En 2010, el volcán Peteroa, de Malargüe entró en actividad después de 19 años de silencio, arrojando columnas de ceniza al territorio argentino y chileno. Un año después, el mismo volcán volvió a despertar la alerta científica al emanar columnas de cenizas de más de 200 metros.

Estas erupciones pueden producirse principalmente por dos razones, y pueden detectarse mediante varios estudios, tanto químicos como geofísicos. A pesar de que las emanaciones no fueron de gravedad en aquel entonces, el tamaño del Peteroa es de 4.084 metros, el doble de grande que el Calbuco, lo que aumenta la necesidad de control y monitoreo. En la actualidad, en Mendoza hay ocho volcanes activos.

El geólogo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), José Mescua observó que las columnas que suele arrojar históricamente el volcán “son de gran cantidad de ceniza, habiendo casos muy parecidos al del Calbuco”. Tal y como detalló el profesional, una de las razones por las que puede desatarse una erupción es por procesos propios.

“Debajo de la tierra se encuentra un espacio llamado cámara magmática, allí es donde se va depositando el magma, y los distintos procesos internos del volcán van alimentándo ese espacio”, mencionó Mescua. Dentro de la cámara, los distintos cambios que se pueden producir, tanto en la temperatura como en los gases del lugar, acumulan presión. En el momento en que la situación se vuelve insostenible, la presión se libera y se produce la erupción.

“Cada proceso es diferente, los volcanes pueden tardar más o menos tiempo en reaccionar a estos cambios”, aclaró el geólogo. Por otro lado, los factores externos también ponen en funcionamiento a estos colosos.

Por ejemplo, en Chile varias erupciones se asociaron al terremoto del año 2010, ya que el movimiento telúrico provocó grandes consecuencias en distintos puntos de la Tierra. Sin embargo, los expertos también destacan que debe observarse cuánto tiempo dura el efecto. “Si sucede unos meses después, es muy posible, pero si pasan años, es más dudoso”, resumió Mescua.

¿Está encendido?

En el sur de la provincia, la reserva natural de Payunia está dentro de los diez campos volcánicos más grandes del mundo, con alrededor de 800 cráteres conocidos, todos ellos inactivos. Según explicó Mescua, en la región hay volcanes con más de 20.000 años sin erupciones históricas, pero otros que cada cierto tiempo dan señales de vida.

“Sobre el norte de la provincia, está el complejo Tupungato, con el Tupungatito como el cráter más activo, mientras que en el sur hay algunos como el del complejo Planchón-Peteroa, y algunos están en duda, como el Maipo, hay estudios que señalan que estaría en actividad”, enumeró el geólogo. Además, en estos grupos entran el Marmolejo, el Tinguiririca y el Descabezado; complejos que se encuentran sobre el límite con Chile. A la nómina se suman el Diamante y Overo, ubicados en Malargüe.

El geólogo indicó que las formas en las que se detecta que un volcán está activo o no, involucran diferentes estudios. “Generalmente se realiza una datación con métodos radiométricos para ver qué tan cerca de nuestro tiempo fue la última erupción, si no contamos con registro histórico”, explicó.

Además, los estudios logran tomar datos con sensores desde la superficie para ver qué hay en el subsuelo y estudiar las caracteristicas de la camara magmática. Este método geofísico permite una apreciación más determinante de la situación de un volcán.También la actividad sísmica, porque estos movimientos pueden significar un inicio más específico de actividad.

“Si se detecta un enjambre sísmico, se estudian los movimientos para saber si alertar a la población o no; por lo general comienzan en las horas previas a la erupción, aunque a veces no se producen estos movimientos, por lo que puede llegar a predecirse horas o un día antes, pero no con mayor anticipación”, finalizó Mescua.

Finalmente, se realizan mediciones de los gases en el ambiente. Las mediciones “huelen” la zona para determinar qué tipo de emanaciones se están produciendo, porque podrían significar que la magma se está inestabilizando.