Han pasado 7 años, casi nada en términos históricos. Pero la dinámica de la historia argentina provoca la sensación de que los críticos episodios de fines del 2001 parezcan muy lejanos. Aquí, el repaso de un mes que nos encontró a los argentinos preguntándonos por la existencia futura de la república, que vivió, de la mano del saqueo y las prácticas neoliberales, una de sus crisis político-económica más dramática.
El sábado 1 de diciembre del 2001, el ministro de Economía, Domingo Cavallo, dejaba trascender a los medios que se estaba analizando inmovilizar los depósitos bancarios –reeditando la confiscación de Erman González, cuando nacía el menemismo– con el único fin de salvar a los bancos de la corrida que se venía dando desde hacía meses a causa de la desconfianza en el gobierno de Fernando de la Rúa y en la capacidad de Cavallo para revertir una dura recesión y, a su vez, cumplir, religiosamente, con los pagos de la deuda externa. Al día siguiente, se anunció que sólo se podrían sacar 250 pesos por semana de los cajeros automáticos.La bancarización, por ende, fue obligatoria, y decenas de miles de argentinos que vivían de la economía informal, quedaron sin posibilidades de obtener el pan diario. El lunes 3, se dieron detalles de la prohibición de disponer del efectivo en los bancos.
La medida sería por 90 días y empezó a tomar forma la posibilidad de dolarizar la economía argentina.Nada se decía de los millones y millones de dólares que salieron del país en forma clandestina los días previos. Eran nada menos que las fortunas de los amigos del poder, miembros de las clases altas, que nunca sufren los avatares del país. Los bancos esperaban una jornada de caos por las dudas de los clientes y las consultas, muchas acaloradas, respecto a cómo sacar dinero, cómo pagar impuestos y servicios, sobre el uso de las tarjetas de débito y también respecto de la emisión de cheques.
El martes 4 de diciembre, los efectos de la medida, pensada desde un principio para perjudicar a los argentinos en beneficio del sistema bancario y financiero, comenzaron a aparecer: los diarios reflejaban las dudas y miedos de la gente a la hora de comprar, pagar el alquiler o los impuestos y servicios. En un contexto de recesión, la actividad económica, como era de esperar, cayó aún más. El miércoles 5, se comenzó a poner en valor los bonos provinciales y nacionales que desde hacía meses se emitían para cumplir con las obligaciones de los estados, tanto nacional como provinciales.
Como los Lecop no habían quedado atrapados por el corralito, su cotización subió. Algunos comercios los recibían a 1,10 pesos. Y los estatales comenzaron a percibir 50% de sus sueldos en bonos. Ese día, también, se conoció una decisión judicial que dejaba sin efecto las restricciones que el Gobierno le había puesto a la extracción de efectivo. Cavallo adelantó que apelaría.
RECETAS.
El jueves 6, el por esos día imprescindible FMI, comenzó a presionar para que se tomaran más medidas en perjuicio del ciudadano común pero en beneficio de los acreedores externos. Decía el diario Los Andes:“Para no caer en la cesación de pagos, se decidiría usar la plata de las AFJP, las reservas del Central o no pagar aguinaldos de estatales y jubilados”. Esas cuestiones analizaba el gobierno de De la Rúa y Cavallo.
Hoy, el FMI aparece como lejano e inofensivo. Al mismo tiempo, se anunciaba que se permitiría sacar los 1.000 pesos mensuales permitidos de una sola vez. La idea era incentivar las compras de fin de año. A la vez, las consultas médicas por depresión se habían triplicado en apenas cuatro días. Ese mismo día, Los Andes publicó una extensa entrevista al gobernador Roberto Iglesias, en la que decía, entre otras cosas, respecto de la crisis: “Al menos hay medidas, algo de movimiento.
Estamos haciendo un esfuerzo descomunal, aunque los argentinos, en particular la dirigencia, sigan sin comprender, como si ignoraran que estamos al borde del abismo”; “De la Rúa viene destruyendo hace dos años todo sustento político, propio o ajeno. Él fue tan culpable como Chacho del alejamiento de este último, y ahora, en soledad, se ha transformado en Cavallo-dependiente”; “en realidad su accionar no me sorprende. Él siempre fue así (por De la Rúa).Nunca deposité demasiadas esperanzas en su persona, salvo cuando fue candidato, cuando pareció ser alguien distinto y mejor”.
Iglesias también criticaba la política económica del Gobierno nacional: “Nos equivocamos al menospreciar el mercado interno por unas ansias exportadoras que no fueron suficientes. Para mirar nuevamente hacia adentro habrá que romper de alguna manera parte del corset que nos ata”, decía, en referencia a la Convertibilidad. El viernes 7, la atención se centraba en un viaje de Cavallo a Estados Unidos, en busca de ayuda del FMI a cambio de entregar lo poco que quedaba.
