IMPSA está a punto de cerrar el capítulo más complejo de su historia reciente. Tras una época de alta volatilidad, la empresa mendocina obtuvo un respaldo abrumador de sus acreedores para reestructurar la deuda de US$ 583 millones.
El nuevo Acuerdo Preventivo Extrajudicial (APE), el tercero en menos de diez años, no solo despeja el horizonte financiero, sino que valida un nuevo plan de negocios sobre el que Industrial Acquisitions Fund LLC (IAF), el fondo inversor que controla la antigua Pescarmona, cimentará la nueva etapa de la compañía.
Con las mayorías obtenidas, IMPSA anunció oficialmente este jueves que presentará el APE ante el Segundo Juzgado de Procesos Concursales de Mendoza para su homologación.
Solo una vez dictada la resolución judicial, el APE entrará en vigencia y se concretará el canje material por los nuevos títulos.
Las cifras del respaldo
La viabilidad de cualquier plan de negocios impulsado por un nuevo accionista controlador depende, en gran medida, de la confianza que este pueda generar entre sus acreedores.
En el caso de IMPSA, según la comunicación oficial enviada a la Comisión Nacional de Valores (CNV), Bolsas y Mercados Argentinos (BYMA) y el Mercado Abierto Electrónico (MAE), la propuesta alcanzó una aprobación del 98,12% entre los bonistas y obligacionistas que participaron en las asambleas convocadas el 15 de octubre.
Al sumar estas conformidades a las adhesiones individuales, el plan superó ampliamente la “doble mayoría” exigida por la Ley de Concursos y Quiebras, lo que permite a IMPSA extender los términos a la totalidad de los acreedores y presentar el APE para su homologación judicial en los próximos días.
Una reestructuración de US$ 583 millones
El nuevo plan financiero abarca una deuda de US$ 583 millones de dólares, con una tasa del 1,5% anual y un calendario que posterga el inicio de la amortización de capital hasta el 31 de diciembre de 2036. Además, establece un esquema de pagos de nueve cuotas anuales iguales y consecutivas, que llevarán el vencimiento final al 31 de diciembre de 2044.
Los intereses se capitalizarán parcialmente durante los primeros años del acuerdo. La propuesta no incluye reducciones de capital nominal (quitas), sino una reprogramación integral de vencimientos, lo que otorga a la empresa margen para recomponer su flujo operativo y sostener su recuperación productiva.
La reestructuración contempla la conversión de la deuda existente en nueva deuda, instrumentada a través de distintos títulos: obligaciones negociables (con y sin oferta pública), bonos internacionales y nuevos préstamos.
De acuerdo con el comunicado oficial, el plan de reestructuración obtuvo el respaldo de:
- 84,21% del total de acreedores individuales.
- 97,17% del monto total de la deuda computable, denominada “Deuda Elegible”.
Este nivel de consenso, notable para una empresa con un historial financiero tan convulso, solo se comprende al examinar la década de crisis que la hizo necesaria.
Crónica de una larga travesía financiera
La compañía, que fue rescatada por el Estado nacional y provincial en 2021 para evitar su quiebra, fue adquirida en febrero pasado por IAF. La presentación del APE 2025 es justamente una de las condiciones impuestas por el fondo estadounidense para cerrar la operación.
Los desafíos financieros que la centenaria IMPSA enfrentó durante la última década moldearon su estructura actual y convirtieron a esta tercera reestructuración en un paso tan inevitable como necesario para su supervivencia y crecimiento.
APE 2017: el origen de la crisis
El punto de inflexión se produjo en septiembre de 2014, cuando la entonces denominada Industrias Metalúrgicas Pescarmona S.A.I.C. y F. se vio forzada a suspender sus pagos. Las causas fueron los severos atrasos en las cobranzas por obras ejecutadas en Venezuela y Brasil, y la cesación de pagos de su filial brasileña Wind Power Energia.
Este último evento actuó como un detonante, haciendo exigibles las garantías otorgadas y quintuplicando la deuda que pesaba sobre la compañía mendocina.
Este escenario derivó en un largo proceso que culminó en el primer Acuerdo Preventivo Extrajudicial, homologado en octubre de 2017. Como parte de dicho acuerdo, el Grupo Pescarmona cedió el control de la compañía a fideicomisos constituidos en beneficio de los acreedores.
APE 2020: dificultades macroeconómicas
Pese a los esfuerzos, la recuperación fue frustrada por el agravamiento de la situación macroeconómica nacional a partir de 2018. La cancelación de proyectos de obra pública, la ausencia de financiamiento y la falta de aportes de capital volvieron insostenible la situación, llevando a la compañía a solicitar un segundo APE, en diciembre de 2019.
Este acuerdo, que reestructuró la deuda sin quitas de capital pero con una extensión de plazos, fue finalmente homologado el 14 de abril de 2021.
La etapa estatal y la llegada de IAF
Tras el segundo acuerdo, en mayo de 2021, el Estado Nacional (a través del Fondo Nacional de Desarrollo Productivo) y la Provincia de Mendoza capitalizaron la empresa con US$ 20 millones de dólares, adquiriendo el 63,72% y el 21,24% de las acciones, respectivamente.
Esta inyección de capital funcionó como una intervención “puente” estratégica, que permitió a IMPSA consolidar sus operaciones con el objetivo explícito de vender posteriormente sus acciones a inversores privados.
Sin embargo, esta fase de estabilización se vio abruptamente interrumpida cuando, a partir de la asunción de las nuevas autoridades del Gobierno Nacional, en diciembre de 2023, la cancelación de la casi totalidad de los contratos en marcha redujo el flujo de caja de la compañía a su mínima expresión.
Ante este panorama, los accionistas estatales aceleraron la venta de su participación. El 1 de octubre de 2024 se lanzó una licitación pública que tuvo como único oferente a IAF. El contrato de compraventa se firmó el 11 de febrero.
La nueva IMPSA
La adquisición por parte de IAF inauguró un nuevo capítulo para IMPSA, con la reestructuración de la deuda como condición fundamental de la oferta de compra.
En la nota enviada este jueves a la CNV, Fabián D’Aiello, responsable de Relaciones con el Mercado, sostuvo que la reestructuración es “vital para ordenar y normalizar las operaciones de la empresa, estabilizar su flujo de fondos y retomar nuevos contratos impulsados por su accionista controlante”.
Agregó que el proceso “permitirá preservar la continuidad de la compañía, su tecnología de primer nivel y los puestos de trabajo de más de 600 empleados directos y un centenar de PyMEs proveedoras”.
Con esta reestructuración, IMPSA busca “reposicionarse como una marca global” y volver a competir en los mercados internacionales en sectores como energía hidroeléctrica, nuclear y grúas portuarias.
