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Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada 40 segundos alguien se quita la vida en el mundo, registrándose cerca de 800.000 suicidios al año. En Mendoza, el último informe del Ministerio de Salud señala que, entre junio y diciembre de 2023, hubo un “significativo ascenso de las notificaciones”; 330 personas intentaron quitarse la vida y la franja etaria de los 17 años fue la más afectada.

A., como se llamará a la adolescente de 15 años para preservar su identidad, superó un intento de suicidio cuando tenía 13. Hoy, después de “querer desaparecer”, la joven asegura que recuperó su felicidad y sus ganas de vivir, y llama a todos los que estén pasando por una situación similar a seguir luchando, expresando que “hay luz al final del camino y mucha vida tras la tristeza“.

Todo comenzó en 2021. A., vivía con su madre, pero su relación ya no era la misma. Sintiendo la falta de una figura materna, y luego de atravesar un abuso sexual y la muerte de su mejor amiga a causa del cáncer, su salud mental rebalsó.

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Se empezaron a desencadenar un montón de cosas, se fue haciendo una bola y yo no hablaba de nada. En 2022, mi cabeza dijo basta. Era no tener ganas de nada, no poder levantarme de la cama, no poder bañarme, tener el estómago cerrado todo el tiempo“, dijo la adolescente en diálogo con El Sol.

Así, un día, ya conviviendo con su padre y con quien reside actualmente, la joven tuvo su primera visita al hospital, en donde le aseguraron que había sufrido un ataque de pánico. A partir de aquel entonces, inició un tratamiento psicológico, pero las cosas no salieron según lo planeado.

“Cuando llegué al hospital me dijeron que era un ataque de pánico. Ahí me empezó a atender una psicóloga de un centro, pero la verdad es que la pasé bastante mal con ella, me trataba como si fuera más chica y eso no me gustaba, mencionó.

Y continuó: “ Ella después me deriva al psiquiatra, con quien también en un principio me fue mal. Fui literalmente como una prueba, estuve muy medicada y mal medicada. Me diagnosticaron depresión, ansiedad y trastorno de la personalidad límite“.

El día que no olvidará jamás

Los meses pasaban, era octubre de 2022, A. ya había sido internada en septiembre luego de una fuerte crisis, pero esta vez fue diferente. Esta vez, A. intentó quitarse la vida.

Ese día toqué fondo. Si bien siempre había vivido con la muerte en mi cabeza, ese día fue mucho más fuerte. `Me tengo que ir, hoy me voy´, pensé. Era muy grande el dolor que tenía, me quería ir“, contó.

Tras el intento de suicidio, la chica de 15 años quedó internada en el hospital bajo el cuidado y la compañía de su familia.

“Toda la situación fue fea por mi entorno. Mi papá, mi abuelo y mi tía, eran los que me cuidaban, y yo los veía, y notaba su cara de decepción. Estaban decepcionados; la gente piensa que el suicidio es ser egoísta, no poder ser valiente, fuerte, pero el suicidio es sufrimiento. No estaba siendo egoísta, necesitaba irme, no podía más“, describió.

El camino para sanar

En aquella internación, A. recibió una cartulina con un mensaje de su hermana menor. Aquel mensaje fue el puntapié que ayudó a la joven a iniciar su camino para sanar y recuperar aquella sonrisa que tanto la caracterizaba.

“Cae mi papá con una cartulina que me había hecho mi hermana y que decía: `Espero que estés mejor, tu familia te espera en casa´. Ahí me dije a mí misma que tenía que sanar, si no lo hacía por mí, lo tenía que hacer por ellos. Internada, me levanté, busqué a los psiquiatras y les dije que me quería poner bien, que quería a sanar“, relató.

De esta manera, el primer paso fue empezar a aceptar la ayuda de su entorno y alejarse de quienes no contribuían en el proceso de recuperación.

Yo estaba tan encerrada en todo ese dolor, que sentía que mi familia no me quería. Era obvio que me querían, estaban día y noche cuidándome, dándome amor, pero yo no lo veía, no lo quería ver. Si lo veía, me terminaba quedando y no me mataba“, expresó.

