Daoud Hari escapó a los 13 años a un salvaje ataque a su aldea de nómadas pastores de camellos en Darfur y tuvo que huir a los campamentos de refugiados del vecino Chad. Desde allí, en lugar de enrolarse en las milicias de jóvenes y niños que buscan venganza y un plato de comida en una cruel guerra civil, decidió guiar a los periodistas extranjeros que entraban en Sudán para informar sobre la situación de una de las zonas más violentas del planeta, donde son habituales las matanzas de poblados enteros, tras las más crueles atrocidades que se puedan imaginar.

    Hari habla en su libro de “las huellas de las lágrimas en el polvo del campamento que cubría la cara de incluso los más experimentados investigadores”, periodistas de medios como la BBC británica o National Geographic, para los que hizo de traductor y guía, así como para diversas ONG. En sus incursiones por Darfur, Hari estuvo a punto de morir en varias ocasiones, al ser tomado por una espía de los grupos rebeldes que luchan contra el Gobierno de Jartum, la capital sudanesa, por el control de unas inmensas tierras de desierto y sabana, en las que ahora ha aparecido petróleo.

    Este, el oro negro, parece ser el motivo de la actual crisis en Darfur, un escenario que el desaparecido periodista polaco Riszard Kapuscinski, uno de los occidentales que mejor han conocido el continente africano, describió ya en su libro Ébano (1998): “Se trata de la mayor guerra y la más larga de África y, seguramente, es la más grande del mundo en el momento presente pero, como se desarrolla en una provincia profunda de nuestro planeta y no constituye amenaza directa para nadie, no despierta mayor interés”.

    Así siguen, diez años después, como cuenta con tristeza Daoud Hari, que ahora vive exiliado en EEUU, tras salvar la vida gracias a los contactos con periodistas de ese país. “Si preguntas a diez personas en Occidente, la mayoría conocerá África por las visitas turísticas, su fauna, los elefantes, los leones. No conocen nuestros problemas, creen que África es un gran safari. Y esos animales están viviendo con las personas”, explicó. Daoud Hari sonríe en escasas ocasiones y prefiere no hablar de la suerte que corrió su familia, aunque la dedicatoria de su libro da pistas: “A mi madre y a todas las mujeres de Darfur”.

¿Cuáles son los motivos de la actual situación en Darfur?
    Las raíces del problema están en el control de los recursos naturales. Los occidentales saben que hay petróleo en Sudan pero está sólo en la parte occidental del país, en el sur, unas zonas controladas tradicionalmente por los líderes de la tribus, con quienes habría que negociar para acceder a esas riquezas. El Gobierno de Sudán ha bombardeado las aldeas y los pueblos para tener acceso directo a los recursos petrolíferos, sacando de allí a las tribus africanas autóctonas (los zaghawa, a las que pertenece Daoud), que llevábamos 150 años conviviendo en paz con las tribus árabes nómadas, a las cuales el Gobierno armó para enfrentarlas a nosotros.

¿Cómo valora las campañas de estrellas internacionales como George Clooney para hacer conocer al mundo la situación que vive su pueblo?
    Lo que Clooney,Mia Farrow y otras muchas personas estás haciendo es muy importante, porque gracias a ellos se escribe sobre Darfur en los periódicos de todo el mundo. Ellos han hecho por Darfur más de lo que ha hecho cualquier líder europeo, cualquier presidente de Europa o incluso de EEUU.

¿Hasta qué punto China tiene culpa de la situación en Darfur, como ha acusado Steven Spielberg al retirarse de la preparación de la ceremonia e inauguración de los Juegos Olímpicos?
    China nunca va a decir que es culpable pero ha actuado como un demonio en nuestra tierra. Ni siquiera los norteamericanos saben lo que está haciendo China en África. En Sudán estamos muriendo por las armas de China y nadie lo para. Las armas vienen fundamentalmente de China, de sus fábricas y sus fuerzas armadas. Dos o tres veces al día aterrizan aviones chinos y hay gente que hace negocio con ellas, incluso el Gobierno. Las venden a cualquier persona que tenga dinero para comprarlas. Esto es la guerra. Un comandante puede tener más de 1.000 fusiles Kalasnikov para venderlos y pueden acabar en cualquier parte.

¿Qué es lo que no funciona en la misión de paz de Naciones Unidas en la región?
    Tenemos 7.000 soldados africanos que controlan diferentes campos de refugiados pero no son gente que mantenga la paz, porque muchas veces tienen que ver con los focos rebeldes y los soldados que dan apoyo al Gobierno. Tendrían que llevar muchos más soldados, pero la entrada de tropas de Naciones Unidas se ha retrasado hasta el 2009. ¿Cuánta gente va a tener que morir para que Naciones Unidas tome cartas en el asunto? Al mismo tiempo, el Gobierno de Sudán está mintiendo y dice a la comunidad internacional que Darfur está bajo control, cuando hace poco incluso Jartum, la capital, ha sido atacado por los rebeldes.

En algún momento del libro relata cómo estuvo a un paso de morir a manos de unos jóvenes guerrilleros pero encontró en alguno de ellos algo de humanidad, lo que le salvó la vida. ¿Por cuánto tiempo pueden prevalecer estos sentimientos en una situación tan dramática?
    Sí, estoy vivo gracias a ese joven y a algunas otras personas, por eso quiero que se acabe este problema y que no haya más niños asociados a crímenes, delitos, guerras o venganzas. Es muy triste ver que un niño de 13 años tenga un fusil y pueda hacer lo que quiera. Tenemos que hacer que vayan a las escuelas en los campos de refugiados. Si hubiese paz, esto no existiría, sin paz no hay nada. En Darfur es muy difícil ahora, porque es más fácil encontrar armas que comida.