María hace una semana y media vive bajo el puente de la calle Alberdi, a metros de la Terminal de Ómnibus, en Guaymallén. Tiene 72 años y un pasado signado por la muerte de todos sus seres queridos, algo que la desestabilizó emocionalmente, según admitió.
“La última pérdida importante que tuve fue la de mi sobrino, a quien crié como a un hijo. Ocurrió hace un año y medio y nunca me recuperé. A tal punto que hace poco vendí todas mis pertenencias y me encontré viviendo en la calle. Hoy arranco de cero y con ganas estar mejor”, contó a El Sol.
Sin ganas de que se la retrate fotográficamente, menos que la indaguen demasiado sobre su pasado, María accedió a hablar con El Sol, pero poniendo sus reglas y límites.
En un principio, contó que “no está bueno vivir en la calle”, pero también aseguró que no tiene otra alternativa. Además, expresó que su objetivo es alquilar (con la plata que percibe de su jubilación) un espacio chico, pero donde viva sola.
Lo último que se pierde es la esperanza
Mientras intentaba recordar su historia, lo que tuvo y lo que perdió, con quiebres emocionales de por medio, María recibió la visita de Marta, una jubilada de 79 años que llegó para ofrecerle asilo en una casa aledaña a su hogar, en Las Heras.
“Quiero que vaya, la conozca y vea si considera que va a estar bien. Hay que hacerle varios arreglos, pero se la ofrezco hasta que pueda encontrar algo que a ella realmente le acomode”, dijo Marta.
Mientras hablaban y deliberaban qué hacer, María tomó una nueva decisión en su vida. Agarró un par de pilchas, unas mantas y algunas pertenencias más, entre ellas, su termo, y decidió ir a ver ese lugar que le ofrecieron.

“No me queda nada más por perder, esta mujer se ve bien, decidida a ayudar y creo que será una buena salida para no estar en la calle”, dijo María, mientras juntaba algunas de sus cosas.
“Ojalá no me roben nada de lo que queda”, exclamó y se encomendó a Dios para que la ayude en este nuevo camino.

La importancia de las flores en medio del dolor
Cuando uno pasa por el lugar donde se encuentra viviendo María, rápidamente se sorprende por la presencia de un ropero y jarrón con flores coloridas.
La imagen es llamativa, pero no hay duda, que para María tiene un significado especial.

“Esta es mi casa. Hoy vivo acá, soy ama de casa y amo las flores. Es lo que le da vida a este lugar, le da alegría. Así tenía yo mi casa y es una manera de sentir lo mismo”, contó.
La ayuda del Gobierno
El caso ha generado repercusión pública, por tratarse de una mujer mayor, por encontrarse en situación de calle y por el contexto que encierra su vida.
Ante esto, este medio se contactó con las autoridades de Desarrollo Comunitario de la provincia y advirtieron que “la mujer ha sido abordada en más de una oportunidad por el equipo de Guaymallén, con muchas dificultades para lograr revertir la situación, dada su reticencia a adherir a las alternativas de alojamiento que le ofrecen”.
Asimismo, Ernesto Mancinelli, director de Desarrollo Comunitario, comentó que “la señora siempre manifiesta que está de paso, por unos días y que está esperando cobrar para irse”.
En tanto, desde la Municipalidad de Guaymallén refirieron que “la asistencia ha estado siempre, incluso, se le ofreció pagarle un alquiler, pero ella siempre ha dicho que ella misma quería buscar el lugar. Aún se la está esperando que nos indique la locación”.
Ante las respuestas de los funcionarios, María dijo que “por el momento, nunca nadie del Gobierno le ofreció ayuda”.