Y agregó: “También me alejé de gente que no me sumaba. Hubo alguien a quien le hablé el día que intenté quitarme la vida, buscando contención, y en vez de ayudarme, me dijo que lo hiciera“.

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Rodeándose de personas que le brindaran amor y apoyo, y continuando con el tratamiento psicológico y psiquiátrico, A. también busco actividades que le generaran alegría y satisfacción, como fueron, en su caso, el dibujo y el baile.

Así, poco a poco, empezó a sentirse mejor y luego de varias consultas en las que su psiquiatra fue bajando su medicación, llegó el día del alta definitiva.

Pasé de ser un ser oscuro a recuperar mi alegría. Pensé que nunca iba a estar así, me imaginaba toda la vida tirada en la cama“, reflexionó.

Hoy, tras superar el difícil momento, A. deja un alentador mensaje para todos aquellos que están atravesando una situación similar.

No se rindan. Hay mucha vida tras el dolor. Sé que es horrible vivir todo el tiempo con la muerte en la cabeza, pero hoy sé lo que es vivir con ganas de vivir y no de sobrevivir. Rémenla un poco más, hay mucha luz al final del camino. Es hermoso vivir después de tanta tristeza“, concluyó la adolescente que sueña con ser psicóloga en un futuro e invita a hablar sobre salud mental.

Señales de alarma y cómo ayudar

Toda persona con comportamiento suicida da señales. El tema es que la gente no está capacitada para poder decodificarlas o leerlas, o muchas veces esas señales que sí se perciben, se minimizan” afirmó el psicólogo Ernesto Páez, coautor de la Ley de Prevención del Suicidio.

En diálogo con El Sol, el especialista expresó que hay muchos mitos en torno al suicidio que hacen que la población reaccione de manera tardía; creer que el suicida no avisa, que el que amenaza no lo hace, o inclusive que hablar de suicidios provoca más suicidios, son algunos de ellos.

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“Todo mensaje, toda señal o manifestación de una persona que está afectada en la salud mental es un pedido de ayuda. Hay múltiples factores que cuando no se tiene habilidades de afrontamiento para poder llevar una resolución saludable, llevan a desarrollar pensamientos negativos y autodestructivos llevan al comportamiento suicida”, mencionó.

En este sentido, algunas posibles señales de alarma de un estado de angustia, según un guía elaborada por organismos como la Asociación Internación para la Prevención del Suicidio (IASP), son las siguientes:

  • Comentarios relacionados con sentirse solo, sin esperanza, aislado, inútil o como una carga para los demás.
  • Hablar de suicidio o de querer morir, que a veces puede ser con tono de humor.
  • Despedirse o desprenderse de bienes personales.
  • Preguntar dónde o cómo conseguir medios potencialmente letales, como el acceso o armas o pastillas.
  • Muestras de irritabilidad y hostilidad fuera de lo común.
  • Muestras de comportamientos impulsivos.
  • Publicaciones sobre alteraciones en el sueño en la alimentación.
  • Abandono de las actividades cotidianas.

En tanto, siempre se debe tomar en serio a una persona que amenaza con su vida, escucharla sin hacer juicios, suposiciones, ni interrupciones. Además, se debe orientarla a realizar la consulta con el profesional adecuado, para que pueda recibir la atención y contención correspondiente.

“Si a la persona no se le presta atención, siente que no se la está tomando en serio, o se minimiza su situación, sentirá que se le cerraron todos los caminos y ahí se presenta esta situación. El comportamiento suicida puede ser prevenible y previsible. Se puede llegar a tiempo“, aseguró Páez.

Ante una situación de riesgo, pueden comunicarse al Centro de Asistencia al Suicida y Atención en Crisis al 0800 8000 135 o por llamadas por WhatsApp al (+549) 261 557 03 14. Por su parte, la provincia cuenta con la línea 148, opción 0, de lunes a viernes, de 8 a 20 horas.

Guía de autoayuda

Con la colaboración de profesionales como psicólogos y educadores, el artista e ilustrador Matu Santamaria, elaboró una guía de autoayuda para personas con ideación y conducta suicida.