“Guardiana del vino eterno”, la propuesta dirigida por Franco Agüero, se presentó en las instalaciones del teatro griego Frank Romero Day y dejó un sabor amargo entre los espectadores.
Por segunda vez, el joven director se puso al frente de la Fiesta Nacional de la Vendimia y claramente los resultados no fueron los deseados: “Guardiana del vino eterno” tuvo algunos aciertos aislados, pero se destacó por sus contrastes.
No sólo falló por la puesta en escena, que no cautivó ni emocionó, sino porque la cohesión dramatúrgica brilló por su ausencia.
Sobre las tablas, por las que pasaron cerca de mil artistas, se observaron más falencias que aciertos. Hubo imprecisiones, falta de coherencia, incluso, ausencia de dinamismo entre una escena y otra.

Doce fueron los cuadros que se montaron en el escenario, el eje central de la propuesta giró en torno a la relación entre el vino y la bodega, elementos presentes en la historia de la cultura mendocina
Los aciertos de “Guardiana del vino eterno”
Uno de los logros para destacar de “Guardiana del vino eterno” fue el recurso audiovisual que acompañó, incluso, en muchas oportunidades, resolvió los cuadros artísticos.

El más significativo fue el de “Pastores del agua”, donde el recurso visual sobresalió por sobre la puesta en escena.
También es pertinente valorar la participación de un grupo de Reinas de mandato cumplido que en el espectáculo retrataron dos momentos temporales de la Vendimia como son la imagen de las cosechadoras en la pisada de la uva y en el tiempo como embajadoras del vino.
Entre esas hermosas mujeres estuvieron la querida Stella Maris Laborde, la adorable Marcela Gaua y Sofía Haudet, entre otras.
El malambo, como uno de los ritmos característicos de la región, es un plus que todo director de Vendimia elige para lograr la ovación de los presentes. Es el caballito de batalla que nunca falla.
Agüero, como muchos de sus antecesores, no lo desaprovechó y lo utilizó en dos momentos claves como fueron el cuadro de San Martín y el cierre de la Fiesta. Los resultados fueron inmediatos y se transformaron en lo más aplaudido de la noche.
Momentos para el olvido
Está claro que en “Guardiana para el vino eterno” la complicidad con el público no se logró, ni siquiera en cuadros emotivos como el de la Virgen de la Carrodilla que, en esta oportunidad, apareció plasmada en una pantalla, a través de un dibujo realizado por el artista mendocino Andrés Casciani; o el de los Inmigrantes, que siempre acapara el aplauso fácil de los espectadores y esta vez no se escuchó.
Pero no sólo la puesta en escena y el guión fallaron. La música, que en otras oportunidades ha sobresalido por sobre el espectáculo, esta vez no tuvo brillo propio, aportando por momentos melodías propias de un music hall de los 80, con ritmos más próximos a Hollywood que a nuestros pagos.
El ensamble, conformado por 50 músicos de primer nivel, esta vez no sorprendió, no se lució, pese a contar con la dirección del talentoso Darío Maugeri.
En definitiva, lejos de superar su primera experiencia en el Romero Day, Franco Agüero ofreció un espectáculo para el olvido, con pocos aciertos y muchos contrastes.