Y se hablaba de la inminente dolarización de la economía, posibilidad que se contraponía a lo que muchos pedían desde hacía tiempo: una devaluación del peso, el fin de la Convertibilidad, la apuesta al mercado interno y la recuperación de la competitividad internacional para sacarle provecho a las exportaciones.
En definitiva, iniciar el modelo que se viene implementando desde el 2002 a partir de la asunción de Eduardo Duhalde. Respecto del corralito, los mendocinos trataban de esquivarlo, por ejemplo, sacando numerosas cajas de ahorro, una por cada miembro de la familia. Ese mismo día, el Gobierno nacional blanqueó la idea de cogobernar con el peronismo en busca de garantizar la continuidad. De la Rúa recibió a los gobernadores Carlos Reutemann y José Manuel de la Sota; y se esperaba para el día siguiente a Carlos Ruckauf y Carlos Menem.
Pero el PJ sólo respondió poniendo el oído y sin comprometerse a nada. A su vez, Clarín revelaba que un grupo de banqueros, empresarios y gerentes de privatizadas le habían acercado al Gobierno un plan económico que se basaba en la dolarización de la economía. ¿El objetivo? Seguir ganando fortunas en dólares. Claro que el plan incluía un pacto explícito entre De la Rúa y Menem y la salida de Cavallo. Proponían, para remplazarlo, a los menemistas Pedro Pou o Roque Fernández, o al radical Ricardo López Murphy.
El sábado 8 de diciembre se publicaron las primeras noticias desde EEUU. Cavallo seguía negociando con el FMI, que exigía un nuevo ajuste fiscal de 4.000 millones de dólares. El objetivo principal era que Argentina continuara pagando deuda. Mientras, en el país el dólar subía, a pesar del 1 a 1, y la Bolsa de Buenos Aires trepaba 10,8%, debido a que los que tenían dinero lo invertían en acciones, compradas en efectivo o con transferencias bancarias.
El domingo 9, el Gobierno nacional comenzó a analizar cómo cumplir con las durísimas exigencias del FMI para que le prestara al país unos pocos millones de dólares. “El gran tema son las provincias, el gasto y el déficit”, aseveraba Cavallo.Y no descartaba crear más impuestos para mejorar la recaudación, sin importarle cómo salir de la profunda recesión que ya llevaba casi 4 años. Mientras, en Mendoza, según información de las sucursales bancarias, se habían abierto más de 30.000 cuentas en los últimos días, y los arbolitos vendían el dólar a 1,50, oliendo una devaluación que sólo algunos no querían ver.
En este contexto, una buena: al día siguiente comenzaba el llenado del dique Potrerillos. El lunes 10 de diciembre, segundo aniversario del gobierno de la Alianza, se informó que se trataría de cumplir con el ajuste que exigía el FMI, ahora de 4.500 millones de dólares. Para eso, se anunció que se anularían beneficios impositivos a empresas y consumidores. Ese mismo día, comenzó oficialmente el llenado de Potrerillos. El gobernador de Iglesias intentó mostrar el hecho como una buena noticia. Incluso, invitó al presidente De la Rúa, quien se mostró optimista respecto de la crisis económica.
Fiel a su estilo autista, señaló que las bases de la economía eran sólidas, y le echó la culpa a la “pesada herencia”: “Es más duro salir de la pendiente de lo que imaginamos: vivo apagando incendios”. También indicó: “Debemos superar la transición económica”, que es “efecto del pasado endeudamiento de arrastre y el gran déficit de la Nación”. Desde Mendoza, De la Rúa también afirmó:“Sí, ratifico a Cavallo al mando de Economía.
Está haciendo un enorme esfuerzo”. Sobre las críticas que le había hecho Iglesias apenas unos días atrás, manifestó el por entonces presidente: “Ocurre que todos queremos resultados urgentes e incluso yo tengo un sentido autocrítico de mi gestión, porque también quiero mostrar cifras de recuperación del país”. El martes 11, el grupo Pescarmona informó que no había podido sacar del Banco Galicia 6,5 millones de dólares para pagar intereses de obligaciones negociables. Había hecho un pedido especial al Banco Central que había sido rechazado. El miércoles 12, las empresas privatizadas de Mendoza anunciaron que trasladarían el pago de Ingresos Brutos a los consumidores.Así, las tarifas aumentaron entre 1,4 y 3%.
La Anses anunció que no tenía fondos para abonar jubilaciones y pensiones, por lo que se postergaron los pagos. Carlos Menem hablaba y criticaba las medidas del Gobierno. Decía: “Cuando pongo la plata en los bancos, es para sacarla cuando quiera”. El jueves 13, se produjeron varias novedades. El desempleo llegó a un punto histórico: 18,7%. A su vez, Menem, enfrentado con buena parte del PJ pero presidiendo el partido, anunció que estaba dispuesto a apoyar al Gobierno a través de una concertación, pero reclamó un plan a largo plazo. La CGT y el Ejecutivo nacional preveían disturbios organizados en el paro nacional convocado para ese día.
