Esta vez, la conversación es con el representante de una empresa multinacional con asiento en Mendoza. Trabaja un elemento fundante de una sociedad: el cemento. ¿Se acuerda de la planta Minetti? Así la conocemos los mendocinos. Hoy esta compañía pertenece a una corporación internacional que se ha trazado objetivos en estos últimos años con relación a los problemas que analizamos en este espacio. Estamos con el gerente de la planta Mendoza, Luis Maingon.
Luis, ¿qué es Holcim?
Holcim es una multinacional con sede en Suiza, fundada en 1912, justamente este año estamos cumpliendo cien años. Somos líderes en la industria del cemento y en Argentina estamos desde 1998, cuando hubo una fusión de la compañía Juan Minetti con Corcemar y entró al mismo momento la compra por Holcim. Esto fue un proceso que fue avanzando con el tiempo y el año pasado, en agosto, cambiamos la marca a Holcim. Ahora se llama Holcim Argentina.
Leyendo los programas de RSE, de las acciones de interrelación de la empresa con la comunidad, fuimos descubriendo algunas cosas interesantes. Quiero comenzar por el programa de voluntariado que ustedes llevan adelante; no es fácil, seguramente, pero quiero que nos cuentes cómo es esto. Si yo soy empleado de Holcim, ¿puedo ser voluntario y para qué?
Holcim tiene presencia en más de 70 países en los cinco continentes. Tenemos 85 mil colaboradores (empleados), de los cuales 1.500 trabajamos en Argentina. La gran mayoría nació aquí aunque hay de otros países, como en mi caso, que soy ecuatoriano. Parte del desarrollo sostenible que tiene Holcim tiene que ver con el voluntariado. Nosotros damos 8 horas de nuestro trabajo en el año para servir a la comunidad. A veces pensamos que puede ser poco o casi nada, pero, para mucha gente, ese poco a casi nada es casi todo, y por eso colaboramos en obras, con organizaciones, escuelas, en infraestructura, capacitación, para apoyar y dar ese servicio a la comunidad.
¿El empleado asume el voluntariado por iniciativa propia o es una obligación de la compañía?
Se inicia como un compromiso “obligatorio”. Cuando uno llega a la compañía sabe que tiene que donar ese tiempo en pos de la comunidad en la que está trabajando. Hay experiencias muy valiosas y hermosas. Una vez que uno está en contacto con familias o instituciones que necesitan mucho eso motiva la vocación al voluntariado. En muchísimos casos, 8 horas no son suficiente, por lo que se vuelven 40. Se van multiplicando a partir de la necesidad.
Contame un ejemplo.
Cuando estaba en Ecuador hicimos voluntariado con capacitación en escuelas, de emprendimiento, de seguridad, ambiental, para decirles a los jóvenes por qué no tienen que dejar de estudiar. Trabajamos mucho en la inserción de los chicos en la educación pues hay muchos que abandonan los estudios. Es muy bonito porque, aunque creas que estás ayudando a un estudiante, en realidad lo estás haciendo con toda la familia pues, tarde o temprano, mejora la calidad de vida de todos al seguir en el estudio. Hay muchos colaboradores que han terminado como padrinos.
Otro cosa que me impactó al leer la historia de Holcim es la política de cero accidentes en la compañía. Explicame eso.
Eso es uno de los pilares de la Responsabilidad Social Corporativa (o RSE). A veces pensamos que tiene que ver sólo con el compromiso comunitario, el estar apoyando programas o proyectos de ayuda al desarrollo comunitario, o mejorando la calidad vida. Dentro de la RSE está también el mejorar la vida del trabajador, en su familia, con sus labores, con los clientes, con los proveedores y también la seguridad. Cero accidentes es un gran desafío que tenemos. En una industria como la nuestra, con muchas actividades de alto riesgo, nosotros tenemos estándares muy altos de seguridad, los cuales pueden ser exagerados, pero no lo son cuando se habla de evitar accidentes o la pérdida de una vida. Es un arduo caminar, es trabajar en condiciones seguras siempre. Estamos desde el 2004 en este proceso. Intentamos meter el chip de la seguridad en todos. Nosotros podemos trabajar en lugares inseguros en tareas inseguras y darles a los trabajadores las herramientas para cuidarse, porque la persona también debe tener la actitud. Hay que tomar conciencia: usar los arneses, los equipos de protección de personas y todas esas herramientas que brinda la empresa para la seguridad e integridad física.
Respecto del cuidado del medio ambiente y teniendo en cuenta su actividad y los debates en Mendoza sobre el asunto, ¿qué compromiso asume la empresa que estás representando?
Nuestra meta es ser la compañía más respetada y atractiva en la industria mundial, creando valor para todos nuestros grupos de interés. Y nuestra misión es establecer las bases o los cimientos para el futuro de la sociedad. Y eso no lo puedes realizar sin ser responsable con el medio ambiente. Tiene que haber una coherencia entre la RSE, un desarrollo económico y un buen desempeño ambiental.
Estas cuestiones suelen interpretarse como gastos pero, en realidad, son inversiones.
Comparto, eso no es un costo, sino, más bien, una inversión. Es respeto hacia el medio ambiente. Ahí no hay ningún costo, las cosas deben hacerse de una manera responsable. Y no realizarlas es un costo, quizás intangible, que en nuestra generación no lo paguemos, pero, tal vez, nuestros hijos sí lo hagan.
¿Hace cuánto que trabajás en la empresa?
Veinticinco años.
¿Tenés hijos?
Sí, tres, el más grande, de 25 años. Todos se vinieron conmigo, y tengo un nieto.
En este recorrido has conocido diferentes lugares, sociedades y comunidades, ¿cómo ves la realidad en América del Sur?
Cada país tiene la suya. Quizás haya en común algunos asuntos económicos, y somos países muy ricos, y creo que deberíamos aprovechar eso a nivel de recursos y de gente para hacer más grandes nuestras naciones.
¿Lo que ustedes hacen en Mendoza se desarrolla en todos los lugares del mundo en donde están?
Así es. Plantas como las que tenemos acá hay más de 130 en el mundo.
¿Las sociedades, reciben de la misma manera los proyectos de ayuda o hay algunas que todavía desconfían?
Todos estamos muy alineados desde la casa matriz y nuestra responsabilidad es igual en todos lados, y, en algunos países, las leyes son más exigentes que en otros. En distintas cuestiones: laboral, social, ambiental. Eso cambia. No hay un patrón establecido.
¿Cómo vez el futuro, más allá de la compañía?
El futuro está en nuestras manos, debemos proyectarnos siempre y ver qué es lo que queremos en los próximos años. Es un ejercicio que hago seguido con mis colaboradores. Eso que quieres en cinco años debes comenzar a trabajarlo desde ahora.
¿Vale la pena?
Por supuesto que sí. Cuando ponemos en marcha nuestros programas apostamos al crecimiento del país, de Mendoza, que sean más los trabajadores de la empresa, que crezca la comunidad alrededor de la planta. Que crezcamos y ganemos todos.
¿Se puede?
Por supuesto que se puede. No hay la menor duda de eso. Por eso digo dos cosas finales: ningún esfuerzo vale la pena si ocurre un accidente o se pierde una vida; y cuidemos el medio ambiente: no fue heredado de nuestros padres, sino que fue prestado por nuestros hijos.
