nievas. Como representante del pueblo, consideró que es imprescindible hacer algo con respecto al agua como fuente de vida. A la zona de la Laguna del Rosario solamente le llega el caudal del río Mendoza. Como la mayoría subsiste de las cabras y las pocas vacas, el agua de riego es muy necesaria.
Por eso recurre a las aguas subterráneas que extrae por medio de bombas. En verano se registra un mayor caudal del río, pero será difícil este año porque se ha pronosticado que habrá escasez por las pocas nevadas que se registraron. Nievas contó que el pueblo le viene reclamando al Departamento Provincial de Irrigación que le envíe los pulsos de agua que provienen del dique en Potrerillos. “No hay voluntad de mejorar la calidad de vida. Antes de la construcción del dique pasaba más agua que entraba por el camino de la zona de la Laguna”, contó el descendiente de huarpes.
DIFERENCIAS. En el 2008, los laguneros les revocaron el poder al abogado y al sacerdote del lugar que gestionaban el tema de las tierras porque no querían construir otra escuela. Después se pidió que el Municipio articulara la titularización y allí se comenzó a producir la ruptura con las otras comunidades. Hubo muchas reuniones en las que discutieron pasar de una ley a otra o si se hacía un título único, es decir comunitario o no. Las otras 10 comunidades (Asunción, Guaquinchay, Telteca y San José, entre otras) no están de acuerdo con que los laguneros hayan firmado con el Gobierno. Sin embargo, Nievas aseguró: “Nosotros queremos que se nos den nuestras tierras, los apoyamos.
El proceso puede seguir. Yo no tengo diferencias con las otras comunas, sino con algunos representantes. Mucha gente del interior de cada comunidad me da su apoyo. No es así con los presidentes porque responden a otras personas que les dicen qué hacer. Yo no me opongo a los derechos de nadie y por eso conseguimos lo que conseguimos”. Los encuentros siguieron pero hubo muchas negativas, por ejemplo por la mensura iban a tener que hacer límites reales, cuando ellos viven en comunidad y cada uno sabe bien cual es su límite. El hombre acusó que los han difamado mucho y que, sin embargo, no han respondido a los agravios, porque asegura que está abierto al diálogo y a la participación de todos.
MIGRACIÓN. Erica es la hija de Eudes Nievas. Ella estudia Administración de Empresas en la Universidad Tecnológica Nacional, Regional Cuyo (UTN), pero siempre se mantuvo conectada con su pueblo. Además, trabaja en la Dirección de Medio Ambiente de Lavalle. Hasta los 15 años vivió allí, pero como quería seguir estudiando luego se tuvo que ir a la Ciudad, porque, después de la crisis del 2001, la escuela tuvo problemas para recibir a los alumnos y cerró un tiempo. Como ella, los chicos de su edad tienen que ir a la única escuela secundaria en la comuna de San José, en el mismo departamento. Pero el poco trabajo que hay en la zona se reduce a criar animales como cabras o unas cuantas vacas. Ya se ha perdido la tradición de las artesanías como por ejemplo el trabajo con el junquillo.
También tienen a principio de octubre de cada año la celebración de la Virgen del Rosario a la que asisten unas 20.000 personas. Ahora, Erica vive en Guaymallén en una casa del abuelo que compró hace muchos años gracias a una cosecha de trigo. “En ese momento, mi abuelo trabajaba la tierra porque era muy fértil. Ahora no hay agua”, relató la joven. Pero su apego por la tierra sigue presente ya que trabaja para lograr una mejor calidad de vida para gente de Lavalle. “Ojalá que el día de mañana, todos tengan las tierras”, culminó.
