Elena, embarazada de 8 meses, murió electrocutada hace 20 días en una villa de Ugarteche. Dicen que, como todos en el asentamiento, estaba colgada del tendido eléctrico. Llegó con su familia desde Santiago del Estero a buscar trabajo. Con su marido y sus dos pequeños de 3 y 5 años vivía en un rancho de palos y nailon, al costado de la ruta 40, acostumbrada al frío y las necesidades.
¿Cuántos como Elena caminan en el barro y enfrentan condiciones adversas, sobre todo si viven en una villa? No se sabe.
El ministro de Desarrollo Social y Derechos Humanos, Cristián Bassin, dice que “las villas en el Gran Mendoza son 40”, aunque el listado que facilitó se estiró a 70 con el testimonio de algunos funcionarios y concejales.
Si hubiese 100 familias en cada una de estas villas, con un promedio de 7 integrantes, son casi 50.000 los mendocinos que viven en condiciones paupérrimas. Casi no hace falta el listado de los pobres que no tiene el Gobierno nacional, porque, para el ministro de Economía, Axel Kicillof, “es bastante estigmatizante”.
Los pobres y las villas no están en las estadísticas oficiales. Miles de mendocinos viven en sitios de emergencia y asentamientos, pero la cartera de Desarrollo Social no tiene un listado que los contenga.
Si no está el listado de las villas de emergencia, hay otros datos que igualmente dan visibilidad al sector: en diciembre, los pobres en Mendoza llegaron a las 570.000 personas, según estudios privados, y el censo del 2010 ya hablaba de casi 100.000 personas en el Gran Mendoza viviendo en casas precarias, aquellas cuyos materiales utilizados no impiden que entren el frío, el calor y la lluvia.
El mismo Ministerio de Desarrollo Social se encarga de mostrar en su Atlas Social las viviendas precarias del Gran Mendoza que midió el censo del 2010 y que sumaban 11.978, con 13.467 hogares y totalizaban 49.163 personas.
Los ranchos eran 7.618, albergaban a 8.389 hogares, que significaban 33.664 habitantes.
También hay que considerar las 1.915 casillas, con 2.139 hogares y 8.092 habitantes.
Es decir, hace cuatro años había 90.919 mendocinos habitando viviendas precarias en el Gran Mendoza. Como no hay estadísticas actualizadas visibles, depende si el lector considera la década ganada o perdida, si habrá aumentado o no la gente en las viviendas inadecuadas, la mayoría de ellas ubicadas en villas de emergencia.
Otro dato a tener en cuenta es el de la pobreza: en Mendoza llegaba en diciembre del 2014 a 32 por ciento, es decir, 576.000 mendocinos cuyo ingreso familiar no les alcanzaba para comprar la canasta básica que en la provincia estaba en 11.800 pesos, según los datos de estudios privados, entre ellos, la consultora Evaluecon.
La gente sobrevive
“No queremos que nos regalen nada. Podemos pagar con nuestro trabajo pero necesitamos una ayuda para empezar”, dicen Luis Rodríguez, de 55 años, y su hijo Marcos, de 27. Trabajan en el campo y en las changas diarias, son de Mendoza y no tuvieron otra oportunidad que irse a la villa al lado de la ruta 40 en la entrada a Ugarteche. Es el lugar más bajo de la zona y se inunda cada vez que llueve. El asentamiento es reciente y no tiene nombre, pero reúne a unas 200 familias.
Ugarteche es un distrito de Luján con 30.000 habitantes que viven en 22 barrios y varias villas de emergencia. Sólo cuatro de estos barrios pagan los servicios y 7 sobreviven sin agua potable. Están a solo 50 kilómetros al sur de la ciudad de Mendoza.
Ugarteche tiene varias escuelas, una de ellas es la primaria Baldini. Sus alumnos pasan de los 900 y deben entrar a presión en las aulas: un primer grado tiene 53 chicos. Padres y maestros piden a gritos la construcción de un nuevo jardín para que los pequeños aprendan con dignidad y no amontonados.
Las de Rodeo del Medio
Del otro lado del Gran Mendoza, en el asentamiento Estación Pedregal, de Rodeo del Medio, un grupo de mujeres pelea contra todas las adversidades para salir adelante.
“Las mujeres hicimos todo acá”, dice, apasionadamente, Marisa. “Hace 12 años que nos vinimos a vivir a este lugar y levantamos nuestros ranchos. Nosotras cortamos los adobes y, mientras los varones construían las paredes, fuimos a golpear puertas para que nos dieran los servicios”, señaló Lidia Iribarren, la presidenta de la comisión de vecinos.
El asentamiento creció porque se agregaron otros ranchos, que albergan en la actualidad a unas 1.000 familias. Fueron las mismas mujeres las que detallaron que cada grupo familiar está formado, por lo menos, por 10 personas. Sólo aquí hay cerca de 8.000 o 10.000 personas.
El mayor castigo que sufren son las lluvias. Se inundan las casas y los ranchos y tienen que salir disparando para la escuela José Pedro Varela, donde han encontrado una directora que las contiene y ayuda.
Un gran porcentaje del asentamiento no tiene agua potable y recientemente les pusieron el alumbrado en las calles. Los moradores piden, además, un servicio de ómnibus más cercano y eficiente para que sus hijos, que van a la secundaria, puedan llegar a horario.
Están en la villa pero no pierden de vista que pueden salir adelante: Melisa, Alberta y Johana cursan en un CENS porque quieren terminan la secundaria. Una de ellas quiere ser enfermera y las otras dos, policías.
Todas las mujeres reciben la Asignación Universal por Hijo, algunas trabajan en un galpón de ajos cercano, donde les pagan 20 pesos la hora, y salen a vender pan casero, tortitas y flores.
