Enclavado en el corazón de Maipú, un grupo de apasionados amantes de los rodados antiguos está dando vida a un concepto único que une historia, gastronomía y entretenimiento. Todo comienza con Alejandro, un maipucino que convirtió su pasión por los vehículos clásicos en algo más que una afición personal. Hace algunos años, dio vida a un sueño: un museo privado que albergara una impresionante colección de autos, motos y bicicletas antiguas. Sin embargo, este tesoro no estaba destinado a permanecer oculto para siempre.
Fue en una conversación entre Alejandro Panettiere, Isaías Currenti y Maxi García que nació la idea de compartir su fascinación con un público más amplio. La propuesta era sencilla, pero poderosa: “tanta belleza” merecía ser disfrutada no sólo por allegados, sino por todos los mendocinos. Así nació Un Sándwich en el Museo, una experiencia que conjuga la admiración por las antigüedades con una oferta culinaria exquisita y música en vivo.
El espacio en sí es un testimonio tangible de la historia, donde las reliquias automovilísticas y las bicicletas antiguas se entremezclan con la esencia del pasado. Con una capacidad para albergar a 70 personas, Un Sándwich en el Museo abre sus puertas de manera exclusiva los jueves. Esta elección estratégica está arraigada en la realidad económica actual, donde la prioridad es brindar una experiencia completa en un solo día de operación, en lugar de tener múltiples días de apertura a capacidad reducida.
Sándwiches para todos los gustos
La propuesta gastronómica abarca desde sándwiches de bondiola de cerdo marinados en vino blanco con lactonesa y salsa criolla, hasta hamburguesas de autor con doble carne, cheddar y bacon en pan de papas, cada bocado es un viaje a través de sabores únicos y auténticos. Incluso aquellos que prefieren opciones vegetarianas encontrarán satisfacción con su sándwich de verduras asadas al rescoldo con lactonesa y salsa criolla.
Este lugar opera bajo el concepto de museo restó oculto. La reserva es la llave que desbloquea este universo de historia y delicias culinarias. Una vez que se realiza la misma, se revela la dirección, brindando un toque adicional de misterio y exclusividad. Además, entre las joyas históricas yace una gama diversa de antigüedades, desde juguetes nostálgicos hasta máquinas de escribir que cuentan historias olvidadas.
La relación entre Alejandro, Isaías y Maxi se entrelaza con la trama de este emprendimiento. Alejandro, como el visionario detrás del museo, ha estado coleccionando tesoros en los antiguos galpones donde solía funcionar la carpintería de su padre durante seis años. La propuesta de Isaías y Maxi de llevar el museo al público fue una evolución natural, y esta colaboración no solo ha fortalecido su vínculo, sino que también ha dado vida a un sueño compartido.
