Foto: El Sol.

En un contexto donde la inclusión educativa en Mendoza suele ser un desafío, la historia de Félix refleja que es posible superar obstáculos y alcanzar grandes logros. Félix tiene Síndrome de Asperger y logró no sólo integrarse, sino también destacarse, alcanzando el honor de portar la bandera nacional.

Su historia es un ejemplo inspirador que demuestra que con el apoyo adecuado, por parte de sus padres y terapeutas, los niños con Asperger pueden desarrollar todo su potencial.

La relación con la escuela comenzó a muy temprana edad. Con solo un año y medio, el niño ya iba a un jardín maternal y, desde entonces, no paró de vincularse con el mundo de las tizas y las pizarras.

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A los tres años, comenzaron los indicios de que Félix tenía algo que lo diferenciaba de sus compañeros. “Su conducta no era la de todos”, era lo que advertían sus maestros y ese fue el inicio de una larga lucha.

“La primera reacción no fue buena, uno siempre está a la defensiva y piensa que están criticando al niño hasta que lo aceptamos y comenzamos a buscar terapeutas para abordar su condición, que forma parte del Trastorno del Espectro Autista (TEA) y que no es fácil de llevar adelante”, comentó Carlos, papá del menor.

Estudiar, un desafío

Los papás de Félix son egresados de escuelas y universidades públicas, siempre defendieron la modalidad, sin embargo, con Félix el panorama cambió y allí sí decidieron apostar por la educación privada.

Su escolaridad la hizo en el colegio Stroberi, una institución educativa de gestión privada, mixta, de jornada simple y de formación laica.

“Si bien el colegio no contaba con las herramientas necesarias para abordar a un niño con Asperger, es decir, no tenía gabinete psicopedagógico o profesionales que pudieran abordarlo en caso de alguna crisis, lo aceptaron y nos ayudó mucho que Félix nunca necesitó docente de apoyo para llevar adelante su aprendizaje. Eso le permitió avanzar sin inconvenientes”, contó su papá.

Foto: El Sol.

A lo largo de estos seis años de cursado jamás hubo ningún problema con el menor ni con sus compañeros. Sus terapeutas siempre han estado en contacto con los docentes y directivos y así lograron que pudiera avanzar sin intervención.

La Bandera, un objetivo buscado y logrado

El propósito de los papás de Félix siempre fue que el niño lograra la mayor autonomía posible en su vida diaria y escolar y que nadie lo hiciera sufrir. Ese fue siempre su objetivo y se focalizaron en eso.

Mientras sus papás se centraban en lograr sus metas, el niño no dejaba de brillar. Desde tercer grado sus calificaciones siempre fueron superlativas. Este panorama hizo que Félix se ilusionara por poder alcanzar la bandera nacional.

Luego de mucho esfuerzo y dedicación, Félix logró convertirse en abanderado.

“Nosotros éramos conscientes de sus brillantes notas, pero nunca pensamos que pudiera lograr la bandera. Él, en cambio, sí estaba empecinado y la quería. Luchó mucho por tenerla, era un objetivo buscado y lo alcanzó”, expresó orgulloso su papá y agregó: “Fue un lindo reconocimiento para él porque necesitaba esa validación”.

Félix portando la bandera nacional junto a sus padres.

El Asperger te pone un piso, pero no un techo

Los años han pasado y si bien Félix sigue con sus terapias diarias, los padres hoy ya viven esta situación de otra manera.

“Entendimos que un diagnóstico te puede poner un piso, pero no un techo y a la vista está. Mi hijo es muy tranquilo, independiente, inocente, educado, es un niño más que logró integrarse en cada ambiente a los que ha ido”, contó su padre.

Nunca fue discriminado en el ámbito en el que se movió y ha logrado cada objetivo, pero en base a mucho esfuerzo y dedicación.

Foto: El Sol.

“Muchas veces con mi esposa nos acostamos a descansar en la siesta y cuando nos levantamos él ya está haciendo las tareas del día. Es un niño muy responsable y aplicado y, en muchas oportunidades, le exigimos de más, pero sólo para que él pueda lograr todo lo que desee”, cerró su papá.