Su área preferida de estudio es el psicoanálisis, ya está pensando en hacer una maestría. La curiosidad por saber más sobre el inconsciente humano le gana la partida. Su alta capacidad intelectual y su voluntad la llevaron a ser la nueva abanderada de la Facultad de Psicología de la Universidad del Aconcagua. Se llama Gisela Soledad Ruiz, tiene 23 años, vive en Las Heras y es no vidente.
Si bien la familia y los amigos festejan el logro académico de Gisela, para ella no es una novedad portar el Pabellón Nacional; también fue abanderada en el secundario, en la escuela General Las Heras, de Capital. En 2006 obtuvo un promedio de 9,76; ahora, en su carrera universitaria obtuvo un puntaje de 9,17.
Su condición de no vidente no fue un obstáculo para llegar a la meta. “Se puede, aunque se presente una discapacidad visual. Se necesitan voluntad y esmero, pero sobre todo acompañamiento familiar; mis padres han sido los grandes pilares en toda mi carrera”, contó Gisela, que este miércoles, a partir de las 18, recibirá la Bandera Nacional en el Rectorado de la Universidad del Aconcagua.
Un largo camino
Gisela cursó la primaria en la escuela República Oriental del Uruguay, de Las Heras, ya que siempre estuvo integrada en establecimientos comunes. Su mamá, María Amparo Fernández, recuerda que su hija “siempre fue muy estudiosa”.
“Gisela recibió estimulación temprana en la escuela Heller Keller, luego fue al jardín de 5 años y tuvo la iniciación en el sistema Braille a los 6 años”, rescató la madre. Desde entonces, la niña mostró un alto desempeño académico. “Al principio teníamos temor a la integración, pero poco a poco fue avanzando y siempre se destacó en sus estudios”, enfatizó María.
En la escuela Uruguay, ubicada cerca de su casa en Las Heras, también tuvo un alto rendimiento y siempre estuvo integrada. “Estamos orgullosos de nuestra hija”, manifestó su papá, Ricardo Ruiz. Gisela también tiene un hermano, Iván, de 14 años.
Hoy, en la universidad, el decano de la carrera de Psicología, Hugo Lupiañez, la define como “una chica brillante”. “Gisela se integró muy bien, tiene una gran voluntad y ha sorteado con éxito los obstáculos que se le presentaron en la facultad”, recalcó.
Lupiañez confesó que al inicio de la carrera analizaban cómo iba a llevar adelante la profesión en su condición de discapacitada visual. “También era un gran desafío para nosotros, pero pudimos acompañarla y hoy vemos el resultado”, destacó.
Desafío a la voluntad
Para poder llevar adelante la carrera de Psicología –que demanda cinco años de estudio más la tesis y que en la actualidad la estudian 1.500 jóvenes en esa casa de altos estudios-, Gisela utilizó varios métodos. Uno de estos fue un lector de pantalla, es decir, el programa lee los textos y ella los escucha.
“Este sistema fue muy útil. También mi mamá me escaneaba los libros y así podía tenerlos en la computadora y, a través del programa, escucharlos”, dijo la joven abanderada.
También toma sus apuntes, ya que tiene una netbook que lleva con ella a todas partes. Sus amigas –las que hizo en la facultad- también colaboran. Y como maneja sin problemas el teclado, hace los trabajos prácticos en su casa.
En general, los exámenes finales los rindió en forma oral; excepcionalmente hubo uno escrito. El Centro de Orientación de la Facultad de Psicología la acompañó en todo momento, “es más, al principio estuvieron en contacto con los docentes de la escuela Heller Keller para respaldarme de la mejor forma posible”, recordó.
Este miércoles, Gisela recibirá la Bandera Nacional junto con las escoltas María Eugenia Arias y Lucía Lourdes Guzmán, de la carrera de Niñez, Adolescencia y Familia.
