“A mí me eligieron trabajando en una viña. Ahora, las chicas que salen reinas son todas modelos y no saben ni cortar un racimo”. Esta frase resume la personalidad de Elia Rico, la reina de la Vendimia de 1937, quien falleció el sábado al mediodía en la provincia. A meses de cumplir 91 años, Elia tenía una claridad mental admirable y la coherencia intacta sobre los sentimientos que Vendimia le profesaba. Porque si bien era la segunda reina mendocina, se había convertido en la más antigua, desde el fallecimiento de la primera representante vendimial, Delia Escudero.

    Así, aunque fuese un símbolo de la tradición provincial, la anciana se negaba a dar entrevistas sobre la fiesta, porque consideraba que la habían olvidado y no le proporcionaron ayuda cuando la necesitó. Era una mujer de trabajo, había sido criada en una viña y por eso defendía el trabajo de la tierra. Así se lo contó a El Sol en la edición del 6 de febrero de este año. Confesó también su amargura por el olvido de parte de las autoridades, de donde provenía la negativa a participar en los homenajes que querían realizarle. Ahora, quien la recuerda es su nieto, Marcelo Lemos, un hombre de la publicidad y el cine.

    Lemos contó que estuvo junto a su abuela hasta los últimos minutos de su vida, cuando falleció como consecuencia de un paro respiratorio. “Hacía algunos días que se sentía mal, la internamos y le diagnosticaron neumonía, estaba muy nerviosa por la insuficiencia respiratoria, pero creímos que se iba a mejorar”, contó. Sin embargo, no pudo hacerlo, y a las pocas horas de estar internada falleció, rodeaba de su nieto y sus bisnietas. Elia fue sepultada en la mañana de ayer y ya forma parte del recuerdo y la historia de la Vendimia.