El pasado lunes 14 de marzo, Emiliano Miguel Fernández fue brutalmente asesinado mientras se dirigía a su trabajo. Su agresor lo golpeó con una piedra en la cara para robarle su bicicleta en Las Heras.
El crimen, que fue captado por cámaras de seguridad y tiene a su principal sospechoso preso, generó gran conmoción en la provincia. Y disparó nuevamente el debate por los casos de inseguridad que sufren a diario los ciclistas, que solicitan urgentes a las autoridades: desde mayor presencia policial e iluminación en senderos y ciclovías hasta un control de la documentación “para disminuir la circulación y venta de bicicletas de origen dudoso”.
Malas experiencias
A fines de enero de este año, Flavia De Miguel salió a entrenar en su bicicleta nueva. Se había decidido a invertir en un cambio de rodado para mejorar su rendimiento, habituada también a tomar medidas de prevención: circulaba sólo de día, siempre por lugares donde sabía que cruzaban otros ciclistas. Aún así, ese lunes tuvo que llegar a su casa a pie.
En las cercanías de Boulogne Sur Mer y Moreno, dos sujetos la sorprendieron en un sector estrecho de la bicisenda para robarle. Parecían apenas mayores de edad. “No tuve tiempo de nada, tenía mi mochila con mis cosas y el celular. Tuve que tirarles la bici para que no me quitaran nada más“, relató la mujer, de 37 años.
Fue una de esas situaciones donde no se encuentra a nadie alrededor para pedir ayuda, a pesar de que eran las 17. Como la bicicleta estaba regulada para entrenamiento, los ladrones tuvieron dificultad para pedalear: se la llevaron prácticamente caminando.
Desde esa tarde, comenzó una búsqueda del vehículo que se viralizó en las redes sociales. Un conocido de Flavia colocó una alerta en Facebook para que le notificara cuando se publicara a la venta una bicicleta con características similares a la robada. Y aunque se llegó a realizar una búsqueda con la policía de una similar, nunca la recuperaron.
“Volví a conseguir una bici, pero todavía no salgo. Tengo miedo a que me roben y no soy la única. Algunos salimos con gas pimienta en el manubrio. Estamos cansados”, expresó Flavia, cuya historia refleja la impotencia de quienes tienen que adaptar sus rutinas y cambiar sus preferencias ciclísticas frente a los casos de inseguridad.
Este fenómeno de adaptarse al robo de bicicletas como un flagelo inevitable lo perciben también en las bicicleterías, donde advierten que los clientes están cambiando también la forma de comprar.

Usarla con el seguro puesto
A Pablo Torres (21) le robaron dos bicicletas. “Desde entonces, nunca más saco una sin seguro”, mencionó. Sin embargo, el costo de mantener la cotización actualizada en caso de robo no siempre resulta alentador.
“La compré a 45 mil pesos y a los dos meses me la cotizaron en 90 mil. Al poco tiempo ya estaba en 110 mil. Ahora está en 150, pero ya no volví a actualizar el monto a pagar“, comentó. Con cada suba, el monto a pagar pasó de $600 al mes a $800, pero la cifra suele ser mayor.
“En algunos lugares el costo del seguro era casi igual al del auto. Las aseguradoras te dicen que cobran más porque las bicicletas son más fáciles de robar“, explicó Torres.

Barato o nada
Roxana es dueña de la bicicletería Walther Contreras, donde comenzaron a notar una caída en los clientes después del “boom” de ventas que se generó por la pandemia, cuando la recomendación era evitar el uso del transporte público.
“Muchos no compran por temor al robo, a pesar de que la bici sea necesaria. Si sos mujer, aumenta el riesgo de que te empujen mientras vas andando y te la quiten en el momento”, explicó.
“Incluso el que puede conseguir una bicicleta de buena gama, prefiere llevar algo barato, discreto, lo que pueda disminuir la tentación. Es muy feo no poder decidir con libertad teniendo ese miedo en la cabeza“, lamentó Roxana.
Además del seguro como “norma”, otro cambio está en el tipo de lingas que se venden para atar los vehículos: las cadenas de bicicletas son “prácticamente nada”.
“Directamente ofrecemos las cadenas que eran para motos. Con eso se demoran más si intentan robarlas, las opciones económicas ya no se buscan”, explicó. Por este motivo, el gasto de una linga ronda los $2.400 para conseguir algo “seguro”, aunque existen precios más económicos.

Por su parte, Franco Ortiz, encargado de Dr.Bike, observó que la tendencia pasa por arreglar una bicicleta vieja para evitar invertir en una nueva, debido al “alto riesgo” de perderla.
“No es tanto por una cuestión de precios, incluso en ocasiones donde pueden pagar una bicicleta nueva, reparan una para no arriesgarse“, señaló.
Bajo esa mirada, las cuentas resultan claras: reparar una bici puede partir desde los $25 mil, comenzando por las cubiertas, mientras que una “nueva y básica” tiene un precio desde los $70 mil.