En Mendoza, el por entonces intendente de Godoy Cruz, César Biffi, fue golpeado cuando intentó destrabar un conflicto con empleados municipales que habían tomado el corralón municipal. Al otro día, viernes 14, se destacó en todos los diarios el amplio acatamiento al paro nacional. “La gente hizo sentir su bronca y cansancio por la crisis”, tituló Los Andes. Además, se daba a conocer que en Mendoza se habían perdido 10.000 puestos de trabajo en el último año y el índice de desocupación llegaba a 13,5%.
El FMI continuaba endureciendo las condiciones para habilitar algún préstamo. Exigía la eliminación del aguinaldo para desembolsar 1.260 millones de dólares a fin de pagar deuda y evitar el default. También reclamaba el fin de los planes de competitividad y que se igualara el precio del gasoil con el de las naftas. Todas medidas fuertemente recesivas. En el plano político,Menem volvió a la Casa Rosada y se reunió con De la Rúa. Acordaron que no habría devaluación y, a cambio del apoyo, Menem pidió dos cosas: eliminar el tercer senador, el de la minoría, y que el voto no fuera obligatorio.
SAQUEOS Y CAOS.
El sábado 15 comenzó el tramo más dramático de la gran crisis: se produjeron en Guaymallén y Godoy Cruz los dos primeros saqueos a supermercados. La cadena Átomo fue la primera víctima de una larga lista. Además, se registraron otros cinco intentos. A su vez, y ante la desesperación e incertidumbre crecientes, el cuestionado Cavallo informaba que había plata para pagar sueldos, aguinaldos y jubilaciones. Comprendió que, esta vez, hacerle caso al FMI, derivaría en una escalada de violencia sin freno.
Ese mismo día, se pagaron 700 millones de dólares de un bono que vencía y se evitó el default. goma y gases lacrimógenos. En las trifulcas se detuvo a dos punteros políticos del PJ, lo que abonó la teoría oficial de que los saqueos estaban organizados y tenían un objetivo político. El lunes 17, el gobierno de Roberto Iglesias reforzó la entrega de alimentos y se adelantó que podrían abrirse los comedores escolares durante el verano. El martes 18, la tensión era tremenda.
El Gobierno nacional envió un avión Hércules con 9.000 kilos de comida y se abrieron los comedores escolares. Igual hubo saqueos a supermercados y muchos intentos de atracos, que fueron reprimidos con dureza por la policía. El ministro Orquín advirtió:“Un buen consejo es no robar mercadería, porque no vamos a permitirlo”. Al mismo tiempo, se aplacaron las acusaciones al PJ sobre la organización de los saqueos; la situación social era tal, que el accionar de los hambrientos no necesitaba motivaciones políticas. Los reclamos de comida se repitieron, con algún grado de violencia, en Rosario, Concordia y el Gran Buenos Aires.
Respecto de la cuestión económica, el presupuesto nacional 2002 contenía un ajuste de 9.200 millones de dólares y se habilitó a los bancos a entregar 1.500 pesos de una vez a sus clientes por la cercanía de las fiestas de fin de año. “El problema (los saqueos), persiste, pero no debe ser motivo de alarma”, manifestó Fernando de la Rúa a los medios en la Casa Rosada. Ese miércoles 19 de diciembre, la crisis ya era inmanejable. El cansancio de los ciudadanos llegaba a su límite.
Los vales de comida para los más pobres no apaciguaban el hambre, y la ayuda nacional se acababa en Mendoza. El que significó la mayor protesta social espontánea de la historia argentina, millones de argentinos salieron a las calles de las ciudades más importantes del país y, golpeando cacerolas, pidieron un cambio radical en la administración del país y en el rumbo económico. Pasada la medianoche, Cavallo fue echado del Gobierno.
Los festejos se extendieron hasta pasadas las 3 de la mañana. La jornada de furia terminó con seis muertos, por la feroz represión de las policías de todo el país, decenas de saqueos, cientos de intentos de saqueos, con Cavallo fuera del Gobierno y con el poder de De la Rúa pulverizado. El saldo en vidas del jueves 20 fue altísimo: al menos 25 muertos en Capital Federal y alrededores. De la Rúa renunció en medio de una batalla sin cuartel entre manifestantes y la policía en una Plaza de Mayo humeante.
El conservadurismo político y el liberalismo económico, con fe ciega en el mercado y en los organismos multinacionales de crédito, llegaba a su fin. El patético Fernando de la Rúa se alejaba del infierno en un cómodo helicóptero, que quedó en la historia como el trampolín al escarnio eterno. Ahora, le llegaba el turno a la Constitución y a la democracia para encauzar institucionalmente un país al borde de su desaparición.
