Hay acuerdos que se anuncian y otros que se ejecutan. El que han decidido renovar y proyectar hasta 2027 Alfredo Cornejo y Javier Milei, con intervención directa de Karina Milei, la secretaria General de la Presidencia, pertenece claramente a la segunda categoría: no necesita demasiada escenificación porque funciona en los hechos.
El entendimiento tiene una lógica simple: ámbitos separados, pero objetivos e intereses compartidos. Mendoza para un Cornejo que buscará blindar el control institucional y extender la hegemonía política propia y de su sector más allá de su gestión. La Nación para un Milei que ya ha confirmado su intención de ir por la reelección, bajo la premisa de que logrará ordenar la economía con el cambio de modelo y aliviar el ya duro impacto social de la transformación.
Por lo que se sabe, han acordado un esquema de no interferencia que, en términos políticos, equivale a algo más profundo: una sociedad de conveniencia para atravesar un período de alta fragilidad económica e inestabilidad en el ánimo colectivo sin agregarle turbulencia política.
Sobre lo primero, las características finas y sensibles del acuerdo, nadie puede garantizar nada. En la Argentina, un año puede ser un siglo. Sobre lo segundo, sí hay certezas.
Milei —y Cornejo acompaña convencido de eso, hay que decir— avanzó ante un pedido concreto del área económica que encabeza Luis Toto Caputo: ordenar la política para no sumar inestabilidad a un escenario que desconcierta más de lo previsto. La expectativa original era otra: que, tras el ajuste inicial y la imposición de un nuevo orden macro, indicadores como la inflación y la actividad empezaran a mostrar una recuperación más visible. El descenso inflacionario se detuvo casi diez meses atrás y el comportamiento de la actividad es desparejo y no crece en los sectores que son los que generan empleo y alimentan el consumo.
Ese es el punto de partida real del acuerdo. La economía no reacciona y el oficialismo necesita algo más que tiempo: necesita estabilidad política y ampliar su base de sustentación para evitar sobresaltos que puedan agravar un contexto ya delicado. Cornejo, por convicción y también por conveniencia, se asume como parte de esa cruzada estabilizadora. Traducido: menos convulsión política, más paraguas.
Ese paraguas ya incluye a Mendoza y busca proyectarse hacia Entre Ríos, Chaco y Corrientes, además de explorar entendimientos con territorios que ensayan posiciones intermedias frente al kirchnerismo, como San Juan, San Luis y Tucumán. Ese entramado podría darle a Milei volumen político en un momento en que la oposición más dura empieza a insinuar una estrategia de desgaste. No es todavía una alternativa consolidada, pero sí un frente en gestación que apuesta a que el derrumbe económico haga el resto.
En ese tablero, cada apoyo cuenta. Por eso el acuerdo no se limita a la distribución de territorios. Incluye algo más decisivo: el compromiso político de Cornejo con la reelección de Milei en 2027. Un dato que, aunque no se enuncie, ordena todo lo demás.
También ordena las tensiones internas. En principio, Milei respetaría las candidaturas de Cambia Mendoza en la pelea por la sucesión provincial, mientras que Cornejo haría lo propio en el plano nacional. Pero el armado admite matices. No está descartado un mecanismo competitivo —una PASO dentro de la alianza— que termine definiendo el candidato a la gobernación.
Una PASO que Cornejo sostendrá en la provincia, aunque con ajustes en un punto sensible: el financiamiento del proceso electoral con la idea de trasladar a los partidos el costo de impresión de la boleta única papel. Y ratificarlas, lejos de eliminarlas como ha propuesto el gobierno del libertario.
Hay una pieza que incomoda en silencio: Luis Petri. El diputado nacional tiene volumen propio y pertenece a La Libertad Avanza, pero —según los indicios que deja trascender el acuerdo— no sería promovido como carta central para disputar Mendoza. A Karina Milei le atribuyen haber dejado en claro que no hay vetos, pero tampoco necesidad de abrir conflictos que hoy consideran innecesarios.
En paralelo, el Gobierno avanza con su propia agenda de reforma política. La intención de eliminar las PASO nacionales y avanzar con Ficha Limpia busca reactivar un discurso que le dio identidad al mileísmo: la confrontación con la “casta”. Sin resultados económicos contundentes, Milei vuelve a un terreno en el que se sintió cómodo en sus comienzos. Una jugada riesgosa, que recuerda aquello de Sabina: “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Un aviso sobre los límites de insistir en fórmulas que ya no garantizan el mismo resultado.
Porque el verdadero examen no será electoral, será económico como casi siempre. Si la economía no reacciona, ningún paraguas político será suficiente. Pero si logra estabilizarse, aunque sea de manera incipiente, este esquema puede convertirse en una plataforma para ordenar el poder hacia 2027. En definitiva, Cornejo y Milei están apostando a lo mismo: llegar.
Mientras todo esto se discute con la mirada puesta en 2027, en paralelo, 25 cámaras empresarias firmaron una carta inusual —pero no sorpresiva— por su volumen y su tono. Comercio, industria, vitivinicultura, construcción, turismo, servicios: todos en la misma foto, con una misma consigna: urgencia. Piden tiempo, aire, alivio financiero, baja de tasas, acceso al crédito. Medidas de supervivencia.
El documento deja entrever una tensión política evidente. La paralización de la obra pública nacional, la falta de un nuevo pacto fiscal con una nueva coparticipación que le permita a Mendoza bajar o eliminar Ingresos Brutos, y la ausencia de una reforma tributaria aparecen como telón de fondo. Formalmente dirigida al gobernador, la carta funciona en los hechos como una crítica al rumbo económico nacional.
Es, además, un acto de presión sobre ese Cornejo alineado con el programa de estabilización que cuestionan los propios empresarios. Un Cornejo que no ha dudado en responder que buena parte de esos reclamos dependen de la Nación y que, así como los recibe, los traslada al despacho presidencial.
Cuando el crecimiento no aparece y la estabilidad no alcanza, los actores económicos dejan de discutir competitividad para discutir supervivencia. Y vuelven a mirar al Estado. Una vieja costumbre argentina repetida por décadas.
El problema es que cuando la economía no responde, ningún acuerdo político alcanza.
Y cuando eso ocurre, los alineamientos dejan de ser una estrategia y pasan a ser una expresión o acto de defensa.
