“Abatieron en Mendoza a un delincuente subversivo”, titulaba uno de los pocos diarios mendocinos existentes para el 19 de junio de 1976. Dentro de la nota, se había copiado textualmente el comunicado enviado desde Córdoba por orden del Comandante del III Comando del Ejército, Luciano Benjamín Menéndez. En él se describía cómo había sido el operativo que dio muerte a Francisco Paco Urondo, cómo había huido una mujer y acusaban a Urondo de haberse intentado proteger usando como escudo a un niño de un año.
Sin embargo, el comunicado no mencionaba que se había detenido a una mujer, Alicia Raboy, que esta desapareció, y que al bebé los policías no lo recuperaron del cuerpo del poeta asesinado, sino del brazo de hombres que tenían un corralón, a quienes Raboy se los dejó, en su intento de huida, para intentar protegerlo.
Esta historia será la última que escuchará el Tribunal Oral Federal 1 (TOF1), en el juicio por delitos de lesa humanidad que se está llevando adelante en Mendoza y por el cual declarará Renée Ahualli, la única persona que logró salvarse de ese operativo y que no sólo se referirá a los últimos segundos de vida de Urondo y Raboy, sino también a Rosario Aníbal Torres, un ex policía que habría conocido a Urondo y quien, a base de torturas, fue obligado a señalar al poeta para que fuese atrapado, vivo o muerto.
URONDO. Según el comunicado del Ejército, se manejaba la información de que el 17 de junio de 1976 un grupo de militantes montoneros iba a atacar una comisaría. Por ello, se había montado un operativo en Guaymallén. Hasta allí habían llegado varios policías pertenecientes al D2. Entre ellos estaban Celustiano Lucero, Osvaldo Fernández, Luis Rodríguez y Eduardo Smaha. A dos de ellos, los acompañaba un secuestrado, que fue salvajemente torturado en el centro clandestino de detención.
La idea del operativo era detener al poeta, periodista y militante de la agrupación Montoneros Francisco Urondo. Con él, en el auto, viajaban Raboy, la hija de ambos, Ángela, y Ahualli, a quien apodaban la Turca. Todos se dirigían a una reunión, pero la cita estaba envenenada, cómo se decía en ese momento, aunque ellos no lo sabían. Recién se dieron cuenta cuando, al pasar por una esquina, en el asiento de atrás de un auto, Ahualli observó a sus ocupantes y se dio cuenta de que uno de ellos era Rosario Aníbal Torres, un ex policía puntano que fue torturado en varias ocasiones en el D2 por su relación con Montoneros y que se encuentra desaparecido.
“La persecución duró muchas cuadras”, recordó Ángela Urondo hace unos meses. “Queda claro que entre todas las malas decisiones (de Montoneros) está el haber trasladado a mi viejo a Mendoza. No lo cuidaron”, explicó Javier Urondo durante su testimonio en enero.
EL FINAL. “Se adoptaron las medidas de vigilancia de la zona, produciéndose a las 18.30 la aproximación de un vehículo sospechoso. Se impartió la orden de detención, que no fue acatada por sus ocupantes, que, en cambio, abrieron el fuego contra las fuerzas legales.
Se atacó inmediatamente a los agresores, como resultado de la acción murió un delincuente subversivo, que aún no ha sido identificado, logrando huir una mujer (…) Este proceder de utilizar niños como escudo para llevar a cabo sus intentos asesinos, exponiéndolos a ser heridos o muertos durante la acción, y abandonándolos ante el menor fracaso, habla claramente de la poca moral y desviados sentimientos que animan a estos delincuentes subversivos”, expone el comunicado.
Sin embargo, los testigos que estuvieron ese día en la intersección de Tucumán y Remedios de Escalada contaron una historia totalmente diferente de la expuesta en el comunicado. Horacio y Miguel Canela son hermanos. El segundo falleció hace algunos años. Ambos, en junio de 1976, eran dueños de un corralón ubicado a pocos metros de donde murió Urondo.
Ese día, estaban trabajando cuando una mujer, Raboy, “entra al corralón y le tira la nena a mi hermano”, explicó Miguel, cuando habló con jueces. “Después llega la gente que la venía persiguiendo, eran cuatro personas con chaqueta y pantalón azul, la sacaron a patadas de la pieza que usábamos como depósito, la tiraron a la acequia”, señaló, y agregó que ni él ni su hermano pudieron ver a Urondo, ya que ambos permanecieron siempre dentro del corralón, pero sus vecinos les hicieron comentarios al respecto.
“Dicen que le dieron un culatazo al hombre y, después de ahí, nada más”. El autor del golpe habría sido Celustiano Lucero. Mientras Urondo fallecía en la calle, Raboy fue llevada supuestamente al D2. Ese habría sido su último destino antes de desaparecer. Ahualli logró escaparse, tras cruzar un baldío y abordar un trole. Volvió a Mendoza muchos años después y hoy estará de vuelta.
Ángela, en tanto, permaneció 20 días en la Casa Cuna, hasta que fue recuperada por su familia. “Durante muchos años fue una utopía pensar que iba a haber un juicio. Fueron muchos años de impunidad”, recordó Ángela al comienzo del debate. Hoy este entra en la recta final, ya que la causa Urondo será la última, y después, solamente quedarán los alegatos de las partes y la sentencia que sería dada a conocer a fines de agosto.
